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Aquel sueño llamado Emevé

COMO un club familiar. Así nació el Emevé. En Lugo, Bouza, éxito y Emevé son sinónimos. Lejos de cualquier tipo de pomposidad o alarde, la familia Bouza, con la ayuda de algunos amigos, fundó, en 1980, un referente para la ciudad.

Quico, José, Coté, Bibí y Ana, en el inicio, y Víctor, Majo, Valal y Nuria Bouza, ahora, son algunos de los representantes de una saga irrepetible. Uno de ellos, Coté Bouza, vicepresidenta de la Federación Gallega de Voleibol y una de las fundadoras del club, asegura no recordar como "nació el equipo, pero hay personas que me dicen que fue idea de mi padre". "Por aquel entonces yo jugaba en Vigo y Ana en Madrid. Muchas jugábamos fuera y, cuando regresamos a Lugo, nos unimos y nació el Emevé", apunta.

En sus inicios, el conjunto lucense era un equipo femenino. El voleibol masculino dependía del Estudiantes, un equipo de baloncesto. "El volei masculino y femenino no tenían nada que ver. Eran años en los que había el Masculino y el Femenino y las mujeres no podían entrar al Círculo das Artes", apunta.

Primer problema
Tras la fundación del club, apareció el primer problema: el nombre. Como es lógico, las dudas eran inmensas, pero se decantaron por: Emevé (el mejor equipo de voleibol de España). "Nos reunimos para decidir el nombre. No me acuerdo los que se dijeron pero optamos por unas siglas. Acordamos no decir el significado, pero alguien no cumplió lo prometido", señala Coté Bouza.

La progresión experimentada por los Bouza y el Emevé ha sido meteórica. Ana Bouza fue la primera lucense en debutar con la selección española absoluta, aunque fue durante su etapa en Madrid, y los éxitos para el equipo lucense no tardaron en llegar. El ascenso a Primera División en la temporada 1985/86 es una muestra de ello.

Con el paso de los años, los éxitos comenzaron a ser una de las constantes del Emevé, que veía como el trabajo de la familia Bouza, y el de otras que se unieron al club, tenía su recompensa.

La segunda hornada de jugadores de la familia Bouza (Valal, Víctor, Majo y Nuria) atesoran un palmarés envidiable, pero decir cuál es mejor es casi imposible. "El voleibol de antes y el de ahora no tienen nada que ver. Antes jugábamos en campos de tierra, algo impensable ahora", dice.

Sin embargo, los éxitos deportivos no son lo más destacado para la familia Bouza. En su recuerdo siempre estará la oportunidad dada a muchos jóvenes lucenses para practicar voleibol. Con la cantera, el Emevé y la familia Bouza logró sus mayores éxitos, logros que se vieron afectados el pasado domingo, "posiblemente, cuando nos encontrábamos en nuestro momentos más dulce".

"La fiesta iba a ser tremenda. Las chicas eran subcampeonas de España y los chicos estaban en la final. Todavía nos cuesta creerlo.  Nos han dado con la puerta en las narices. Pasamos del mejor momento a la tragedia. Tenemos que ser más fuertes y salir adelante por las niñas", dice Coté, visiblemente emocionada.

La unión y fuerza característicos de los Bouza y Emevé es el mejor argumento para salir del bache y regresar a la realidad, realidad que comenzó como un sueño: el mejor equipo de voleibol de España.

Una imagen histórica. La foto, facilitada por la familia Bouza, da fe de una de las primeras plantillas del Emevé. De pie, Toñi Iglesias (de camiseta blanca, delegada entonces y actual vicepresidenta); Coté Bouza (5), Cris Leiro (7, madre de Irene Yáñez, cadete del Emevé), Pas Toral (9, esposa de Quico Bouza); Gema Rodríguez Longarela (11), Pili (14) y Quico Bouza. Agachadas, Cris Lage (12), Ana Bouza (2), Bibí Bouza (15), Luci Castro (13), Gema Rodríguez Agüero (1).

Aquel sueño llamado Emevé
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