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El mundo desde arriba

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Amor por la naturaleza y búsqueda de aventuras son dos aspectos fundamentales en la vida de cualquier aficionado al montañismo. Roberto López desprende por todos sus poros ambas condiciones. Desde muy pequeño le gustó pasear por los bosques de la provincia "corriendo y trepando como las cabras" y hoy por hoy dedica la mayor parte de su tiempo libre a viajar para practicar su deporte favorito y subir a las cumbres más altas de todo el mundo, como recoge El Progreso en su edición impresa de este lunes.

Lo que comenzó como una distracción en la provincia, en lugares como O Courel u Os Ancares, se convirtió en "una forma de vida". "Es como cuando te compras un coche con 18 años. Si te gusta, con el paso de los años pasas de un Ford Fiesta a un Golf y vas aumentando la cilindrada poco a poco", compara López con el montañismo ya que, poco a poco, busca alturas más difíciles a las que enfrentarse.

Tras quince años viajando fuera de Galicia para conquistar nuevos horizontes, asegura que "siempre hay sitios donde ir". Empezó en lugares cercanos, yendo a "Asturias o León" y después se desplazó "hasta Cantabria o Andalucía" para escalar el pico más alto de la península, el Mulhacén, de 3.482 metros. Los Pirineos o los Alpes son también visitas ineludibles para todo montañero. En ellos, López vivió algunas experiencias que siempre recordará, dice, "por lo que disfruté y por los paisajes que te ofrecen estas montañas".

En la cordillera pirenaica, vivió caminatas "inolvidables por el Parque Nacional de Ordesa o el del Monte Perdido" mientras que de los Alpes reconoce que "son más complicados, pero muy bonitos". En la cordillera centroeuropea realizó las ‘vías ferratas’, más vinculadas con la escalada —"otro de mis hobbies", dice— que con el montañismo. Esta práctica consiste en " subir peldaños metálicos clavados en la piedra con un arnés y un mosquetón de seguridad; vas como una araña escalando miles de metros".

Marruecos fue el primero de los lugares fuera de Europa a los que voló. "Fueron unos días muy emocionantes en los que pude comprobar la bondad de la gente de la zona", asegura. Para demostrar lo dicho, asegura que un marroquí le ofreció "su mula para subir la mochila los primeros kilómetros e incluso daban alojamiento sin cobrar absolutamente nada". Experiencias como esa propician que, al llegar de vuelta a Galicia, busque un nuevo destino.

kilimanjaro . Hace poco más de una semana volvió a casa con otro reto superado: pisar el techo de África, el Kilimanjaro, tras subir 5.895 metros. En esta ocasión, y como excepción, fue con un guía. "Nos fue llevando en las distintas etapas de aproximación y llegamos a la cima para ver un amanecer, algo que fue precioso", asegura. Esas etapas se realizan para "ir aclimatando el cuerpo a la altura y a la falta progresiva de oxígeno".

Además de la experiencia africana, también cruzó el charco para explorar los Andes, en los que subió al monte Ojos de Salado, de 6.891 metros, una de sus "experiencias más duras". Prueba de ello es que iniciaron el camino "doce personas y arriba sólo llegamos cuatro; en ese lugar casi nunca llueve, hace sol y sopla mucho viento, lo que hace que el paisaje sea árido". En este ascenso, López tuvo algunos problemas debido "al frío y que no llevaba material suficiente".

Su próxima aventura es la conquista del Aconcagua, también en la gran cordillera suramericana, en enero. En ella se enfrentará a temperaturas de "cuarenta grados bajo cero".

Deporte apto para todo el mundo
"No hay ninguna preparación específica para afrontar una subida", asegura López. Aunque "no es fundamental", aclara que es bueno "realizar ejercicio físico", algo que intenta hacer todas las semanas "bien corriendo, saliendo en la bicicleta de montaña o yendo al gimnasio". Tras varios años de viajes, vio a "algunos corredores de maratón que no podían realizar una ascensión mientras que yo seguía hacia la cima". A pesar de que "al final, lo que decide si puedes subir o no es el estado del organismo", hay algo esencial para cualquier persona que se enfrente a una montaña: llevar consigo "mucha agua porque es recomendable beber entre cuatro y cinco litros por día; como se suele decir, hay que beber y mear".

El mal de altura o hipoxia es el peligro que más teme cualquier montañero. A más metros escalados, el porcentaje de oxígeno en el aire es menor por lo que algunas de las personas que se embarcan en estas aventuras pueden empezar a sufrir mareos, vómitos y malestar general, síntomas inequívocos de la afección. "En esos casos la solución es sencilla: hay que bajar y te recuperas poco a poco al tener más oxígeno. El problema puede llegar cuando alguien se empeña en seguir; hay que ser consecuente y responsable", afirma. En su reciente subida al Kilimanjaro, uno de sus compañeros no pudo completar la hazaña debido a este problema. "Se puso blanco a 5.300 metros y casi no hablaba; le dijimos que bajase", indica.

Entre las personas que practican montañismo, López asegura que ha visto, sobre todo, "gente a partir de los 30 años; he visto a más mayores de cuarenta que a menores de veinte".

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