"Mi padre no publicó por no ser pretencioso, no por político"

La familia de Leopoldo Calvo-Sotelo, sus amigos, sus compañeros de Gobierno y de partido o sus periodistas de cabecera en la rivalidad pueden saber lo que pensaba de ellos quien fue presidente del Ejecutivo español entre los años 1981 y 1982. Sus hijos Pedro y José María han preparado la edición de su obra lírica, Poesía en la tangente
Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez Martín. EP
photo_camera Leopoldo Calvo-Sotelo Ibáñez Martín. EP

La aparición de Poesía en la tangente (Pigmalión) supone el descubrimiento de una faceta de Leopoldo Calvo-Sotelo Bustelo (Madrid, 1926-2008) que apenas había asomado tras las cortinas de su biografía pública, en la que se mostraba el ingeniero, el gestor de grandes empresas, el diputado entre 1977 y 1982, y, en un plano destacado, el presidente del Gobierno. Había un Calvo-Sotelo que escribía desde la adolescencia con una vocación espoleada por unos sonetos de adolescencia publicados en La Comarca del Eo, periódico local de Ribadeo. Había otro Calvo-Sotelo, ese más íntimo, que llamaba desde Madrid a sus amigos para interesarse sobre si soplaba Nordés o Terral, o sobre si el mar embestía la Punta de la Cruz, que veía en una diagonal desde su casa en la villa.

Su padre nunca quiso publicar su poesía en vida. Lo hizo tangencialmente.
No quiso. Publicó dos libros de memorias y otro de artículos y conferencias. No lo hizo porque le daba pudor; nunca hubiese admitido que se le considerasen poeta, le parecía pretencioso. Sentía un enorme respeto por la inspiración literaria. Le parecía que dominaba la técnica, pero que no tenía el aliento poético. En algún lugar escribió: "Que lo publiquen mis hijos..." A mi madre y a mí nos divertía la idea. Mis hermanos Pedro y José María lo han hecho.

Pidió que sus poemas se hiciesen públicos "dentro de muchos años". Quería que su obra fuese conocida, pero evitaba condicionarlos sobre cómo y cuándo.
Han pasado catorce años desde su muerte. Nos pareció un buen momento.

Estábamos hablando de que él evitó que este libro apareciese en vida. ¿No sería otro pudor? ¿El de ser político y poeta?
No le preocupaba la solvencia del político, que se preguntasen: ¿Cómo va a gobernar si se dedica a versificar? Le preocupaba que pensasen que se creía poeta. En su biblioteca tenía unha antología de poesía francesa del presidente George Pompidou. Había sido profesor de Literatura y recitaba.

Macron tiene formación filosófica. Un presidente francés debe ser lector, cuando no escritor. En España resulta pretencioso que un político tenga una dimensión intelectual. Su padre fue una excepción.
Bueno, Azaña, Maura y Cánovas también escribían.

Leopoldo Calvo-Sotelo caracteriza al periodista Juan Luis Cebrián como "Dios Padre, Gran Oriente", en referencia a la masonería, y define El País como "cátedra del desdén y del orgullo". ¿Usaba la sátira poética como defensa o como expresión de hartazgo?
El político en el Gobierno no puede permitirse licencias literarias en las polémicas. Debe ser objetivo. Los versos satíricos le servían para el desahogo personal, pero no se ensaña.

Yo no he hecho esa lectura, pero no me negará que era incisivo...
Sentía pasión por la claridad. Escribió: "Me siento atraído por la técnica del soneto".

Su vocación es temprana, pero su tío Joaquín se ocupaba de fomentarla pagándole 25 pesetas por soneto.
Su tío Joaquín tuvo una relación muy especial con él hasta su muerte, en 1993. Fue más literaria que política por los intereses de su tío.

Con 15 años, en 1941, se burla del delegado de la Falange en su instituto en un poema. La pasión literaria y la política convivieron en él desde muy joven.
La afición al verso es algo que viene muy pronto. En cuanto a la política, contaba con ejemplos en su entorno. Su padre había muerto cuando el tenía siete años, en 1933, y él tenía mucha relación con Ramón Bustelo, su abuelo materno, que fue diputado liberal por Ribadeo entre 1901 y 1923. Desde joven fue monárquico. Decía que había tenido dos jefes políticos: Satústregui, líder de partido monárquico en el que militaba, y Adolfo Suárez.

Hizo poemas en 1976 alabando la audacia de Suárez: "Comenzó diciendo simplemente:/ Vamos a hacer la Transición, amigos/ Nadie creía en él/ nadie creía".
Admiraba su claridad de ideas.

Pero iban hacia lo desconocido, aquello parecía destinado al caos.
Creo que mi padre se enteró del proyecto, no fue fe en el personaje. Como buen gallego, no era de apasionamientos inmediatos. Le ganó un proyecto claramente expuesto.

El principal objetivo de su látigo poético era el PSOE. "Felipe va en el Azor/ mareadísimo de pesca".
El PSOE era el principal partido de la oposición. Sus versos satíricos tenían que encontrar ese blanco. Nunca dudó de la solvencia del proyecto socialista. Felipe González dijo aquello de que "España necesita una pasada por la izquierda". Mi padre le contestó que ni por la izquierda, ni por la derecha, ni por el centro. Años después reconoció que no estaba mal vista esa alternancia.

Estaba más de acuerdo con la derecha política y mediática, pero desconfía de Pío Cabanillas, el ABC de Ansón o Jaime Campmany, y ataca con vehemencia a Ricardo de la Cierva.
Esos poemas son frutos de un momento. Más que un juicio de conjunto es un apunte de un momento. Los versos sobre Campmany o Cebrián son reacciones a un artículo o un comentario. 

"Le encantaban los trenes eléctricos, cuando iba a Alemania compraba locomotoras y vagones"

Una parte de Poesía en la tangente está formada por piezas dedicadas a los aviones y a los trenes, en la línea de los futuristas italianos.

Sus fuentes eran clasicistas y españolas, nada italianas.
Diría que le interesaba la modernidad de las máquinas. Le gustaban los trenes eléctricos. Jugábamos nosotros, pero él fue quien decidió la ubicación en casa y quien lo montó. Cuando viajaba a Alemania volvía con locomotoras, vagones y vías.

Hay un poema en que lo define a usted como "charlatán, culterano/ humorista, filósofo y delfín".
Siempre he hablado mucho. Es un honor que mi padre me calificase de humorista. El humor era muy importante para él.

Pilar iba delante, con los niños. Habla de su familia con cariño, pero como un observador.
Es la sana envidia de la relación de los hijos con la madre. Era observador. Es una virtud gallega.

"Lo primero que hago en Ribadeo/ al levantarme todas las mañanas/ es mirar la Ría y tomar nota/ del viento, de la luz, de la marea".
Estuvo en Ribadeo entre 1936 y 1941, entre los 10 y los 15 años; con un intervalo en San Sebastián. Uno es de donde hace el bachillerato. Tuvo dos profesores importantes: Don Gerardo y Dionisio Gamallo, por ellos fue ingeniero y aficionado a la poesía.

Comentarios