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Brady alcanza el séptimo cielo en Tampa

Tom Brady celebra el título. EFE
Tom Brady celebra el título. EFE
Los Tampa Bay Buccaneers logran la victoria en la Superbowl de la mano del legendario quarterback, que a los 43 años suma su séptimo anillo

Los Tampa Bay Buccaneers se proclamaron campeones de la Superbowl. Los 53 jugadores que conforman el roster, los lesionados, el Head Coach, los coordinadores y los asistentes. El General Manager y la familia Glazer, dueña de la franquicia. El tío que vende perritos calientes en el bar del campo y todos los aficionados al equipo de Florida, sean de Tampa o de Ribadeo. Todos han contribuido de la misma forma al segundo Vince Lombardi de los Buccaneers porque el puesto de quarterback está sobrevalorado. Ya. Claro que sí.

Lo que de verdad ocurrió el domingo, precisamente en Tampa Bay —donde por primera vez el anfitrión llegaba al gran partido—, fue la enésima demostración de que hace tiempo ya que a Tom Brady se le queda pequeño el fútbol americano. Su sitio, independientemente del resultado en este partido, independientemente de que a los 43 años haya llevado a una franquicia que llevaba desde 2007 sin pisar los play off al triunfo final, está en la mesa de los Jordan, los Phelps o los Merckx. Ese y no otro es el lugar de un deportista cuyo mayor mérito, como el de todos los superlativos, es hacer que ganar parezca fácil. Sencillo. Brady hace pensar que lo normal en el deporte es salir campeón, cuando la realidad es que hay otros 31 equipos que se quedan por el camino. Una y otra vez.

La narrativa del séptimo anillo de Brady, unida a toda la historia que hay detrás de esta temporada —dejar New England tras dos décadas de apabullante dominio, convencer a Gronkowski para que saliese del retiro, aprender un esquema nuevo sobre la marcha— eclipsa todo lo demás. Y con toda la razón del mundo. Pero lo cierto es que los Buccaneers al completo jugaron el pasado domingo un encuentro fabuloso. Hasta ahora no se ha mencionado a los Kansas City Chiefs, rivales de los Buccaneers en la Superbowl, en una intencionada muestra de respeto hacia Bruce Arians (entrenador de Tampa) y Todd Bowles (coordinador defensivo). En un gameplan perfecto, especialmente en el apartado defensivo, lograron borrar del mapa a un equipo que hasta el domingo parecía imparable. Lograron que Kansas no existiese. Pues eso.

El triunfo de Tampa se gestó a partir deun dominio absoluto de las trincheras

El triunfo de los Buccaneers se gestó a partir de un dominio absoluto de las trincheras. La línea ofensiva de Kansas, que llegaba al partido muy mermada por las bajas, fue un juguete en manos del front-7 de Tampa. Mahomes fue presionado 29 veces, récord en una Superbowl, y un quarterback sin tiempo para respirar es un hombre muerto. A Brady, en cambio, la línea le permitió jugar cómodo todo el partido, y un Brady con tiempo para respirar es un arma asesina infalible.

Los Bucs empezaron dubitativos en ataque, y tras dos drives fallidos, anotaron el primer touchdown del partido en una jugada vista mil veces en Boston: Brady para Gronkowski.

Tras detener una vez más a los Chiefs —que habían anotado únicamente un field goal hasta el momento—, llegó una jugada que parecía ser clave en el encuentro. Los Bucaneers se jugaron un cuarto down en vez de chutar el field goal y no lograron anotar. El riesgo fue lógico (un field goal ante los todopoderosos Chiefs parecía un botín escaso), pero el fallo no supuso nada para los Bucs. La defensa detuvo a los Chiefs y Brady encontró nuevamente a Gronk en la end zone. 3-14.

El resto del encuentro siguió con el mismo guion Hasta mediado el tercer cuarto, se esperaba con ilusión que el ataque de Kansas despertase y hubiera partido, pero no lo hubo. Y encima los Tampa Bay Bucaneers lograron que pareciese sencillo.

Opinión: Thomas Edward Patrick Brady Jr.

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