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"No dejé que la censura en Irán me parase; incluso fue lo que desató mi creatividad"

Niloufar Banisadr, en Lugo. SEBAS SENANDE
Niloufar Banisadr, en Lugo. SEBAS SENANDE

La artista iraní radicada en París Niloufar Banisadr ofreció una conferencia en O Vello Cárcere bajo el título 'Arte, desafío y censura', en la que contó su experiencia como creadora entre dos mundos, Occidente y Oriente

La censura que sufrió en su país natal, Irán, y que llegó a poner en peligro a su familia, la llevó a exiliarse en Francia. Desde allí, Niloufar Banisadr siguió desarrollando su trabajo artístico, un trabajo que tiene textura de tela: la de la yihab que cubre el cuerpo, la de las toallas que son su huella o la de las banderas que pueden llegar a ahogarlo. Este jueves habló de su experiencia como mujer artista en O Vello Cárcere, con motivo de su exposición Brave, organizada por el Ayuntamiento de Lugo y
comisariada por About Art.

En su serie Mes Voyages contrasta dos cuerpos distintos, el iraní de la yihab y el occidental de los vaqueros y el ombligo al aire. ¿Qué contradicción muestra esta dualidad?
Mi deseo era mostrar dos modos de vestirse completamente opuestos. En la parte de arriba está el velo, que se usa para ir al colegio; en la de abajo, aquella ropa que se lleva por la noche en el norte de Teherán, donde la población pertenece, sobre todo, a la pequeña burguesía. Hay una contradicción entre una vestimenta interior libre y otra exterior impuesta.

¿Cuál es la identidad de la mujer retratada en sus fotografías?
Esa mujer es doble, dividida entre Oriente y Occidente, a veces más de una latitud que de la otra.

AUTORRETRATOS. "Trabajo conmigo misma porque no quiero poner a nadie más en peligro con mis fotografías"

Esa mujer es usted. ¿Por qué trabaja con su propia imagen?
Trabajo conmigo misma porque no quiero poner a nadie más en peligro con mis fotografías. Mi trabajo es comprometido políticamente. Usar mi imagen es una doble manera de firmarlo.

El retrato de su cuerpo se superpone y se mezcla con distintos espacios u obras de arte de referencia en las dos culturas, pero al mismo tiempo se mantiene idéntico en todas ellas. ¿Cuál es la relación entre ese cuerpo y el espacio?
El cuerpo es el espacio de nuestras emociones, más o menos visibles. A su vez, los lugares son el espacio donde creamos y desarrollamos esas emociones y recuerdos. Simbolizan las huellas de lo que somos, de lo que fuimos. El lugar y el retrato juntos expresan estas cuestiones. Pero, como si se tratase de un juego, a veces las imágenes vuelan más allá de su concepción inicial.

En Irán, las mujeres están protestando contra el uso obligatorio del velo. En Francia, sin embargo, está prohibido en la escuela, lo que también suscitó controversias. ¿Considera que esta prohibición puede ser otra forma de censura?
Tal vez, de algún modo, al menos esta problemática esté poniendo en cuestión ciertos conceptos en torno a la libertad. Tenemos que respetar las creencias de las personas, aunque no las compartamos. No podemos dejar que la gente ande desnuda donde quiera, o que oculte su rostro en ciertos lugares donde eso puede suponer un peligro, pero, en general, somos libres para vestir como queramos, dentro de un marco social. Ese marco es muy distinto entre lugares, y siempre está cambiando. La censura provoca frustración y exasperación, y hace que la gente acabe por romper las reglas a veces solo para alejarse más de ellas.

AUTONOMÍA. "Las prohibiciones provocan frustración y hacen que la gente quiera romper las reglas solo por alejarse más de ellas"

En la obra Colours of Freud, su imagen se funde con la bandera de Irán. ¿Es también esta bandera una tela que tapa el cuerpo?
Intento reforzar la identidad de esta serie con la bandera iraní. Y sí, esos colores son los que cubren la parte desnuda del cuerpo.

Su trabajo fue censurado en Irán. ¿Cuáles fueron las consecuencias en su vida de esta censura?
De esa censura surgieron mis deseos de crear y desarrollar mis proyectos en Europa. Descubrí nuevas líneas en series como Voiles aux vents, The Imprint —sobre el rastro del cuerpo en toallas—, The Polish Chair —donde una silla sustituye el cuerpo de una mujer. Aunque no me libré de la censura en la serie de Freud, tampoco dejé que eso me parase. Incluso me abrió nuevas puertas, ideas y horizontes. Fue un punto de viraje que desató mi creatividad, y no un freno, aunque el camino ha sido y es difícil.
El cuerpo de la mujer en Europa sigue siendo objeto de censura en el arte. Facebook vetó la obra The Origin of The World, de Courbet, y Alemania y Reino Unido se negaron a exhibir las pinturas de Egon Schiele en vallas publicitarias.
No creo que se le deban poner límites al arte, siempre y cuando hablemos de arte, y no de cualquier otra cosa concebida para escandalizar o para cualquier otro fin. Si es arte, no puede ser vulgar, y menos aún pornográfico. 

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