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Catalina de Zúñiga, la gran desconocida de Monforte

Colegio del Cardenal, vista aérea. TOÑO PARGA
Colegio del Cardenal, vista aérea. TOÑO PARGA

UNA NOBLE INFLUYENTE ► Catalina de Zúñiga y Sandoval fue la madre del VII Conde de Lemos, Pedro Fernández de Castro. Los historiadores la consideran una mujer muy culta y con mucho poder, que fue persona de confianza de la reina Margarita de Austria en Madrid y que tuvo un papel importante en la configuración de Monforte del siglo XVI

AL HABLAR de los condes de Lemos la figura que mayor proyección tuvo fue el séptimo, Don Pedro Fernández de Castro. Se destaca su contribución al arte y a la historia de la ciudad. Sin embargo, muchos historiadores consideran que su papel como mecenas y persona relevante es herencia directa de su madre, Doña Catalina de Zúñiga y Sandoval, un personaje desconocido sobre el sobre el que ha indagado la investigadora Manuela Sáez.

Catalina de Zúñiga nació en Tordesillas (Valladolid) en 1555. Sus padres fueron Fernando Sandoval y Rojas, IV Conde de Lerma, e Isabel de Borja y Castro. Nació en una familia de abolengo por ambas ramas, ya que su abuelo paterno era San Francisco de Borja, General de la Compañía de Jesús. Su hermano, Francisco de Rojas, era el valido de Felipe III, lo que la convertía en una persona con mucho poder en el reino.

Sus orígenes familiares hicieron que recibiera una amplia formación académica, ya que como asegura Sáez, las nobles del siglo XVI y XVII eran mujeres muy cultas y con amplios estudios. En el caso de Catalina de Zúñiga, la que fue VI Condesa de Lemos tras su matrimonio con Fernando Ruiz de Castro, tuvo mucho interés por los tratados de arquitectura y la música.

Se informaba muy bien de las cosas que había que hacer

PRESTANDO AYUDA. La vida de la condesa de Lemos transcurrió entre las ciudades de Monforte, Madrid y Nápoles. En la ciudad del Cabe jugó un papel muy importante ya que se encontraba aquí cuando se estaban realizando las obras en el convento de la Compañía de Jesús (actual colegio del Cardenal). Durante la construcción del mismo, el cardenal Rodrigo Castro, conociendo su interés por la arquitectura, decidió pedirle su ayuda organizativa en los trabajos en el recinto, para que ella diese indicaciones sobre cómo debían desarrollarse esas tareas en el edificio.

Sáez señala que Catalina de Zúñiga tenía una amplia colección de libros y tratados de arquitectura que fueron expuestos en el convento de las Clarisas de Monforte. Pero el convento de la Compañía no fue el único proyecto relacionado con la arquitectura en la que la sexta condesa de Lemos influyó. Según la información que consiguió Manuela Sáez, "Catalina de Zúñiga se empeñó en arreglar el Palacio de San Vicente" y habría dado indicaciones sobre cómo debía arreglarse el palacio, decidiendo por ejemplo "donde debían ir las ventanas".

Dentro de las obras de arquitectura durante el reinado de Fernando Ruiz de Castro, Catalina de Zúñiga impulsó la construcción del Palacio Real de Nápoles, una obra que llevó a cabo Domenico Fontana. Sáez considera que Zúñiga "se informaba muy bien de las cosas que había que hacer" y por eso participó en la construcción de los distintos monumentos, dando su opinión.

MÚSICA. Profundizando en la figura de la condesa de Lemos, la investigadora comprobó que la música era otra de sus grandes pasiones.

Según cuenta Sáez, el músico Francisco de Montana le dedicó un libro que publicó en 1594, siendo el segundo libro dedicado a una mujer del siglo. Ambos personajes tenían relación ya que el músico estaba al servicio del VI Conde de Lemos y con Catalina de Zúñiga impartía clases de músicas a los tres hijos del matrimonio (Pedro, Francisco y Fernando). De hecho, la condesa de Lemos propuso al cardenal Rodrigo de Castro la creación de una cátedra de música en el colegio de la Compañía, Ese interés por la música influyó mucho en sus hijos, que tenían mucho talento para las artes. Es más, en las cartas que Catalina de Zúñiga enviaba a su marido destacaba las poesías de su hijo mayor, señalando que debían conservarse para el futuro.

El apoyo a las artes, y en concreto a la música, no era el único mecenazgo que realizaban los condes sino que tanto ella como su marido hicieron lo mismo con pintores y autores de la época. Así por ejemplo, Lope de Vega le dedicó a Catalina de Zúñiga una octava real en la obra Fiestas de Denia al Rey Católico Felipo III de este nombre.

Otro de los papeles a tener en cuenta de esta mujer fue la influencia que tuvo sobre su marido y la política. Según cuenta Sáez, su esposo le consultaba sobre cómo debía actuar ante determinados asuntos. Además, por la relación que Catalina de Zúñiga tenía con su hermano, Francisco de Rojas (que recordemos que era valido de Felipe III). Era bastante común que "si alguien quería un favor del valido, lo normal era tener contacto con una mujer importante y congraciarse con ella", señala Manuela Sáez,

Tras la muerte de Fernando Ruiz de Castro, Catalina de Zúñiga y Sandoval entró a formar parte de la Corte como camarera mayor de la reina Margarita, esposa de Felipe III. Este cargo la convirtió en una persona imprescindible dentro de la Corte, y los problemas que tuvo el VII conde de Lemos en Madrid (tuvo que huir al mostrarse contrario a la defenestración de su suegro y luego se le prohibió regresar a la capital) no afectaron a su papel como persona de confianza de la reina.

Catalina de Zúñiga, la gran desconocida de Monforte