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Necrología ▶ Un año sin Mariano

Mariano Castiñeira. EP
Mariano Castiñeira. EP

Parece que fue ayer, pero ha pasado un año, porque a partir de cierta edad el tiempo viaja a la velocidad de la luz y los años se vuelven cuatrimestres. Sería un error pensar que transcurrido este tiempo queremos recordar a Marianito —y digo sería un error porque a Mariano no lo hemos olvidado en ningún momento, se fue físicamente, pero sigue desde entonces con nosotros espiritualmente día tras día—.

¿Era Mariano un líder por el atletismo?, yo diría que no, e iría mucho más lejos. Mariano era líder en todo lo que hacía relacionado o no con el deporte, era un líder en sí mismo, un orientador entusiasmado en lograr que otros, incluso sus pacientes, alcanzasen los objetivos esperados, porque el liderazgo personal es considerado uno de los hábitos de excelencia para el ser humano, con él le da un sentido de orientación a su vida, además de proporcionarle sentido a la vida de cada quién, al entender que se tiene mayor necesidad de una visión, de un destino; es por eso que los líderes hacen de su vida una visión, y no una carrera. Y Marianito poseía estas singulares cualidades y capacidades, innatas en su personalidad preocupada por el servicio y atención a los demás.

Por todo ello, no hemos olvidado a Mariano y aplicamos a diario sus consejos, sus recomendaciones, repetimos sus mismas frases con las que nos animaba o regañaba cuando era menester, pero siempre lo hacía con una sonrisa y una mirada serena llena de especial cariño. Difícilmente una persona como él puede caer en el olvido ni un segundo.

A través del deporte se manifestaba en los demás como una persona extraordinaria en la que había que creer, pero esa extraordinariedad estaba presente en todos sus actos. Su mirada transmitía una especial dulzura, tanto con los suyos, como en su trabajo, como corriendo o dedicado al bricolaje que tanto le gustaba. Pocos días después de su último cumpleaños corrí con él también su último kilómetro; era un día lluvioso y desapacible y prefería tomarse un café, pero se animó a mojarse y al poco tiempo estaba algo indispuesto, indisposición que para nada se reflejaba en su cara y que yo no supe ver. Luego tuve mi última conversación con él por teléfono, muy animada como si no hubiera pasado nada, para posponer un día nuestras actividades deportivas sin que hubiera motivo alguno para pensar que nunca más serían posibles.

El día fatal fue el 13 de noviembre de hace un año y desde entonces Marianito sigue con nosotros al pie del cañón para ejecutar sus entrenamientos al dedillo como si nos estuviera vigilando, cronómetro en mano, entre los arbustos del Miño o del Rato. A pesar de estar con nosotros, cuánto le echamos en falta.

T.V.

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