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Azul y blanco hasta que me muera

Tita García, en el Pazo dos Deportes durante un partido del Breogán, acompañada por su hija Begoña y su marido, Manuel Fernández. EP
La vida te va dando, dando, hasta que llega un momento en que te va quitando, quitando. Pero hay algo que la vida no le pudo arrebatar a Tita García, protagonista de este conmovedor relato, el sentimiento por el equipo de su vida, el Breogán.

Dice un conocido aforismo que "la vida te va dando y quitando constantemente"; por eso, parafraseando a García Lorca, hay que desechar tristezas y melancolías y considerar este camino de lágrimas como algo amable, que tiene pocos días y que, en consecuencia, hemos de gozar.

La existencia de Tita García Rodríguez, la protagonista de esta historia, refleja claramente esta dicotomía. La vida le fue dando —entre otras muchas cosas— un trabajo de modista, un nido en el que vivir junto a su marido, Manuel Fernández Ocaña, cuatro hijos (Luisma, Begoña, Óscar y Diego), nietos y un sentimiento hacia un equipo de baloncesto, el Breogán.

De hecho, toda la familia Fernández-García es fiel seguidora del conjunto albiceleste, pasión que les inculcó Manuel, aficionado breoganista desde el principio de los tiempos (1966, cuando los hermanos Varela Portas y Pardo fundaron el club). Tita no pudo acudir al Pabellón/Pazo tanto como le hubiera gustado, ya que como abnegada madre primero, hija después y abuela posteriormente, hubo de criar a su prole primero, cuidar a su propia madre cuando esta enfermó después y atender a sus nietos posteriormente.

Tita comenzó a bajar asiduamente al actual señorío breoganista hace casi tres lustros. Dejaba a su nieta Alejandra en la ludoteca ubicada en el Pazo y... a gozar con su equipo. Seguía los partidos con detenimiento, conocía a técnicos y jugadores —de hecho, manifestaba especial predilección por el alero mallorquín Alberto Corbacho, que defendió la elástica celeste en las campañas 2008-09 y 2009-10—; en definitiva, se empapó con el ambiente que se vive en el Breogán y se encariñó imperecederamente de esos colores. Y siempre acompañada por su marido y por su hija Begoña, el pilar en el que se apoyaba —y se apoya—, tanto en las bonanzas como en los reveses.

DOLENCIA. Porque la vida, como se ha dicho anteriormente, llega un momento en el que empieza a quitar. Hace siete años la familia de Tita comenzó a observar cosas extrañas en su comportamiento: olvidarse la olla en el fuego, acudir al supermercado a comprar el mismo producto varias veces al día, olvidos, despistes, extravíos... Le diagnosticaron una enfermedad neurodegenerativa. "Fue algo durísmo para todos", comenta su hija Begoña.

La afección, de forma inexorable, ha ido avanzando desde entonces. A medida que esto ocurría, Tita encontraba más y más dificultades para acudir al baloncesto, por el menoscabo también en su psicomotricidad. Afortunadamente el Breogán permite la entrada por la pista a todas aquellas personas que tienen algún tipo de problema con las empinadas escaleras del Pazo.

Himno oficioso del Breogán

El Breogán es un sentimiento, que se lleva, se lleva muy adentro. Yo te sigo, te sigo a donde sea, azul y blanco hasta que me muera. Vamos, Breogán; vamos, Breogán. ¡Breogán! ¡Breogán!

Pero aun así, pese a los impedimentos, ella disfrutó de lo lindo, como en el año 2018, cuando el equipo consiguió su último ascenso a la Liga ACB. Tita y su hija estuvieron en la celebración del evento en la Diputación. Allí departió y se fotografió con los héroes albicelestes, como Matt Stainbrook o Sergi Quintela. Entonó junto al resto de sus hermanos breoganistas el himno oficioso del club, creado por la Peña Breogán, y que atrona en el Pazo cuando el equipo lo necesita. Todos los aficionados albicelestes, como Tita, se lo saben al dedillo.

Cuando el covid puso del revés nuestras vidas, el confinamiento supuso un auténtico infierno para muchos pacientes de enfermedades neurodegenerativas y sus familias. "Mi madre pegó un bajón enorme desde entonces", enfatiza Begoña. El remate prematuro de la LEB Oro la campaña pasada —el último partido lo disputo el Breogán ante el Granada el 7 de marzo— supuso para Tita el fin de sus escapadas al Pazo. Esta temporada lo ve desde casa, acompañada por su hija.

VÍDEO. Precisamente Begoña subió a Twitter hace poco tiempo un entrañable vídeo en el que sale con Tita cantando el himno del equipo durante el partido Breogán-Tau. "Realmente es alucinante que mi madre se acuerde de esta canción —relata—. A veces tiene cambios repentinos de carácter, pero es decir 'El Breogán es un sentimiento...' y se pone a cantarla toda; así se entretiene y relaja. Durante el partido me pregunta veinte veces de qué color va el Breogán, pero de la tonada sí que se acuerda".

Es más. Este encuentro se decidió en los minutos finales y Begoña y su madre acabaron rezándole a la Virgen de la Esperanza —de la que son muy devotos en casa, ya que Manuel fue directivo de esta cofradía—. Begoña explica que "empezamos con "Dios te salve María, llena eres de gracia... el Breogán es un sentimiento..." en medio de la oración. Es de película".

Tita lleva unos meses un poco pachucha. "La dolencia que padece es una tragedia grande", reitera Begoña, que no duda en afirmar que hay que darle visibilidad a esta enfermedad. Tita, que ya no es capaz de introducir las fichas rojas en el cubo rojo y las fichas azules en el cubo azul, recuerda sin embargo el canto del Breogán en el Pazo, ese que escuchó tantas veces. Tita es 'una de nosotros' y ese sentimiento mutuo la acompañará para siempre. "...Azul y blanco hasta que me muera".

Afalu ► Una ayuda maravillosa 
Desde hace cinco años Tita García acude al centro de día de alzhéimer que gestiona la asociación Afalu, ubicado en la calle Juana la Loca, 27. Begoña, su hija, comenta que "ya desde el primer momento fue encantada. Son supercariñosos y los tratan realmente genial, como a sus familias". "Yo empatizo especialmente con Maitane, una trabajadora social que es un encanto", añade. 

Ralentizar el deterioro 
La ayuda de Afalu, encargada en Lugo de velar por todas aquellas personas que sufren deterioro neurodegenerativo, resulta crucial para mejorar la calidad de vida de los pacientes y ralentizar al máximo el irreparable deterioro que causa la enfermedad. 

Terapias 
El tratamiento en el centro consta de terapias cognitivas, socializadoras y funcionales y motrices.

Azul y blanco hasta que me muera
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