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Constantino Bértolo: "Ahora los escritores son marca ya antes de empezar a escribir"

Constantino Bértolo. EP
Constantino Bértolo. EP

Tiene 72 años. No es una edad para descubrir, ni siquiera para cuestionar. Tal vez para analizar y, sobre todo, para recordar. Pero este editor, y crítico literario y gastronómico, ha vuelto a preguntarse

Constantino Bértolo (Navia de Suarna, 1946) no ha dejado de preguntarse nunca. Sus preguntas actuales, las que se plantea en esta etapa vital de sosiego, se basan en la acción. Estudia "por qué Galicia no tiene épica" y "quién es Stalin para un comunista". 

La literatura que se lee ahora en España está escrita en inglés. Usted luchó durante toda su carrera como editor por promover autores españoles. Creó un sello especializado, Caballo de Troya, dentro de la editorial Debate. La dirigió durante diez años, entre 2004 y 2014. ¿No tiene la convicción de que ese resultó empeño inútil? 

Los resultados son a tan corto plazo que triunfa el autor que tenga el márketing como poética en la cabeza. La literatura interioriza el mercado; siempre se escribió para el mercado, pero ahora se hace en el mercado. 

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Caballo de Troya sigue existiendo, pero con editores que se van rotando cada año. Parece que la conducen con las luces apagadas porque no tiene presencia. 

Lo que hacen los editores es publicar su agenda de amistades. El director literario de Debate, Claudio López de Lamadrid, tiene el detalle de consultarme, pero procuro estar apartado del mundo editorial porque no quiero ser sombra ni que me maten. Caballo de Troya fue el último intento por hacer la edición que yo quería y se pareció bastante. 

Usted se mantiene alejado de la edición por un motivo de edad, pero la edición está desapareciendo porque el autor accede más directamente a la publicación. 

Un síntoma es que, cuando empecé, los editores éramos críticos literarios que pasábamos a las editoriales. Hoy en día son periodistas. El editor debe tener una buena agenda de medios de comunicación. Lo importante antes era la selección, ahora lo importante es la promoción. 

Los escritores son marca. 

Son marca ya antes de empezar escribir. Ha cambiado el modo en el que se construye un editor. El papel de la edición tradicional era homologar lo que es o no literatura y qué debe hacerse público. Ahora no son los editores lo que dan a conocer algo, es internet. El editor actual debe tener buenas antenas para saber quién tiene marca. Si lee es un fracasado.

Estará usted horrorizado con el nuevo paradigma de la edición.

Me parece normal. Es una consecuencia de la desacralización de la literatura. No me parece mal. Los editores trabajan para el capital y la burguesía no cree en Dios, cree en el negocio. 

Algunos autores declaran en cada libro que la literatura es algo sagrado porque escriben sobre literatura. Pienso en Vila Matas o Sebald. 

Son fetichistas. Más que gustarles la literatura, les gusta que les guste la literatura. 

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Parece desencantado con la literatura.

La literatura me sirvió como escalera de ascenso social. Mi padre era un contratista que no leía libros, pero los compraba para sus hijos. Tenía conciencia de que sus hijos debían poseer cultura. Imagine lo que supuso llegar a Navia de Suarna y decirle a mi abuela: "He leído a Rilke y lo entiendo". A los 9 años me fui de Lugo a Madrid. Me marcó Robinson Crusoe, que es una historia que asocio con vivir solo en el campo. Soñaba con hacerme una cabaña en Navia. Me construí a través de la literatura y le debo una parte de lo que soy. Ese proceso coincide con que empiece a cuestionarme mi desclasamiento. 

Escribió antólogías de textos de Lenin y Marx, ahora está ocupándose de Stalin. Continuemos la conversación hablando sobre él.

Un comunista debe dar respuesta a Stalin. Decir que fue un pirado, un malvado o un asesino no es una respuesta. Una respuesta patológica no es válida para un comunista. Hace un año leí una entrevista con el pensador Raymond Williams, que aplicaba el concepto de tragedia al comunismo, que veía el comunismo como una tragedia clásica, como Coriolano, de Shakespeare, por ejemplo. 

¿Como una tragedia épica?

Tiene que ver con el destino. El léxico de la revolución –francesa, rusa– es una dinámica de fatum en aras de algo superior. En la tragedia clásica el héroe es el que salva y condena. El comunismo no se ha recuperado del estalinismo ni del antiestalinismo. El estalinismo nos pone de los nervios. Hay un intento de colocar el estalinismo como un paréntesis con el que no estoy de acuerdo. Debemos dar cuenta de eso, debemos explicar de dónde nace y por qué tuvo esos efectos. 

Hay valentía en su planteamiento. Cuando menos en que adopte una posición incómoda.

Es que no se puede no dar respuesta. Debemos investigar hasta qué punto Stalin fue una individualidad y hasta qué punto fue un colectivo. Las purgas fueron fuertes en el Partido Comunista, pero una parte del Partido Comunista lo apoyó. La tradición dice que fue por miedo, pero una parte del partido apoyó a Stalin. 

El episodio más penoso fue el protagonizado por los dirigentes acusándose a sí mismos de delitos contra la Revolución Soviética.

Las purgas de dirigentes es un tema curioso para investigar. Bujarin dijo en el juicio contra él: "Admito la traición, pero no soy un traidor". Quería decir que era comunista y no he traicionado la Revolución, no lo he hecho como un traidor. Las actas de los juicios se hicieron públicas para rechazar la purga secreta. El embajador de Estados Unidos en la URSS entre 1936 y 1938, Joseph Davies, publicó el libro Misión en Moscú (1941) sobre su estancia en el país. Cuenta maravillas sobre Stalin. Es cierto que en ese momento eran aliados. 

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¿Davies asistió a las purgas?

Sí. Su impresión es que se declaraban culpables de modo convicente. 

¿Encuentra épica en ese sacrificio por la colectividad?

La épica es un colectivo transformando el mundo. En Roma se hace al servicio del entendimiento del Derecho como convivencia y poder. Estudiando Filosofia a finales de los 60, tenía un catedrático que decía que ya no existía la épica, pero yo sabía que sí porque había leído los Cantos pisanos de Ezra Pound. En el pensamiento hegemónico, la épica es algo arcaico. 

Galicia es otra de sus preocupaciones en relación con la épica. La ausencia de épica en Galicia, en concreto. 

Ferrín recupera la épica en Contra Maquieiro. En Longa noite de pedra, de Celso Emilio Ferreiro, hay épica. Covadonga de Xosé Rubinos es un libro de poesía épica clásica, intenta recuperar una tradición. El nacionalismo gallego inventa Galicia como tradición, necesita crearse una identidad con arraigo. Murguía lo hace. 

Murguía no escribe historia, escribe política. 

Inventa una identidad, como se hizo en España con El Cid, Roncesvalles o Covadonga. La historia de la literatura nace en el siglo XIX al crearse la nación, es un invento nacionalista. La nación inventa la literatura. La literatura se narra a sí misma con los autores propios y los traducidos. La historia de la literatura española debería ser la historia de la literatura en español, lo que se leyó en España. Pocas veces se recuerda, pero también hubo literatura en latín, en hebreo y en árabe hecha en España. También la que se ha leído, como Flaubert o Balzac.
 

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