0-0. El Lugo suma un triste punto en un duelo para el olvido

Ni rojiblancos ni ovetenses ofrecieron un fútbol limpio y ofensivo, interesados en no perder
Sebas Moyano golpea el balón ante el Oviedo. SEBAS SENANDE
photo_camera Sebas Moyano golpea el balón ante el Oviedo. SEBAS SENANDE

Solo ganaron los vendedores de colchones y almohadas este domingo en el Ángel Carro, o los de las tiendas de homeopatía, que tendrán un remedio infalible contra el insomnio si se les ocurrió la brillante idea de grabar el partido de este domingo. Porque el Lugo-Oviedo fue de todo menos un espectáculo, fue un tedio que le valió para sumar un punto que no saca de pobres a ambos, que no evita las miserias futbolísticas de duelos como el de ayer, donde el juego se limitó a un pacto de no agresión, a un 0-0 de libro entre dos escuadras que no quisieron ni pudieron atacar para lograr el triunfo.

Al menos el Lugo pudo cerrar la racha de derrotas consecutivas y volver a puntuar con la dignidad de una plantilla mermada por las bajas. No tiene demasiada excusa el Oviedo, al que el dinero mexicano de Televisa provee de una plantilla hecha para más cosas que la concatenación de imprecisiones y racanerías de ayer. No hubo nada que estimulara el sistema límbico.

No hubo juego que hiciera que la zona del cerebro que regula las emociones trabajara al menos un poco. Fue un encefalograma plano por la inanición futbolística que hizo un fundido en negro en la primera parte.

Porque lo único que hubo por parte del Lugo y el Oviedo en los cuarenta y cinco minutos iniciales fue una colección de imprecisiones, una total falta de ideas ofensivas, una profundidad inexistente y un conservadurismo que hizo que el bostezo sustituyese al ánimo en la grada.

No hubo opción a cualquier atisbo de diversión, que es uno de los propósitos del fútbol. Ese no fue el objetivo de ninguno de los profesionales que se citaron al lado del Miño. Pesó más el miedo que la ambición. Pesó más el no fallar que el acertar. Pesó más el retener el cero en la propia portería que el uno en la contraria. Todo eso hizo que el atractivo se diluyera en el torrente de errores en las entregas, en la nula capacidad para llegar a la línea de fondo, en la imposibilidad de que los porteros hicieran algo más que dormitar bajo las maderas.

El Lugo, sin sus principales mimbres ofensivos, salió con Baena, Sebas Moyano y Manu Barreiro. Ninguno de los tres tuvo las más mínima opción de demostrar que pueden ganarle el sitio a Chris Ramos o Jaume Cuéllar.

Tampoco brilló la segunda línea, esforzada con el pico y la pala por construir trincheras en el ba barro, con el sudor y la mugre como señas de identidad. Si el Lugo era parco en su ofensiva, el Oviedo no fue menos conservador. Los carbayones aceptaron la apuesta rojiblanca y no optaron por dañar a la zaga local, que dejó a Neyder Lozano en el banquillo y formó con Jesús y Alberto en su centro.

Apenas un solo acercamiento de ambas escuadras. Fue de la única manera que podía ser: un error. Un mal despeje de Xavi Torres envió el balón al área propia en vez de al campo ajeno. Ahí apareció Sergi Enrich para enviar pegado al palo su remate acrobático. Un segundo de piel erizada. Dos mil setecientos de tedio, somnolencia y sensación de haber perdido el tiempo.

El descanso no sirvió para reflexionar, para pensar en cambiar algo sobre el verde y que el aficionado pudiera amortizar un poco su entrada. No pensaron en la grada lucenses y carbayones, empeñados en mantener la falta brillantez, esforzados en preservar el 0-0 contra viento y marea. Whalley lo hizo en un disparo lejano de Koba que el meta sacó pegado al palo.

Xavi Torres dispara. SEBAS SENANDE
Xavi Torres dispara. SEBAS SENANDE

El Lugo tuvo la suya bastante después. Tuvo que esperar hasta el minuto 68, cuando el andaluz recogió un balón dentro del área tras una pared con Baena, se plantó ante Tomeu y estrelló el cuero en el cuerpo del arquero. Poco a poco el partido se abrió. Los cambios y el cansancio desestabilizaron el cerrojo de los dos equipos, concedieron algún espacio a los ataques para que el ritmo dejara de ser ínfimo y creciera sobre el césped.

Ahí fue un poco mejor el Lugo. Al menos supo generar ocasiones claras en el área contraria. Su rival no tuvo tanto acierto y falló en el último instante, cuando el pase o el disparo debe ser preciso. Ahí estuvo bien colocada la zaga rojiblanca para sacar la pierna y cortar el balón que podía ser peligroso.

Juanpe, en una contra comandada por Zé Ricardo y que acabó con un centro del carrilero brasileño, remató de cabeza para forzar el paradón de Tomeu Nadal.

Los últimos minutos fueron un intento contenido de sacar algo más que un triste 0-0. El Lugo salió al contragolpe con timidez, sin inquietar a la portería ajena. El Oviedo tampoco fue mucho mejor. Llegó con más ímpetu, pero con la misma falta de acierto.

Apareció Whalley en el descuento para salvar la suma rojiblanca. No fue porque el conjunto carbayón hubiera hecho la jugada de todos los tiempos. Rechazó un mal despeje de Loureiro a un centro lateral visitante para que el resultado fuera el lógico: 0-0.

Ficha técnica
0 - Lugo: Whalley; Loureiro, Jesús Fernández (Calavera, m.78), Alberto Rodríguez, Zé Castro; Juanpe (Marc Carbó, m.85), Xavi Torres (Clavería, m.85), Señé; Baena (El Hacen, m.71), Manu Barreiro y Sebas Moyano (Jaume Cuéllar, m.78).
0 - Oviedo: Tomeu Nadal; Lucas Ahijado (LLambrich, m.71), Rodri Tarín, Sani Calvo, Pomares (Viti, m.59); Montoro (Obeng, m.78), Luismi, Koba Leïn (Hugo Rama, m.59); Sergi Enrich (Javi Mier, m.71), Borja Bastón y Abel Bretones.
Árbitro: Gálvez Rascón, del Comité madrileño. Mostró amarilla a Loureiro (m.12) y Zé Ricardo (m.69), del Lugo; y a Rodri Tarín (m.40) y Pomares (m.51), del Oviedo.
Incidencias: Partido de la séptima jornada de LaLiga SmartBank disputado en el Anxo Carro ante unos 3.500 aficionados.

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