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Oliver Laxe obra el milagro cinematográfico del año con 'O que arde'

Oliver Laxe. ARQUIVO
Oliver Laxe. ARQUIVO
"Siempre tengo la sensación de que a veces los cineastas robamos de la vida y nos escapamos con el botín y no lo repartimos y no lo devolvemos a la vida con más vida que antes", afirma el director

El cineasta Oliver Laxe ha obrado este 2019 un pequeño milagro con su película O que arde, un espejo de la Galicia rural que ha incendiado las pantallas de medio mundo, con premios en Cannes, San Sebastián o Mar de Plata y que ahora se perfila como posible vencedora en la carrera para los Goya.

Laxe, gallego aunque nacido en París en 1982, rodó en la aldea donde nació su madre y él pasaba los veranos de niño: Os Ancares, un lugar de cuatro casas en el que retrata con su cámara "esos gestos milenarios, esos hábitos, esa órbita de lo rural" en la que se crió.

Con un cine "personal", arraigado en lo local, Laxe ha conseguido alcanzar lo universal, la "esencia misma" de las cosas, un objetivo que su director persigue sin regodeos de grandilocuencia y con una sensibilidad y talento deslumbrantes, algo que ya fue advertido por algunos en sus primeros trabajos.

Su primera película Todos vosotros sois capitanes (2010) (premio Fipresci en el Festival internacional de cine de Cannes), fue fruto de un taller de cine que puso en marcha con niños de un centro social en Tánger, a medio camino entre el documental y la ficción.

Mimosas supuso un paso firme en su carrera, pues fue de nuevo premiado en Cannes (Premio semana de la Crítica)

En ella ya se puede vislumbrar el fuerte potencial de unas imágenes que no necesitan texto, con un lenguaje que huye de la palabra y del artificio y que trata de atrapar el gesto cotidiano de la vida.

Su segundo largometraje, Mimosas (2016), que él mismo ha definido como un "western religioso", mete al espectador en el desierto para acompañar a un anciano que atraviesa el Atlas marroquí para morir en su pueblo.

Con esta película Laxe explora la espiritualidad a través de un viaje marcado por el poder transformador de la fe, en el que vuelve a rodar en unos paisajes bellísimos, un mérito al que el director también debe mucho a su homólogo en fotografía, Mauro Herce.

Mimosas supuso un paso firme en su carrera, pues fue de nuevo premiado en Cannes (Premio semana de la Crítica), además de en el Festival de Taipei, en el de Sevilla y en el de El Cairo y tuvo una gran acogida por parte de la crítica.

Aunque el cineasta no cree estar fuera del sistema, es consciente de que su cine se aleja de los cánones de lo comercial

Sin embargo, a Laxe nunca le han preocupado demasiado los premios, ya que para él lo más importante es el "respaldo" del espectador, algo que ha conseguido con creces con O que arde, una película "arriesgada" que ya han visto más de 70.000 espectadores en España.

Y es que para Laxe las películas no se hacen para Cannes ni para los Goya, sino para el público, un premio que el director valora mucho más, sobre todo teniendo en cuenta que O que arde es un filme pequeño y frágil y, además, rodado en gallego.

Aunque el cineasta no cree estar fuera del sistema, es consciente de que su cine se aleja de los cánones de lo comercial, pues se sitúa en los márgenes, en ese lugar en el que reside un cine maduro, profesional y con medios, pero que conecta con el espectador y le invita a la reflexión y a la contemplación de la belleza.

O que arde es también un reflejo de la propia sensibilidad del autor, que ejercita la paciencia y la capacidad de aceptación, dos valores que se transmiten a través de unos personajes se enfrentan a la naturaleza "con soberana sumisión", ya que tienen la madurez suficiente para "no huir del sufrimiento y aceptarlo como parte de la vida".

La historia de Amador, un pirómano que vuelve a casa tras haber cumplido dos tercios de su condena, y de su octogenaria madre ha conmovido a los espectadores

En definitiva, una película esencial, con el mínimo de psicología, en la que no interesan las máscaras y se ve solo el hueso, un hueso al que el público puede llegar por caminos diferentes, tantos como espectadores habitan en la película.

Porque para Laxe, si bien hay una necesidad de ser claro con el espectador, ésta suele ser siendo "oscuro" y dejando que sea el público el que habite en las imágenes de forma diferente.

Por ello, la historia de Amador (Amador Arias), un pirómano que vuelve a casa tras haber cumplido dos tercios de su condena, y de su octogenaria madre (Benedicta Sánchez) ha conmovido a los espectadores, así como las imágenes de una Galicia rural filmada con la fidelidad y honestidad muy pocas veces vista dentro del género.

O que arde es un mundo que se muere pero que proyecta un gemido de orfandad y de rabia y que se resiste a que lo entierren. Con dignidad, con nobleza, con humildad, con dulzura. Eso es lo que arde", explicó Laxe en una entrevista con Efe.

Laxe no esperaba la nominación, aunque asegura que le hace "muy feliz" que una película tan pequeña y tan frágil compita con películas "grandes y muy apoyadas"

Y así lo entendió la gente, así lo entendió la crítica y así lo entendieron en todos los festivales en los que el filme se ha presentado y en los que ha obtenido premios, como es el caso de Cannes, donde Laxe ha sido premiado con todas las películas que ha presentado.

Tras obtener el premio del jurado de la sección oficial Una Cierta Mirada del pasado Festival de Cannes y alcanzar el hito de que su película fuera la primera que se presenta en el certamen en lengua gallega, después llegaron los premios en Chicago, Mar de Plata o Tesalónica, además de sendas nominaciones.

La última en conocerse la de los premios Goya, a los que opta en cuatro candidaturas -mejor película, mejor dirección, mejor fotografía y mejor actriz revelación- lo que ha supuesto su consagración en España como director.

Laxe no esperaba la nominación, aunque asegura que le hace "muy feliz" que una película tan pequeña y tan frágil compita con películas "grandes y muy apoyadas" como son las de directores como Pedro Almodóvar o Alejandro Amenábar, contra los que compite tanto en la categoría de mejor película como en la de mejor director.

Como en sus anteriores películas, en O que arde la naturaleza ocupa un lugar destacado

"Ya no dirán que este cine no lo ve nadie, que siempre ha sido el argumento de la industria en contra de este tipo de cine que triunfa en festivales y que representa a la cultura española", comentó a Efe el director, a quién le hace "especial ilusión" la candidatura a mejor actriz revelación que, a sus 84 años y sin experiencia cinematográfica previa, ha conseguido Benedicta Sánchez.

Y es que Laxe es un hombre agradecido, que tuvo claro que el preestreno en España de O que arde debía realizarse en Os Ancares, la tierra donde se inspiró la película y en la que sus habitantes "se desvivieron" para ayudar en todo lo posible en la producción.

"Siempre tengo la sensación de que a veces los cineastas robamos de la vida y nos escapamos con el botín y no lo repartimos y no lo devolvemos a la vida con más vida que antes", afirmó Laxe a Efe en el preestreno en Os Ancares.

Como en sus anteriores películas, en O que arde la naturaleza ocupa un lugar destacado, que evidencia la menudez de un hombre ante la fuerza de la lluvia, del incendio, de la maleza.

Frente a una vida de zombis, totalmente enajenada, Laxe elabora un cine para tratar de imaginar un mundo diferente, en el que él quiere vivir y cuya fuerza es también cada vez más poderosa. 

Oliver Laxe obra el milagro cinematográfico del año con 'O que arde'
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