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Germán Díaz: "Mi primera zanfona la compré con un premio"

Germán Díaz. ELENA MORA
Germán Díaz. ELENA MORA
Germán Díaz se fue con una guitarra y volvió con un trozo de Edad Media, un rejuvenecido instrumento que protagonizó un concierto en el Pazo de San Marcos este domingo

CON SU HABILIDAD es capaz de rejuvenecer hasta a un instrumento de más de 1.000 años. La zanfona se hace actual en las manos del artista Germán Díaz, pucelano de nacimiento y gallego por decisión. Este domingo actuó en el auditorio del Pazo de San Marcos con motivo del Celme de Zanfona.

¿Se sigue sorprendiendo con la zanfona después de tantos años?

Queda muchísimo por descubrir de ella en Galicia. Su música era transmitida por algunos ciegos que, al mismo tiempo, compartían cultura y la forma de vivir. Desde que nació hace más de mil años, que no es poco, llama la atención incluso a los compositores contemporáneos por las posibilidades sonoras que tiene, su timbre tan novedoso... Va a ser el instrumento de moda.

Y en Lugo más que en ningún otro sitio.

Me encantaría hacer de Lugo la capital mundial de la zanfona, debería serlo. La historia, el Camino Primitivo, los vestigios y la recuperación que partió, precisamente, de un lucense, lo convierten en un lugar importantísimo en la historia del instrumento.

¿Y esa importancia se traduce en el interés de la gente por conocerlo?

Cada vez más gente joven se interesa por él. Hasta diría que Lugo es donde más zanfonistas hay por metro cuadrado.

Da clase en Fingoi, en Madrid o con la Tradescola. ¿Sus alumnos ya tienen antecedentes relacionados con la zanfona en su familia?

Hay alumnos que sí, que sus padres formaron parte de algún grupo mítico, pero en general no. A los niños les fascina la zanfona y desde la Tradescola hacemos conciertos tradicionales para incitarles a que la conozcan. Me parece que es una gran puerta de entrada para la música.

Usted la conoció de niño.

Yo gané un concurso de canción tocando con mi guitarra en Castilla y León y el premio era justo lo que costaba una zanfona, que me la compré en el curso de la Asociación Ibérica de la Zanfona. Luego fui a una formación al monasterio de la Santa Espina y allí me encontré con tantos maestros que me cautivó. Tendría 15 años.

¿Y la guitarra?

La dejé de lado totalmente.

A lo mejor de sus clases sale un nuevo Germán Díaz.

Sería estupendo. ¡Y con los errores corregidos! (Ríe).

A usted algo de familia sí que le viene el gusto por la música. Su tío es Joaquín Díaz, una eminencia del folclore.

La verdad es que yo escuchaba discos de Joaquín, pero nunca en directo por que ya se había retirado. También a Amancio Prada, a Milladoiro, a grupos que han permitido que el público conociera el instrumento y Joaquín hizo mucho de esto, descubrir a la gente muchas cosas: los romances, la música tradicional...

Y a la inolvidable Cecilia.

Pues sí, la descubrió él. Yo era muy pequeño entonces, tanto que ni había nacido, pero su música la escuché luego también.

¿La música va en los genes?

Todos los hermanos hemos estudiado música, así que algo tendrá que ver. Mis dos abuelas eran pianistas y crecimos rodeados de mucha música y muy variada. Es una suerte estar en un ambiente así.

¿Han cambiado sus gustos musicales?

Cada vez me gusta más la música tradicional de Galicia, al vivir aquí... También por Antón Santamarina, que siempre me está descubriendo algo nuevo. Es una persona de esas que te anima a seguir conociendo cosas

¿Satisfecho con su decisión de asentarse en Arneiro (Cospeito)?

Sí, aunque ahora nos moveremos un poco hacia Lugo. Pero en ningún otro sitio se vive como en Galicia. Aquí la música está siempre presente, la gente canta mientras trabaja, y hace a las personas más felices. Ya se ha visto, las dota de una sensibilidad diferente.

La pandemia lo demostró.

Claro, la música es algo necesario que la gente demandaba, pero se está banalizando un poco. Que Spotify te diga las canciones en vez de descubrirlas por ti mismo... A mí lo que me gustaba de pequeño era descubrir las canciones.

La música hasta mantiene relación con la física. Acaba de participar en un proyecto que así lo confirma.

Sí, ayer en el Pazo de Fonseca. Fue un proyecto muy interesante que nació del Instituto Galego de Física de Altas Enerxías y que mezcla la narración científica con el espectáculo visual, musical e interpretativo en torno a las estrellas y al Camino. Fue una manera de hacer más atractiva la física.

Este fue solo uno más de todos los proyectos de su agenda. ¿Cómo los compagina?

No lo sé, pero con dos niños pequeños voy a dejar de hacer algunas cosas a lo largo de este año. Aún así, tenemos un concierto en la Sala Berlanga de Madrid y un curso en Alemania en noviembre, además de las clases.

¿Y algún otro plan, aunque sea a largo plazo?

Estoy empeñado en desarrollar un autómata con la zanfona que espero hacer con Francisco Remiseiro, Fran Alfaro y César Loureiro.

El domingo estará en Lugo en el Celme de Zanfona. ¿Qué se va a encontrar la gente?

Eso lo explica mejor Luciano [Pérez], el director del Centrad, pero en el encuentro se va a presentar un catálogo interactivo con imágenes en 360º del interior y ortografías métricas de la zanfona, que permite medir el instrumento desde casa y sin manipularlo. Es una gran ventaja porque en Galicia hay bastantes instrumentos históricos sin catalogar. También se va a hablar de los músicos pioneros de la zanfona hasta la recopilación de Faustino Santalices, con la financiación del filántropo Antonio Fernández, además de mesas redondas, músicos...

¿Es una cita también para los que no tiene relación con la zanfona?

Es bonito descubrir cosas nuevas y esto puede ser muy interesante. A los conciertos sí que invito a ir a todos, para que vean la manera tradicional de tocar de Caruncho, la habilidad barroca de Tobie Miller o a nosotros.

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