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El marinero que se convirtió en patrón

Iglesias durante un combate. EPL
Iglesias durante un combate. EPL

La movida madrileña atrapó a un Ramoncín sin ansias aún de propiedad intelectual que competía en popularidad con Los Bingueros, de Pajares y Esteso. España rendía así sonoro homenaje a las generaciones perdidas, solapadas por el látigo de la dictadura.

Al mismo tiempo, un grupo de pioneros en la década de los 80 del pasado siglo levantó para siempre el telón de acero sobre la lucha libre. Abrieron el camino a la camada de talentos que en la actualidad busca su lugar dentro del panorama internacional. Un universo paralelo y cerrado, dominado por estadounidenses, cubanos y los países pertenecientes al bloque exsoviético.

Lugo fue el punto de inflexión en la carrera de uno de los máximos exponentes de la lucha libre olímpica en las últimas dos décadas, Francisco Javier ‘Pachi’ Iglesias, vigente director técnico de la Federación Española de Lucha Libre. En el Palacio Municipal de los Deportes inició su largo reinado como campeón de España en 1986. En 2011 se cumplen 25 años de aquel triunfo.

«Me acuerdo que comencé la final del campeonato muy mal, perdía por 6-0 contra un rival con mucha más experiencia que yo, pero me espabilé al final y me llevé la victoria», rememora el luchador, que se hizo con su primer título dentro de la categoría de 74 kilos. A esta medalla de oro se sumarían 12 cetros nacionales más. Su vinculación con Galicia comenzó al mismo tiempo que su incorporación al servicio militar. «Me entrené con Manuel Roca en el Gimnasio Sambo durante los meses que duró la mili y de ahí mi conexión con Galicia y con los gallegos», afirma Iglesias.

El exluchador, de 46 años, abandonó sus recuerdos de infancia de su Menaza natal, a la sombra de Alto Campoo, en el corazón de la montaña palentina, por la revolución industrial de Bilbao, ciudad que marcó su carácter y forjó el acento, que aún perdura. Deportista por naturaleza y complexión física, la selección natural le llevó a compaginar dos deportes en sus inicios. «Practicaba lucha y rugby, pero a los 16 años me decidí por la lucha y me fui a Barcelona, donde estaba interno en el Centro de Alto Rendimiento», comenta un luchador con nueve participaciones en Europeos y siete en Mundiales sobre sus espaldas.

JUEGOS OLÍMPICOS

Su peso aumentó exponencialmente a la par que sus palmarés deportivo. «Comencé a competir en 55 kilos, luego en 68 y en 74 para acabar en 82, que es la categoría donde logré más títulos», comenta Iglesias, que fue seleccionado para competir en tres Juegos Olímpicos consecutivos: Los Ángeles 84, Seúl 88 y Barcelona 92. Precisamente fue en la ciudad condal donde estuvo más próximo al podio. «Finalicé octavo y conseguí un diploma olímpico, el único que tengo», dice.

Su relación con la competición nacida en Olimpia hace 2.500 años no cesó en 1992, puesto que en Atlanta 96 representó a España como jefe de expedición y en Pekín 2008 estrenó nuevo cargo, director deportivo de la Federación Española de Lucha Libre, puesto que mantiene en la actualidad.

Desde su despacho protege las aptitudes de los luchadores más notables del territorio español, aunque reconoce que el paso de los años ha ayudado a la expansión de la lucha. «Cuando nosotros empezábamos era un éxito competir con otro luchador de otro país y que no nos pusiera de espaldas al tapiz. Teníamos que ganarnos el respeto del rival y que cuando coincidiéramos en el pesaje mirase para mí y dijese: ‘es Iglesias, me costará ganarle’, y no ‘mira el españolito paleto’. Al final se consiguió, y a pesar de que no contamos con los medios de los países con más tradición podemos decir que ahora salimos a competir con mentalidad ganadora», explica Francisco Iglesias sobre el momento actual de su deporte.

JOSÉ CUBA

El luchador vilalbés José Cuba es la mayor esperanza nacional ante los Juegos Olímpicos. Por un solo punto en su úlltimo combate se quedó fuera de los Juegos de Pekín. La historia le debe una oportunidad que puede llegar en 2011, donde se juega su pase a Londres en el circuito europeo. «Cuba es un luchador muy completo, tiene técnica y estilo, pero cuenta con un gran hándicap a la hora de entrenar, puesto que está aislado en Vilalba y no tiene a muchos spárrings de su peso para los entrenamientos. Durante el año puede entrenarse con gente de 80 o 90 kilos, pero a la hora de la competición vas a hacerlo con rivales de más de 120», explica.

«Es un atleta ADO, y por ello disfruta de estancias en el CAR, y gracias a los esfuerzos de la Federación Española y de la Gallega, y a Alexandre Kachelaev, que estuvo muchos años como entrenador en Galicia, ha podido concentrarse en países como Rusia, y hemos podido traerle a Vilalba a oponentes de su peso», asevera un patrón que antes fue marinero.

El marinero que se convirtió en patrón
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