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Dani de la Torre idealiza la amistad adolescente en el drama 'Live is life'

El cineasta Dani de la Torre (centro) posa con los cinco actores debutantes de "Live is life" en Málaga.
El cineasta Dani de la Torre (centro) posa con los cinco actores debutantes de "Live is life" en Málaga.
La película, rodada en la Ribeira Sacra, se presentó en el Festival de Málaga. El filme más personal y sensible del cineasta monfortino llega a los cines el 13 de agosto

El cineasta monfortino Dani de la Torre presentó este domingo en el Festival de Málaga su largometraje más personal y sensible, Live is life, un filme rodado den la Ribeira Sacra que es relato idealizado de la amistad y del amor a la familia, que se nutre de sus propias experiencias en el que quizá fuera "el último verano de su adolescencia".

De la Torre compareció tras la proyección de la cinta en una rueda de prensa acompañado del elenco de la cinta, cinco jóvenes debutantes que llevan el peso de la historia: Adrián Baena, Juan del Pozo, David Rodríguez, Javier Casellas y Raúl del Pozo.

La historia comienza en Barcelona, cuando Rodri (Baena) huye de unos matones de su clase a los que esquiva en una atlética persecución que acaba en el taxi de su padre que, con su familia dentro, le espera para viajar a la Ribeira Sacra -donde se rodó la cinta-, donde veranea con sus abuelos. Es el verano 1985 pero, a diferencia de otros años, sus amigos se enfrentan a problemas mucho mas graves: el padre de Suso (Rodríguez) ha sufrido un accidente laboral y está en coma, y uno de sus amigos gemelos, Álvaro (Juan del Pozo) está mucho peor del cáncer que padece.

Pero De la Torre, arrebatado por un guion mucho más "intenso" de lo que es él, escrito por su amigo Albert Espinosa, según recalcó, se deja llevar y compone un homenaje a la inocencia e idealiza esa amistad de muchachos unidos por un lugar mágico, el bellísimo paisaje gallego que funciona como un personaje más.

"Cuando yo era pequeño éramos más ariscos, no mostrábamos tanto los sentimientos, pero cuando algo pasaba, íbamos todos a una", recordó el director, que ha adornado cada plano con un recuerdo de los ochenta: un mádelman, un bolly-cao, panteras rosas, petardos, cromos o bicicletas y motos que se usan sin casco.

"Era el 'no sentir el peligro de cerca', que solo se vive a esas edades", apuntó; no tener teléfonos móviles, sino funcionar solo con "las necesarias relaciones con los que iban al pueblo: me impactaba de pequeño ver a chavales que manejaban un tractor con 12 o 13 años; chicos con cargas de adulto que ahora nos chocan, porque los padres de ahora parece que los apartan de las verdaderas responsabilidades".

Ese verano quieren hacer algo especial; es la noche de San Juan y quieren acampar juntos para recoger una flor cuya savia dicen en el pueblo que cura todos los males. En medio de tan bucólica historia, los chicos son machacados por los "malotes" de la localidad y se encuentran con un bebé huérfano de una madre yonki.

Aunque De la Torre precisó que Live is life (el título y banda sonora de la cinta de la canción de Opus) no es cine social, hay acoso, cáncer, droga que se muestran sin dolor, sin sufrimiento, únicamente como propuesta del entorno de una época que "hace ya 40 años que pasó", agregó el cineasta.

La película está sobrecargada de emotividad, en parte por el guion pero también por la propia naturaleza de una pandilla de quinceañeros de los ochenta "vírgenes" de tecnologías, teléfonos móviles, juegos en red y pletóricos de hormonas y de ganas de dar sus primeros besos.

Y la enfermedad y la muerte, como realidades con las que hay que convivir, tampoco podía De la Torre contarlas de otra forma: mientras preparaba el proyecto, su madre enfermó y murió de cáncer. Fue ella quien le dijo que hiciera esta película y "se dejara de tiros", dijo entre risas el director de El desconocido (2015) y La sombra de la ley (2018).

"Fue mágico acordarme de ella todos los días, volver a mi tierra. Estoy orgulloso de este trabajo y, por primera vez, no estoy tan pendiente de lo que digan", apostilló. Los actores, chavales de la generación Z, aseguraron que hacer la película les ha abierto los ojos al placer de la compañía, de disfrutar de la naturaleza, "pasear y echarse unas risas" en lugar de meter la cabeza en la tableta, señaló Casellas, Garriga, el personaje con el que más se identifica De la Torre. La cinta, que contó con una aportación de 100.000 euros de la Diputación de Lugo, llegará a las salas el 13 de agosto.

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