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Conde: "Mis personajes son montañas suaves de Ourense"

Ramón Conde, en la galería La Catedral 1. MARÍA G. MORADO
Ramón Conde, en la galería La Catedral 1. MARÍA G. MORADO

El escultor presenta 21 esculturas calvas y desnudas en la muestra 'Los delirios', que inauguró en la galería La Catedral 1 de Lugo

Ramón Conde titubea cuando se le pide que cuente un sueño, uno cualquiera. "Mis sueños son normales, no sé". Las personas con trabajos solitarios reflexionan profusamente mientras hay luz. Liberan sus obsesiones durante el día. Por eso carecen de sueños recurrentes.

El escultor presentó este viernes en La Catedral 1 de Lugo Los delirios, 21 esculturas que permanecerán en la galería lucense dos meses.

La obra de Conde sí que es recurrente. Son cuerpos humanos:complexiones fuertes y caras poderosas o cuerpos voluminosos y caras de ancianos. Es difícil saber si son hombres feminizados o mujeres cargadas de feromonas. "Están más allá del sexo". Son calvos y están desnudos porque están solos y parece que no tienen nada que esconder.

Viste de negro, como todos los artistas que ceden el protagonismo a su obra. Está elegantemente musculado. Un día eliminó el pelo de sus esculturas y de su cabeza. Los personajes "no tienen pelo para hacer un acercamiento al paisaje en el aspecto geológico".

Ramón nació en 1953 en Ourense, una ciudad cercana a varios montes. Una parte de las esculturas que muestra en Lugo son figuras obesas que el artista identifica "con esas montañas suaves" en el sentido de que vincula "la masa con el poder". "No sé el motivo, quizás porque mi padre era fuerte, relaciono el volumen con la fuerza y la fuerza con el volumen".

Los personajes de mis esculturas son calvos para hacer un acercamiento al paisaje en el aspecto geológico

El poder y la figura paterna conducen inevitablemente a Kafka. El escritor checho es el manual de instrucciones de Ramón Conde. La mirada del ourensano es negra y compacta; también huidiza. No cruza los ojos con su interlocutor hasta que reconoce su territorio delimitado, como le pasaba a Franz. "Me siento muy cerca de Kafka porque su obra gira alrededor de las relaciones con el poder, la familia, los complejos personales...". Al igual que en su modelo literario, en las obras de Conde hay un aroma de surrealismo.

"Me interesan mucho las teorías surrealistas, sus manifiestos; las obras que hicieron a partir de ellas, menos. Pienso en Buñuel y me pregunto: ¿su cine le ayudó a entenderse? Acabo de leer unas memorias de su viuda, Jeanne Rucar, en las que comprobé que era una persona normal".

El surrealismo no es la clave, pero tampoco el realismo ni el expresionismo; aunque Conde reconozca trazas. "Casi todo el arte del siglo XX son reflexiones nacidas del psicoanálisis, que después fue tan denostado por sus excesos", explica.

Conde trata de entenderse a través de su trabajo. Comenzó con 21 años, ahora tiene 67. Lleva cuarenta años en el proceso. "Somos capaces de analizar, más o menos, la sociedad; pero no de hacerlo con nosotros mismos. No somos objetivos".

Me siento muy cerca de Kafka porque habla de relaciones con el poder, la familia, los complejos...

Ese proceso de sumergirse en sí mismo genera "una evolución lenta", pero constatable en sus piezas. En La Catedral pueden verse cabezas con varias caras. Tratan de reflejar "el modo en el que las imágenes se forman en el cerebro cuando estamos entre la vigilia y el sueño". El autor niega toda relación con Proust y conduce otra vez a Kafka "por el dramatismo".

La escultura es estática por definición, pero el artista ourensán busca derrumbar esa base en obras como Loco por los libros, en la que un hombre hace un difícil escorzo sobre una estantería de libros. Ramón Conde lo levanta y lo coloca de tres maneras diferentes. Su obra es recurrente, pero nunca deja de avanzar lentamente; como las montañas.

Conde: "Mis personajes son montañas suaves de Ourense"
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