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Julián Hernández: "Parece que me tengo que disculpar porque me gusten Howlin'Wolf y Borges"

Julián Hernández. AEP
Julián Hernández. AEP

Siniestro Total acaba de cumplir "37 años de pura cabezonería" que le permite mantenerse en activo. Su único miembro original, Julián Hernández, solo ha cometido un error: siendo vigués, vive en Cambre

EL MÚSICO Julián Hernández (Madrid,1960) reside en un casa abrazado por sus mitos: llama Batcueva al estudio donde trabaja y solo debe cruzar la calle para estar en una estación de tren. Dejó su ciudad porque hacía falta espacio para sus libros y discos, algo que "en una ciudad es difícil de tener". Reconoce que "en el fondo es el síndrome de Diógenes". "Tengo en el faiado la colección completa de New Musical Express de los años 80, a la que estaba suscrito. ¿Para qué la quiero? ¿La voy a volver a mirar? ¡No!".

¿Cuántos discos tiene?

No lo sé.

¿Y guitarras?

Docena y media. Es que son un vicio y mi estudio sufre la entropía. Lo ordeno con el propósito de poner cada cosa en su sitio cuando la use, pero me vence la entropía. Si tuviese la disciplina de Jorge Martínez, de Los Ilegales, tendría más guitarras. Él tiene cincuenta, pero siempre es el mismo número. Sigue comprándoselas y, por cada una que compra, vende otra. Siempre cincuenta. Una vez me coincidió con Thurston Moore, de Sonic Youth, en el backstage y me enseñó sus guitarras. ¡Tenía un tocho de guitarras! Y le pregunté: "¿Las usas todas?". Me dijo que sí, que en tres o cuatro pases usaba todas. Yo con una me apaño. Llevo otra por si se me rompe una cuerda o pasa algo.

La primera guitarra que tocó fue la de su excompañero Alberto Torrado, con 15 años.

En casa ya tocaba alguna española, pero el día en que murió Franco nos dieron vacaciones en el instituto. Me llamó Torrado para que fuese a su casa porque quería enseñarme algo.¡Y era una guitarra eléctrica!

¿Qué tocaron? ¿Estaba todavía fascinado por Andrés Dobarro?

Eso era más de la infancia. Yo entonces escuchaba a T Rex y a Slade, y Torrado, a Genesis y Pink Floyd. Los Beatles llegaron más tarde.

Y después el rock británico, The Kinks.

Comprábamos sus grabaciones en el Rastro. Empecé Filología en Madrid y seguí estudiando guitarra en el conservatorio, algo que ya hacía en Vigo. El problema es que Filología estaba en la Autónoma. Me quedaba muy lejos. No podía ir al conservatorio e ir a la facultad, así que dejé Filología. Fue una cuestión de tiempo porque la guitarra me exigía ensayar cinco o seis horas al día. En Filología hubo una espantada porque la forma de enseñarla era bastante aburrida. Yo tenía la cabeza hecha un bombo con Chomsky y Saussure.

Habría algo que le interesaba.

Sí. Me encantaba Lógica. También Historia de la Literatura.

¿Llegó a darle clase de Lógica Alfredo Deaño?

¡Alfredo Deaño! No, no me dio. A mí me daba clase un marxista muy pesado. Recuerdo a Deaño por los pasillos. Lo admirábamos mucho porque había escrito un libro sobre lógica que era maravilloso...

...Introducción a la lógica formal. Uno de los ejemplos que pone se basa en el muelle de Porcillán en Ribadeo.

¡Ah, pues no lo recuerdo! ¿Y eso?

Alfredo Deaño era de Ribadeo.

¿De Ribadeo? ¿No lo sabía! Pues Introducción a la lógica formal es una de las mayores influencias de mi vida. En ese libro hay un cuento policial sobre un crimen que se comete con un disco de vinilo afilado. De ese cuento nace Bailaré sobre tumba.

Demostró ser polifacético desde el comienzo. A pesar de tener formación de guitarrista clásico, comenzó tocando la batería en Siniestro Total y se mantuvo durante muchos años en ese puesto.

Es que éramos tres guitarristas y Miguel Costas dijo que él solamente sabía tocar la guitarra. Yo pasé a la batería y Alberto Torrado, al bajo.

Tras sacar su primer disco, ¿Cuándo se come aquí, en pleno auge de la banda, se produce algo decepcionante: su cantante de entonces, Germán Coppini, no sigue. ¿Lo echaron por estar también en Golpes Bajos, la banda que formó con Teo Cardalda?

