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La derrota del Lugo fulmina a Monteagudo

Eloy Jiménez. EP
Eloy Jiménez. EP

Los rojiblancos fijarán su mirada este domingo en lo que haga el Extremadura, ya que de puntuar en Riazor el club caería al descenso

Fin a una etapa que duró casi seis meses, desde que sustituyó a Javi López un 29 de octubre. Fin a un técnico, Alberto Monteagudo, que llevaba demasiado tiempo en la cuerda floja y que acabó su pertenencia al club rojiblanco tras una derrota inmerecida ante el Granada. El manchego, con la espada de Damocles desde el 1-2 encajado ante el Numancia, fue resistiendo a base de empates y alguna que otra victoria, como la del pasado fin de semana ante el Córdoba por 0-4, pero deja su sitio en el banquillo tras el 1-2 encajado ante los nazaríes y que deja al Lugo al borde de la zona de descenso.

La mala racha de nueve partidos sin ganar rota en El Arcángel fue un lastre que acabó hundiendo al manchego, que deja un balance en Liga de cuatro victorias, diez empates y nueve derrotas para seguir en la zona baja. Incluso podría caer en descenso si el Extremadura puntúa este domingo en Riazor.

El entrenador del filial, José Durán, al que el consejo de administración contactó jornadas atrás sobre su disposición para hacerse cargo del primer equipo, parece el mejor situado para sentarse en el banquillo rojiblanco.

En su último once, Alberto Monteagudo premió a los jugadores que habían tomado Córdoba con un juego igual de brillante que solvente y efectivo. Bajo el dibujo de dos delanteros y cuatro zagueros, Josete volvió a formar junto a Aburjania para intentar dominar una medular a la que le costó entrar en el partido.

Quiso imponer su jerarquía el Granada sobre el césped. Buscó la presión alta para empujar al Lugo a campo propio, impedirle que el georgiano dominara la parcela ancha, que Cristian, Escriche, Tete y Lazo no se asociaran.

Salir del empuje andaluz fue el objetivo del grupo. El espacio libre adelantado era el oasis en la zona de trincheras en que se convirtió el terreno rojiblanco, donde unos luchaban por no sufrir bajas y avanzar como fuera y los otros empujaban en la vanguardia, con la pelota y el ímpetu como armas.

Las escaramuzas individuales fueron la solución lucense a las dificultades para generar peligro como colectivo. Conducir la pelota fue la manera de sacarse un dominio que perdió poco a poco su capacidad de ganar la espalda a Josete y Aburjania para tratar de llegar cerca de Juan Carlos.

Los amagos de Vieira y Tete, ambos con la colaboración de Rui Silva, fueron los primeros ataques prometedores del Lugo.

Tete Morente se resintió de sus problemas musculares y salió a los 27 minutos por Gerard Valentín. Monteagudo optó por la velocidad del catalán como remedio, aun a pesar de formar con doble lateral sobre el verde y mantener el esquema.

Juan Carlos obró otro milagro en un balón parado que remató un jugador granadino en posición dudosa y que el meta salvó con el pie. No evitó el 0-1 a los 35 minutos. Vadillo envió un obús en una falta desde tres cuartos de campo que se coló en la red lucense.

El proyectil andaluz afectó al Lugo. Lo aturdió, lo dejó con una especie de estrés postraumático que impidió su reacción. Se enredó en el orden granadino, careció de fluidez y optó por el corazón como fortaleza para una igualada que no llegó antes del descanso.

La misma energía, pero mejor orientada, permitió al Lugo dominar tras el entretiempo. Supo aferrarse a Aburjania para circular y avanzar con la misma pujanza que al final del primer tiempo. Incluso el colegiado se comió un posible penalti sobre Escriche, que se plantó ante Rui Silva cuando un defensa andaluz le tiró del cuello. Un córner envenenado y enviado de cabeza por Josete al área pequeña que la zaga sacó con apuros fue la siguiente opción de un Lugo envalentonado.

Manu Barreiro entró por Escriche cuando el grupo de Alberto Monteagudo volvía a encerrar al Granada.

En un contragolpe andaluz, Josete y Rodri cayeron en el área y el colegiado decretó penalti para que Adrián Ramos hiciera el 0-2, solucionase el partido y dejase al Lugo a merced de una heroicidad. Herrera, tras rematar dentro del área un centro lateral de Gerard Valentín, dio esperanzas a la grada con el 1-2. Un minuto después, el carrilero catalán maniobró en el área y Herrera, intentando controlar el disparo sacó el 2-2 de dentro de la portería.

Ahí surgieron las pérdidas de tiempo granadinas para tratar de desestabilizar a un Lugo que seguía peleando. Toni Martínez entró por Cristian para seguir con dos puntas en el arreón final. Ahí, en ese espacio temporal donde manda la testiculina por encima de todo, el conjunto lucense achuchó al Granada, que se defendió con orden para cerrar a los locales la posibilidad de sumar.

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