0-2. La pegada del Tenerife acaba con el récord de partidos sin perder del Lugo

La buena racha de encuentros sin encajar una derrota en el Ángel Carro se queda en diez encuentros para el equipo de Albés
Señé conduce el balón. SEBAS SENANDE
photo_camera Señé conduce el balón. SEBAS SENANDE

Diez partidos. Eso duró una racha impresionante que finalizó este domingo ante el mejor visitante de la categoría. Casi seis meses sin saber qué era perder en el Ángel Carro. Casi seis meses desde que la Ponferradina hubiera ganado en el descuento. Ese fue el tiempo que los rojiblancos estuvieron invictos en casa. Ese fue el tiempo que paró un Tenerife que impuso su pegada, su mayor calidad y su necesidad de ganar para optar al ascenso a Primera División.

La derrota no complica en exceso al Lugo, que deberá esperar una semana más para que la matemática haga su trabajo y la permanencia sea una certeza científica. Sin embargo, la diferencia con la zona baja sigue siendo lo suficientemente amplia —nueve puntos a falta de doce— como para no temer por la pérdida de la categoría.

El inicio del primer tiempo fue un espejismo. Fue una visión en un desierto de ocasiones y claridad futbolística, un amago de lo que podía haber sido y no fue. El Lugo y el Tenerife se esforzaron por llegar a las dos áreas en el primer cuarto de hora. Le dieron ritmo al partido y convirtieron en césped del Ángel Carro el espacio para la efervescencia y las transiciones. Pero eso duró apenas veinte minutos para volver a la tendencia de los últimos partidos, donde el bostezo fue el rey de la fiesta.

En ese tiempo de intentos ofensivos, el Lugo llegó por los costados, con Ricard y Canella como avanzados para encontrar la incorporación de la segunda línea con Señé y Cuéllar como compañeros de fatigas. El centrocampista catalán tuvo la primera y casi la única opción lucense en el primer acto. Fue en el minuto tres, cuando un disparo suyo dentro del área pegó en mellot cuando parecía colarse en la meta de Soriano.

El Tenerife, disfrazado de Lugo, optó por conceder metros y el balón a los de Rubén Albés y jugar en largo, para un Enric Gallego que funcionaba como punta boya. El punta recibía envíos en largo y buscaba el remate o las dejadas para la incorporación de Mollejo o Elady, pero solo consiguió rematar fuera un centro de Pomares desde la izquierda antes del diez. El ritmo y la intensidad bajaron. Se esfumaron pasado el primer cuarto de hora. Decidieron que la falta de profundidad, las malas decisiones y los errores fueran el café para todos en el estadio del Miño.

Sin la claridad para encontrar a las ofensivas, con la falta de claridad como norma a seguir, el juego se atrancó y los metas, Whalley y Soriano, apenas tuvieron que parar un par de amagos sencillos de anular. La pesadez de un juego atrancado y sucio, sin la limpieza para encontrar los espacios que dieran opción a algún oasis futbolístico, ganó terreno con autoridad. Fue la dictadura del tedio, de los errores y de la falta de atractivo de un duelo en el que solo pasaba el tiempo, inexorable, sin piedad para un espectador a la espera de un juego que no llegaba.

Solo apareció el descanso para parar un partido con el freno puesto. No cambió a los dos equipos el entretiempo. Se mantuvo la cautela y la falta de claridad sobre el césped. Se mantuvieron los porteros sin intervenir hasta que la pegada del Tenerife convirtió la primera ocasión clara en un gol. Un córner acabó con un centro desde la frontal al segundo palo, donde Enric Gallego, fuerte, poderoso e inteligente, envió el esférico con su cabeza al área pequeña. Ahí metió la bota Mario González, quien se adelantó a Xavi Torres para adelantar a los chicharreros. No había merecido nadie marcar. Pero lo hizo el conjunto visitante con su capacidad para sacar el talento y la facilidad para apretar el gatillo con la pólvora seca.

El tanto envalentonó al Lugo, que dio un paso adelante y sacó la fuerza para correr en campo rival que había abandonado desde el inicio del choque. Estuvo cerca de anotar, pero Clavería no ajustó, solo en el punto de penalti, un buen centro de Señé. El mediocentro madrileño, perdonada su sanción por el Comité de Apelación de la Federación, chutó demasiado alto.

Ahí comenzó un quiero y no puedo rojiblanco. Llegó por el costado derecho, con Ricard Sánchez como estilete y pasador. Nadie pudo encontrar sus centros y Soriano vivió tranquilo. No lo hizo Whalley, que sufrió el 0-2 a falta de once minutos. Un saque de falta desde la medular lo ganó por alto Enric Gallego. El punta ganó la partida a Alberto Rodríguez y su envío con la testa lo controló el recién entrado Andrés Martín para fusilar a Whalley sin oposición.

El tanto aniquiló cualquier opción lucense de mantener el récord de jornadas invicto en casa. Quiso llegar con un disparo de Juanpe y, sobre todo, con un testarazo de Sebas Moyano que desvió Soriano. No le valió para marcar ni para puntuar. La permanencia matemática tendrá que esperar una jornada más en el limbo de Segunda División, ese espacio donde el Lugo está instalado desde hace tiempo y que visitará la semana que viene en Can Misses, terreno del Ibiza.

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