Lo hablamos con él. Le dijimos que no tenía sentido que fuese el cantante, la figura más visible, en dos grupos tan distintos. Él lo entendió. Miguel Costas se puso al frente. Al marcharse Miguel, me tocó a mí.

¿Le sorprendió que Germán Coppini, que estaba en un proyecto punk caracterizado por la agresividad y la retranca, formase otro que era opuesto: pop de temática amorosa?

Germán era muy inquieto y le interesaban muchas cosas. Estaba muy fascinado porque el guitarrista del grupo de punk The Dammed había hecho un disco de funk con el nombre de Captain Sensible, (Capitán Sensato), El capitán y las mujeres primero (1982). Fue una justificación para que él le dijese que sí a Teo Cardalda para hacer canciones en la línea del funk británico. En esa época, Golpes Bajos crece y Siniestro Total decrece mucho. Germán tenía que elegir entre poner una vela a Dios y otra al Diablo, no se puede servir a Dios y al dinero.

¿Cómo recibió la noticia de su muerte? ¿Mantenían contacto?

Fue un mazazo tremendo. Nos seguíamos viendo de vez en cuando. Era un tipo educadísimo y teníamos una buena relación.

Me confesaba que la marcha de Coppini los dejó descolocados como grupo. Su ausencia se produjo en 1983.

Temimos desaparecer. Pensamos que se acababa Siniestro Total. El cantante es el que está delante, el mascarón de proa que marca el rumbo del barco. Germán era muy bueno. La canción Ayatolah es mía, pero no sabía por donde tirar y él dio en el clavo.

¿Qué fue de Alberto Torrado, otro de los miembro originales de Siniestro Total?

El rock and roll quema. Alberto estaba también con Os Resentidos, que era más relajado. Ahora vive en Madrid, donde escribe partituras. Pasa de los escenarios. Esta es una vida muy cansada. Tienes que viajar a la quinta puñeta, tocas y te vas. Ni siquiera ves el sitio.

Una década después de la baja de Germán Coppini, sufrieron la de Miguel Costas, en 1994. Acababan de grabar Made in Japan.

A Miguel no le pareció bien ir a grabar Made in Japan a Estados Unidos. Tenía miedo a la violencia del país.

¿Fue un cobarde?

No, no. Es lo que nos venden, que en Estados Unidos hay un tiroteo a la vuelta de cada esquina; pero es que es gigante. Si pensamos en Europa y nos dicen que hay un asesinato en Noruega, pues es un asesinato en Europa; no nos afecta. Él quería retirarse y nosotros estábamos con un foquete no cú, hiperactivos, pensando en hacer discos y discos, y él se cansó.

¿Por qué fueron a grabar el álbum Made in Japan a Memphis, en Estados Unidos, y no a un estudio en Londres?

Porque queríamos tener un sonido más americano que británico. También nos gusta su modo de trabajar. Aquí tardábamos un mes en grabar un disco; allí, una semana. Estuvimos una semana trabajando a destajo y dejamos el disco grabado en ese tiempo. Al acabar nos fuimos a Nueva Orleans. Nos buscaron una casa estupenda, pero la señora no quería grupos de rock porque acababan de estar Guns & Roses y se la habían destrozado. Al final accedió. Pasamos por la casa a dejar las maletas y le dijimos a la señora: "Venimos en un rato". Ella nos dijo: "No váis a venir en un rato". Tenía razón. En Nueva Orleans hay juerga 24 horas al día.

Su sonido es cada vez más americano.

Fue emocionante grabar en Memphis. El primer día nos quedamos sorprendidos de lo bien que sonaba. El productor, Joe Hardy —graba a ZZ Top—, nos dijo: "Pues esto es lo peor que va a sonar".

La cultura popular, que es algo que le interesa mucho.

Admiro a la gente que mezcla la alta y la baja culturas. James Joyce tiene una conexión popular, como la tienen Shakespeare u Homero.

¿No teme, con tanta cita, incidir en su estereotipo como intelectual del rock?

Me gusta el blues de Howlin’Wolf y me gusta Jorge Luis Borges. Parece que me tengo que disculpar. Pido perdón por las disculpas. En Estados Unidos se mezclan con naturalidad. Leer a Borges es muy divertido. El humor salva, la retranca salva cualquier cosa. He utilizado citas de Nietzsche para hacer canciones. En la canción Esta vida es una mierda, del disco En beneficio de todos, hay frases de Nietzsche. Hay una tercera vía.

