Anabel Alonso: "La primera vez que me llamó Almodóvar ¡me caí de culo!"

La veterana actriz aterriza en el Pazo da Cultura de Narón con La Celestina, un texto con el que ha vuelto a abrazar la felicidad del carpe diem tras un carrera plagada de trabajo y aventuras
Anabel Alonso. PEDRO GATO
photo_camera Anabel Alonso. PEDRO GATO

Anabel Alonso (Barakaldo, 1964) dice que nació para actuar. Su inclinación por el teatro, muy temprana, le llegó de la nada, como prueba fehaciente, asegura, de que "la vocación existe". Comenzó en La bola de cristal y, unos años después, sin creérselo, estaba rodando Kika con sus admirados Pedro Almodóvar y Victoria Abril. Ahora, tras muchas series, lograr erigirse en una de las concursante más queridas de Masterchef y ser jurado de Tu cara me suena, regresa a Galicia con un clásico, La Celestina.

De adolescente dijo en casa que quería ser actriz y su padre le rogó que estudiara un carrera. Hizo Turismo pero acabó en La bola de cristal, ¿de dónde le viene esa vocación tan fuerte?
De ningún sitio. Es una vocación, y es la prueba de que la vocación existe. Yo soy como una mutación en mi familia: no me crié en un ambiente artístico ni mis padres me llevaban al teatro, pero a los 14 años tuve claro que lo que yo quería en esta vida era ser actriz, y lo que más quería era hacer teatro.

¿Cómo salta de la carrera de Turismo a los escenarios?
Me matriculé en la Escuela de Arte Dramático de Donosti, y empecé a hacer alguna cosilla para la ETB. Ahí me vio un realizador y me llevó a ‘La bola de cristal’ [TVE, 1988], a trabajar tres meses allí en Madrid, donde ya me quedé asentada. Yo estaba dispuesta a servir copas o a trabajar en lo que hiciera falta para quedarme allí y poder hacer pruebas —entonces se llamaban así, no cásting—, y con mucho trabajo y con mucha suerte, porque todo influye, logré vivir de esto.

¿Y sus padres lo aceptaron rápidamente o les llevó un tiempo?
¡Buh! ¡Mis padres estaban muy reticentes! Si hubiera sido ahora, les hubiera dado igual, porque no importa si eres actriz o médico, el trabajo es igual de precario. Antes, sin embargo, ser arquitecto o médico te garantizaba una estabilidad. De hecho, todos los hijos de los amigos de mis padres escogieron carreras ‘normales’: Magisterio, Medicina, Derecho... Y mi padre decía: «Mi hija, ¿actriz?». Para él era como ser astronauta. Por eso me pidió que estudiara algo ‘con fundamento’, muy convencido de que la ‘tontería’ o el ‘capricho’ de ser actriz se me iba a pasar, pero no se me pasó.

No es solo que no se le pasó, sino que en 1993 estaba rodando ‘Kika’ con Pedro Almodóvar, ¿qué significo para usted esa película?
¡Ay! [Se emociona]. Es que en esos años me pasaban cosas como de pellizcarme todo el rato, porque justo había comenzado a trabajar en ‘Los ladrones van a la oficina’ [Antena 3, 1993-1996] con Fernando Fernán Gómez, Agustín González, José Luis López Vázquez, Antonio Resines... ¡Imagínate! 1993 fue mi año por antonomasia, por eso, y por la película de Pedro.

¿La seleccionó en un cásting?
¡Qué va! Yo llegué a casa y vi que tenía un mensaje de Pedro Almodóvar en el contestador del teléfono fijo —en aquellas épocas no había ni móvil—. No sé cuántas veces pude escuchar ese mensaje, ¡hasta lo grabé en una cinta que todavía tengo guardada! Decía: "Hola, Anabel, soy Pedro Almodóvar, me gustaría verte porque estoy preparando mi próxima película y quería contar contigo...". ¡Me caí de culo! Y luego, trabajar con él, con Verónica Forqué o con Victoria Abril... Yo decía: "Dios mío, ¿pero qué hago aquí?".

Fue un antes y un después...
¡Pero por supuesto! Lo que pasa es que en este trabajo te pueden pasar estas cosas y que luego no tengan continuidad. Hay gente que tiene unos años de bombazo y después desaparece. Para mí ese año fue un punto de inflexión y afortunadamente he podido seguir trabajando —toco madera—, pero podía haber sido que no. Este trabajo es así, siempre empiezas de cero. Es difícil llegar a algo, pero mantenerse, estar a pesar de las modas, es más difícil aún.

Ahora está centrada en su gira con La Celestina, que regresa a Galicia. ¿Qué cree que va a encontrar el público en este personaje que antes no vio en usted?
La Celestina no es solo un personaje, son varios: con el padre de Melibea es servil; con las chicas que trabajan para ella es maternal; y con sus criados es como un capo de la mafia... El público no va a ver una Celestina, sino a unas cuantas. Eso me encanta. También me gusta que, aunque entonces la premisa era «sufre mucho en esta vida, que ya serás recompensada después de la muerte», La Celestina abogaba por disfrutar. Era un ejemplo del carpe diem.

¿Cree que ha podido revisitar la obra dándole un punto feminista?
Creo que logramos que la gente deje a un lado la visión preconcebida que tiene del texto y de los personajes. Todo el mundo piensa que Celestina es una bruja lianta, pero van a ver a una mujer que es una auténtica superviviente, una valiente en un mundo de hombres, que además, cuando da su palabra, arriesga su propia vida por cumplirla. Y en Melibea van a ver una mujer que lo que quiere es disfrutar del cuerpo de su amante, que deja a un lado los dogmas de la época para disfrutar. Son personajes que rompen con su época.

¿Tiene otro plan de cara al futuro?
Ahora quiero darme el lujo de disfrutar del teatro, sin compaginarlo con otros rodajes.

¿Carpe diem?
Exacto, carpe diem como la propia Celestina.

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