Besteiro: "Tuve la suerte de conocer a Paco; era como Shrek, un monstruo bueno"

El riotortense José Besteiro publica este lunes su nuevo libro, Francisco Umbral, manual de instrucciones. Una obra en la que el periodista profundiza en la figura de un novelista que pasó de ser su ídolo a convertirse en su gran aliado cuando llegó a Madrid: "Yo tenía a Umbral en un altar y ejerció conmigo de ángel de la guardia. Fue un sueño hecho realidad"
José Besteiro
photo_camera José Besteiro. EP

Cuenta en su nuevo libro que conoció a Umbral en una peluquería. 
Literariamente lo descubrí en una peluquería leyendo un artículo suyo en una revista de humor, pero personalmente lo conocí en Madrid en los bajos de El Corte Inglés de Callao mientras presentaba La bestia rosa, que es un libro inspirado por mi admirada  Blanca Andreu. 

¿Usted también sufrió umbralitis?
Por supuesto, yo no quería ser periodista, yo quería ser directamente Umbral, y lo plagiaba descaradamente, pero, como dice Antonio Lucas, Umbral es la piscina en la que hay que mojarse y de la que luego  hay que secarse. Ahora me plagio a mí mismo, que es todavía peor. 

¿Qué sintió cuando lo vio por primera vez?
Mucha emoción, pero al mismo tiempo algo de sorpresa. Yo le atribuía a Umbral muchos de los poderes de los superhéroes y por eso pensaba que iba a encontrarme con algo así como a Superman, solo que en lugar de capa lucía un abrigo de Pierre Cardin, y sin embargo pude comprobar desde el principio que era fieramente humano, lo cual, lejos de decepcionarme, se convirtió en una lección de vida que ya nunca olvidaré. 

¿Cómo fue ese encuentro?
Yo abordé a Umbral de un modo completamente frívolo y cuando de repente me di cuenta de que había perdido a su hijo y de lo que eso suponía, me causó una hondísima impresión. Por aquella época falleció en accidente de coche el hijo de unos amigos de Bretoña y, ver las lágrimas de aquella madre, me hizo pensar en lo que habían sufrido Paco y su mujer España. Lo descubrí tarde, pero lo descubrí a tiempo. Me di cuenta de que la fama era la calderilla de la gloria, un peaje excesivo, y que los mitos tienen las mismas necesidades  que los seres humanos. 

¿Y un momento especial?
Ocurrió al principio del todo mientras comíamos son su mujer, España. Hay ese momento tenso en que yo, con toda la ingenuidad le digo que cuando escribió Estoy oyendo crecer a mi hijo, seguramente estaba pensando en un poema de Oscar Wilde en el que éste dice que su hermana muerta está oyendo crecer los lirios. Nada más acabar de decirlo me di cuenta de que había metido la pata. Afortunadamente le dijo a su mujer: "Mira el pequeñito, promete", o "¡Joder con el pequeñito!, promete", algo así, y la comida siguió hablando de Cunqueiro.

Le atribuía a Umbral los poderes de los superhéroes y comprobé que era fieramente humano, fue una lección de vida"

¿Cuál fue el mejor consejo que le dio a usted Umbral ?
Desgraciado el discípulo que tiene un solo maestro. Lo que me estaba diciendo es que además de leerlo a él, me empapase del resto. De los primeros cien libros que leí en mi vida, seguramente cincuenta eran de Umbral, y eso tuvo una clara influencia en mis comienzos. Su prosa era tan pegadiza como la canción del verano y no resultaba fácil desprenderse de ella. Cada frase de Umbral podía ser una aventura.   

¿Y qué cree que le gustó de usted?
No tengo ni idea. Le halagó comprobar que había leído casi toda su obra además de mi parentesco con Cunqueiro. De hecho, me animó a escribir la biografía de Cunqueiro. Tardé 40 años en hacerle caso, pero cumplí mi promesa cuando publiqué la obra Un hombre que se parecía a Cunqueiro

Tenía fama de borde...
Pero eso era una pose que adoptaba para defenderse de las cornadas que le dio la vida. Era hijo de madre soltera, a quien perdió por cierto muy pronto, y además  también se le murió un hijo de leucemia. Yo creo que tenía motivos de sobra para estar enfadado. Todo eso marcó su existencia. Yo tuve la suerte de conocer a Paco, no solo a Umbral. En el fondo era como Shrek, un monstruo bueno. Paco, el hombre, está en las cartas que  intercambió con Miguel Delibes. No voy a decir que era la alegría de la huerta porque sería faltar a la verdad, pero en la intimidad y sin público, era entrañable.

¿Cuál considera que fue su mejor obra?
La mejor obra de Umbral es el propio Umbral, el personaje que se inventó. Fue capaz de crear  un escritor/espectáculo en la mejor tradición de los grandes popes españoles, pero con los fuegos artificiales de la autoficción y los efectos especiales de la posmodernidad. Era el rey del márketing y yo lo pude comprobar cuando me ayudó con la carrera de Amancio Prada. Era un crack. 