"La religión tiene personajes de ficción que son fascinantes"
La religión es un asunto presente en muchas de las letras que Julián Hernández ha escrito para Siniestro Total.

¿Por qué habla tanto de religión?

Borges decía que la burguesía argentina cree en el más allá, pero no le interesa. A mí, me pasa al revés. No soy creyente. La religión es algo muy divertido.

¿Esa visión irónica no puede ser entendida como una falta de respeto hacia quienes creen?

No es falta de respeto. Es que la religión tiene unos personajes de ficción fascinantes.

¿Qué es lo que más rechaza de los creyentes?

Tienen una parte política que no me gusta, pero de entrada son muy divertidos. Da mucho juego. Eduardo Haro Tecglen decía sobre Juan Pablo II que "tiene la cara del hombre que perdió la fe". Ratzinger, que es un intectual impresionante, ¿cómo va a creer en Dios?

Centrémonos en su pasión por el apocalipsis. Es bastante confesional.

El fin del mundo es una idea de lo más socorrido para llegar al final de la entropía; a la idea de que todo tiende al caos, de que no podemos ordenar nada. La bomba atómica determinó muchas cosas: el arte de Jackson Pollock, la música elecroacústica,... La entropía es importante en la cutura popular. De vez en cuando ordeno mi estudio, el lugar donde compongo. Decido que, cuando use una guitarra o un cable, voy volver a dejarlos recogidos en su sitio; pero eso dura muy poco por culpa de la entropía.

Se mueve entre lo elevado y lo popular. Los bares son espacios muy queridos en sus canciones.

¿Qué sería de nosotros sin los bares? Vas al bar del pueblo y te comunicas. No me gusta el fútbol; pero, si no opinas, te hacen el vacío. Yo soy genéticamente del Celta. El bar es el territorio de la comunidad al que voy porque no voy a misa. La historia de los bares es algo muy intenso. Y eso que aquí no hay música. En Estados Unidos hay un grupo tocando en directo en cualquier sitio. En Galicia los bares son el lugar de la comunidad; como en Inglaterra. En la película El amor es el diablo ves al pintor Francis Bacon borracho en el pub hablando sin control. Es un intelectual de dimensión internacional que está en el pub con sus amigos.

 

"Tengo sin hacer una novela ambientada en El Pardo en 1975"
Dejó la carrera de Filología por sus estudios de música, pero no la literatura. Sigue leyendo mucho y escribiendo algo.

Una de las preguntas más absurdas y reiterativas que le hacen es la relativa a su papel de intelectual del rock and roll. No entiendo la contradicción entre ambos intereses.

Yo tampoco la entiendo, pero siempre tengo que contestar a eso y al accidente de coche a raíz del que nos pusimos el nombre Siniestro Total. Cansa.

Vamos a obviarlo. ¿Por que empezó a escribir?

Me llamaron de Debate para que escribiese una novela e hice ¿Hay vida inteligente en el rock and roll?, un ensayo de aeropuerto en el que busco vida inteligente en el rock a modo de los trogloditas. Me llamaron de Espasa para que escribiese una novela e hice Sustancia negra. A Antón Reixa le gustó, pero a otros no les gustó nada. Me lo pasé bomba escribiéndola. Ser escritor es mi trabajo ideal, estar en casa riéndome a carcajadas.

¿Tiene otra novela empezada?

Sí, tengo una; pero está estancada. Es una aventura ambientada en el Monte del Prado, en el año 1975. Salen la jefatura del Estado, la Zarzuela, Corina,...

Esa trama parece tener que ver con dos asuntos presentes en Sustancia negra y en muchas de sus canciones: el surrealismo y el apocalipsis.

En Sustancia negra hay apocalipsis de fondo. También hay más de delirium tremens que de surrealismo. La idea del insecto de Kafka me encanta, pero no hay transformación en mi libro. El insecto que lo protagoniza es el malo en el Jardín de los Suplicios. No lo piensas, pero las ideas salen volviendo atrás. El Libro del Apocalipsis es muy bonito.

Participó en el espectáculo Frankenstein! con la Real Filharmonía, a medias entre lo popular y lo culto.

En esa obra se mezclan la cultura popular con la música de cabaret y la música dodecafónica sin ningún complejo.

Hizo usted la traducción del texto original en alemán.

H. K. Gruber la escribió en alemán vienés, pero me apoyé en una traducción al inglés.

Intervino como actor en la representación.

Fue pura fachada. Cuando tenía que salir, intenté escapar.

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