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Animación stop-motion gallega, amasando arte

Largas horas de trabajo foto a foto en Artefacto
Largas horas de trabajo foto a foto en Artefacto

En pleno apogeo de la animación 3D, hay quien reivindica los orígenes de la animación artesanal con objetos reales foto a foto.  A pesar de que el núcleo de la animación stop-motion española se localiza en Valencia, en Galicia brotan proyectos desde el autodidactismo y las ganas de hacer algo diferente.

Diferente, pero no novedoso, ya que la técnica se remonta a los comienzos del cine. Tal vez por ello se ve “desprestigiado” en los últimos años frente a técnicas más novedosas surgidas de la evolución de la informática. Así lo cree Xosé Zapata, de IB Cinema.

Ante esto, la productora de animación de Continental, Chelo Loureiro, defiende la línea “de autor, artesanal”, que “confiere un acabado especial a la obra”, y asegura que el 3D produce “cierto rechazo por imitar la realidad a tal nivel de perfección que resta humanidad”.

El atractivo de esta técnica lleva a que algunos creadores decidan dar el salto de pequeños cortometrajes, proyectos educativos y spots publicitarios al primer largo de animación stop-motion del país.

(Vídeo: David Cabezón)

Ensayo y error
Para sus proyectos, Zapata cuenta con “colegas que trabajan en Aardman” y que aceptan ayudar en las vacaciones, ya que considera que en “Galicia no existe el nivel técnico suficiente”. “Se aprende currando, y aquí no hay proyectos”, afirma el productor.

 Artefacto y Algarabía, a pesar de que se llevan unos 10 años de experiencia, repitieron patrones formativos: “el ensayo y el error”, practicados en los cortos. “Seguramente ahorraríamos mucho con una escuela de animación”, confesa Virginia Curiá, de Algarabía. Por su parte, Zapata recuerda que los grandes estudios se localizan en el Reino Unido “donde no hay escuela”.

Las producciones de stop-motion hechas hasta ahora en Galicia son pequeños proyectos con escaso presupuesto que sirven como campo de pruebas, alguna de las cuales llegan a destacar, como Minotauromaquia , que funcionó a nivel internacional “por el uso de claves universales”.

El recorrido de los cortos se limita a los festivales, ya que pocos son los canales –y ninguna la grande pantalla– que se deciden a meter estas pequeñas piezas en su parrilla. “Las distribuidoras mostraron una concienciación con los cortos en la polémica de los Goya, pero hasta ahora en las teles los cortos sólo se venden a 30 euros por minuto”, afirma Loureiro.

La productora de Continental reconoce que de partida saben que el dinero invertido en un corto “no va a tener retorno económico”, pero tampoco cae en saco roto, ya que sirve para promocionar “la técnica y los nuevos directores”.

Ambiciones
Cerrando un poco los ojos a la realidad que demuestra que cada día de rodaje sólo se consiguen unos 10 segundos de película, los creadores de animación stop-motion sueñan con ver sus largos en las salas de cine.

Conde y Curiá ya llevan un par de años dándole vueltas a un proyecto de largo que ya tiene nombre, O sacauntos, pero que permanece en stand-by. “Un largo, por poco ambicioso que sea, ya es muy ambicioso”, afirman desde Algarabía, que ya vio abortado por problemas de presupuesto su Pica Pica Circus, propiedad de la productora Lúa Films.

También Continental anda dándole vueltas a un anteproyecto de largo, según aseguró Loureiro. Pero los primeros en lanzarse a la piscina serán, según lo previsto, IB Cinema y Artefacto, con presupuestos que rondan el millón de euros.

El director valenciano Sam dirigirá Ramón, un largo paródico de las películas de terror que comienza ya con el rodaje del corto Werepig y que terminará a finales de 2009. Para ese mismo año, Artefacto prevé el inicio del rodaje de El Apóstol, en la que trabajarán entre 12 y 15 meses, después de la serie Sombras en la noche, ya iniciada con el corto Leo.

“En España aun nadie se atrevió con una película de animación stop-motion con todos los medios”, afirma Fernando Cortizo, de Artefacto, quien reconoce que esta técnica lucha con la necesidad “de mucha gente, lo que no la hace rentable; y más en las pantallas, donde priman los números”. Por ahora, el arte queda relegado a los festivales, y en algunas ocasiones desemboca en la vía principal, “donde están los recursos”.

Pequeños experimentos
A pesar de que hasta ahora sólo se acometieron pequeños experimentos de muy bajo presupuesto, existe una “buena cantera” en los pequeños estudios de animación que surgen en Galicia. Es el caso de Algarabía, la productora de Tomás Conde y Virginia Curiá, que comenzaron con esta aventura en el año 1994, con un corto realizada para la Escuela de Imagen y Sonido de A Coruña y en la que se llegaron a fijar los de Aardman –creadores de Wallace y Gromit–, titulado Alegría de puerta tierra.

Tras este primeroescarceo vino la publicidad, pero pronto las compañías esgrimieron que la plastilina se asociaba a los supermercados, según recuerda entre divertida y fastidiada Curiá. En su curriculum se encuentra también la cabecera del Guiñol de Canal+.

Ahora, preparan dos trabajos con Continental. El primero, una serie educativa de prevención de accidentes domésticos para niños, titulada ¿Y por que? También acaban de comenzar el segundo corto que emplea esta técnica de la productora coruñesa, tras La flor más grande del mundo, de Juan Pablo Etcheberry, basado en un cuento de Saramago y nominado al Goya. Se trata de una adaptación del clásico El soldadito de plomo, con un toque gallego.


Plastilina para mayores
En 2007 comenzó su andadura la productora Artefacto, especializada en animación con plastilina. Sus fundadores, Fernando Cortizo e Isabel Rey, ya realizaron anteriormente algunos cortos en esta técnica, como La promesa o El ladrón de muñecas. Su línea va por otro camino, más orientado a un público adulto y con La novia cadáver como modelo. “Nuestras armas son los guiones cuidados, los actores y los ambientes llamativos”, explica Cortizo.

Ahora son siete trabajando en el estudio, la mayor parte procedente de las Bellas Artes, que se fueron formando con la práctica.  Los de Artefacto cayeron en las redes de la plastilina porque “el realismo y la expresividad que consigue es mucho mayor”.  Al mismo tiempo, procuran destacar sus historias con una técnica “menos vista”.

Sus muñecos ya conquistaron a actores como Xosé M. Olveira ‘Pico', Luis Tosar o Carlos Blanco. Para las próximas producciones esperan contar con la voz y la gestualidad de actores con gancho como Héctor Alterio, Gabino Diego o Rosa María Sardá.

También para adultos, pero algo más gamberro, es lo que se traen entre manos los de IB Cinema. Tras apadrinar Minotauromaquia, de Etcheberry, premiada en más de 50 ocasiones en festivales de todo el mundo, la productora se lanza de nuevo a la stop-motion, de la mano del animador valenciano Sam con El ataque de los kriters asesinos y el corto Werepig, de unos 20 minutos de duración y que se terminará en abril.

Animación stop-motion gallega, amasando arte
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