Umbral era un borde para defenderse de las bofetadas que le dio la vida: era hijo de madre soltera y le murió un hijo de leucemia"

¿Y desde el punto de vista literario?
Alguien dijo que hay escritores termómetro y escritores termostato. Los primeros le toman la temperatura a la realidad y los segundos se la cambian. Umbral pertenece a estos últimos. No solo le cambió la temperatura a la realidad, sino que se la inventó. Eso solo está en el mejor de los genios. 

Dicen que abusaba del estilo.
Hay quien confunde el estilo con la decoración de interiores, pero no era el caso de Paco. 

Lo pone como ejemplo de vida.
Es que es un caso de ‘self made man’ impresionante. Ahora que se cuestiona la meritocracia y que no hay que estudiar para aprobar, conviene  recordar que Umbral empezó como botones en un banco sin acabar los estudios elementales, y que gracias al esfuerzo y al talento consiguió el premio  Príncipe de Asturias. Del cero al infinito y más allá.  

¿Ha pasado Umbral de moda?
Ya sé que ahora a lo mejor suena un poco vintage y que algunos de sus artículos eran de obsolescencia programada, pero hay varios títulos suyos que, como la Iglesia, tienen los siglos contados.

¿Qué opina de sus imitadores?
Es como comparar el gotelé con la pintura impresionista.

Él era el Napoleón de la literatura. 
Umbral era un psicópata de la literatura. No escribía para vivir, sino que vivía para escribir. Yo creo que él y Simenon, que era capaz de escribir cien páginas al día en un escaparate, escribían como respiraban. Hoy lo hubieran denunciado los colectivos ecologistas por su excesiva producción. 

"La obra de Umbral me cambió la vida, yo iba para veterinario y acabé siendo periodista"

¿Qué importancia tuvo Umbral en su vida?
Dice George Steiner que el hallazgo de un libro te puede cambiar la vida y sus Memorias de un niño de derechas cambiaron la mía. A partir de entonces busqué en las librerías de Lugo todos su obra junto a mi amigo Pepe Coira y eso cambió mi destino porque hasta entonces quería ser veterinario e ingeniero agrícola. Leí su primera docena de libros  y bajo ese impulso escribí  mi primer artículo en El Progreso. Se titulaba Rebajas y era malísimo, pero José de Cora tuvo el detalle de publicarlo y eso le dio un giro a mi futuro. Eso fue lo que me animó a marcharme a Madrid a hacer Periodismo.

Usted se marchó a estudiar a Madrid. ¿Cómo fue esa época?
Imagínate que  eres un zangolotino de provincias  recién llegado a  la capital  con una mano delante y otra detrás, sin conocer a nadie,  y que, de repente,  el único mito que has tenido en la vida, te invita a comer con su mujer, y te recibe en tu casa, y te invita a tomar café  todas las semanas e la cafetería la Retorta, del hotel Eurobuilding, ubicado al lado de su domicilio de Juan Ramón Jiménez, y que encima te consigue entrevistas con ministros y artistas  que de otra manera serían inalcanzables. Y que además te cita en sus famosos negritas y te dedica libros con fe en tu prosa y en tu juventud. Aquello era un sueño hecho realidad. 

¿Cómo se sentía?
Me sentía como la protagonista de La Rosa Púrpura del Cairo cuando el protagonista sale de la pantalla del cine y le da la mano. No es que yo entrase en la película, es que el protagonista salía de la pantalla para entrar en mi vida. Fue llegar y besar el santo, nunca mejor dicho, porque entonces yo  tenía a Umbral en un altar, como a San Pedro. Uno tenía las llaves del cielo y otro las de Madrid. Aunque conmigo ejerció más bien de ángel de la guarda, pues me ayudó a rematar la carrera  de periodismo con una llamada al decano que resultó milagrosa. Una palabra suya bastaba para aprobarme. O sea que en realidad era verdad que tenía superpoderes. Esa llamada  y los apuntes que me pasaba Alfonso Riveiro, actual director de El Progreso, fueron claves para acabar la carrera en los cinco años reglamentarios e irme a Boston para estudiar un master de televisión. Yo les hice mis primeras entrevistas a Tierno Galván y a Fernández Ordóñez. Pasé del instituto de Lugo al Congreso de los Diputados y eso impresiona mucho, sobre todo si tienes una mente calenturienta como yo tenía entonces. Empezaba La Movida y Madrid para mí era una fiesta, igual que París para Hemingway.

¿Y por qué abandonó el periodismo para dedicarse a los negocios cuando tenía talento y el mejor padrino del mundo?
No soy capaz de explicarlo. Como decía John Lennon, la vida es lo que pasa mientras hacemos planes. Me imagino que los genes empresariales de mi padre y de mi abuelo le ganaron la partida a los genes poéticos de mi madre, al menos durante una buena parte de mi vida, aunque yo creo que en los negocios también hay poesía. De hecho, Cioran dice que los escritores son empresarios de ideas. Escribí seis razones por las cuales abandoné la escritura , y todas son ciertas, pero yo creo que la principal es que soy un culo de mal asiento y que me costaba mucho pasarme ocho horas al día sentado escribiendo. Sin ese mínimo de dedicación, no es fácil vivir de la escritura. Yo creo que con una mejor columna vertebral  y menos pájaros en la cabeza mi vida hubiera sido distinta.

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