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Andrés Goteira, director de 'Dhogs': "Sin tener un padrino es muy difícil hacer una película"

Andrés Goteira, recollendo o premio á Mellor Dirección. TVG
Andrés Goteira, recollendo o premio á Mellor Dirección. TVG

El largometraje, que es el más galardonado de la historia de los Premios Mestre Mateo, ya se puede ver en carteleras de Ferrol, A Coruña, Viveiro, Santiago y Lugo.

El director de Dhogs, el filme más galardonado de la historia de los Premios Mestre Mateo, Andrés Goteira, ha admitido que realizar una película "sin tener un padrino detrás es muy difícil" y que el largometraje gallego puede llegar a ser "erróneo", porque su reducido presupuesto se suplió gracias "a la energía y el esfuerzo" del equipo.

Andrés Goteira (Meira, Lugo, 1983), ha participado en el ciclo A cor das palabras 2018, organizado por la sala Numax, en Santiago de Compostela. Con su ópera prima estos días en cartelera, ha destripado las entrañas de la grabación de una película que era el "sueño" que este ingeniero de Telecomunicaciones escribió mientras "hacía camas en un albergue en Edimburgo". En un coloquio abierto en la misma sala en la que se puede ver la película, Andrés Goteira ha repasado con absoluta sinceridad los claroscuros que esconde la creación de una película en una industria cinematográfica en la que las cifras se miden por decenas de miles y en la que "mucho se mueve por contactos".

Dhogs, rodada en gallego, consiguió casi alcanzar el pleno en los premios Mestre Mateo que concede la Academia Galega del Audiovisual, con 13 de las 17 estatuillas dedicadas al cine. La película estaba precedida por su éxito en festivales como el de Sitges o Buenos Aires, y avalada por la presencia de actores gallegos como Antón Durán Morris o Carlos Blanco.

La película fue galardonada en los premios Mestre Mateo, que concede la Academia Galega del Audiovisual, con 13 de las 17 estatuillas dedicadas al cine

Pero su rodaje, producción y distribución fue una experiencia "a veces terrible", según ha admitido Andrés Goteira. Todo arrancó cuando el director novel, con parte del guión escrito, regresó a Meira, con la previsión de destinar al proyecto 20.000 euros. Pero la cifra se fue incrementando progresivamente, gracias a las aportaciones del Ayuntamiento de Meira, la Diputación de Lugo, a Axencia Galega das Industrias Culturais (AGADIC) y del crowfunding, hasta alcanzar unos 130.000 euros que, sin embargo, solo permitieron que "cobrara el equipo, no la parte ejecutiva". "Sin tener un padrino detrás es muy difícil hacer una película, a Eduardo Casanova lo llamaron cuando se enteraron que iba a hacer la película, pero eso no pasa en Meira", ha bromeado.

Uno de los primeros pasos de lo que ha definido "más como un máster que como una película" fue contactar con actores de la talla de Morris o Carlos Blanco que, a pesar de lo complejo del guión, aceptaron porque confiaron en que se iba a "hacer algo especial". "Así que tuvimos que ir retirando a los actores meiregos" —de su localidad, de poco más de 1.000 habitantes—, ha explicado, en tono de humor, "pero lo entendieron bien, porque les dices que va a hacer su papel Morris, y claro... lo entienden, aunque siguen siendo tus amigos y te vas de cañas con ellos".

Una de las primeras administraciones en apostar por el proyecto fue la Diputación de Lugo, a pesar de que todavía quedaban muchos puntos por cerrar. Y ante la falta de presupuesto definitivo, Andrés Goteira decidió grabar en tres partes. La primera fase se filmó en A Coruña, durante seis días, contando con una cifra de 35.000 euros. La segunda, en la que el director pretendía rodar en un "desierto crudo, tipo los de los hermanos Coen", se planteó en las dunas de la playa de Corrubedo, si bien "allí donde ponías la cámara aparecía una farola, calles... o una vaca".

Actores de la talla de Morris o Carlos Blanco que, a pesar de lo complejo del guión, aceptaron porque confiaron en que se iba a "hacer algo especial"

Pero la fortuna hizo que esos mismos días el Agadic comunicase que aportaba otros 30.000 euros, que permitieron continuar el rodaje en Almería, en un desierto con montañas en el que se filmó durante nueve días. A continuación, se realizó un parón de 4 meses.

Aunque analizando todo el proceso Andrés Goteira cree que la estrategia de dividir en tres partes fue "errónea", por el "cansancio" que supone y la situación casi de "obsesión" de estar "pensando en eso durante todo un año", admite que "de la financiación" el equipo "aprendió mucho". "No teníamos ni idea de cómo hablar para convencer de una paranoia como esta", reconoce.

Durante el rodaje, uno de los momentos que describe como "más interesante y muy divertido" es el de la "lucha con producción". "Como director sientes que es muy interesante, si empiezas a ceder en todo al final haces una película que no es la tuya, porque no supiste decir que no". Aunque se trata de un proceso complejo y largo, que en la fase de producción, la "peor", llegó a provocarle "ansiedad", este joven de Meira —localidad que le gusta introducir repetidamente en su discurso— lo tiene claro: "Aprendes tanto en todas las fases que yo aconsejo a todo el mundo hacer una película". "Yo tenía un sueño, la película, el resultado, pero al final lo más divertido es lo que hay detrás, el sueño es lo que pasa cuando quieres alcanzar el sueño", reflexiona.

"Ni ahora pienso que puedas vivir de ser director de cine"

Doghs presume de galardones y éxitos en Buenos Aires, Londres o Sitges, además de ser la película más premiada en la historia de los Mestre Mateo, pero este reconocimiento no aporta a Andrés Goteira la osadía de considerar que sea fácil ser director de cine profesional. "Ni ahora pienso que puedas vivir de ser director de cine", confiesa, antes de proseguir, con absoluta llaneza, explicando que en la fase de la distribución, el equipo de Doghs descubrió que "esto también va de contactos".

Pero en su caso, como casi todo el proceso que describe, de contactos afortunados y casi casuales. "Entregamos el DVD, con la película aún sin terminar a AGADIC, y de ahí llegó al CGAI, y Jaime Pena dijo aquí hay algo...", y de ahí, tras rechazar el propio equipo su presentación inicial en Ourense por no estar terminada, fue elegida para proyectarse en Buenos Aires y, finalmente, en Sitges. Un encadenamiento de acontecimientos en los que cree que la clave, sin embargo, es simple: "Rodearte de amigos, con los que puedes hablar de lo que sea, y que si un día de caes te ayudan a levantarte" además de "rodearte de un equipazo" como el que lograron juntar.

PRÓXIMOS PROYECTOS. Pero tras ir conociendo el funcionamiento real del mundo audiovisual, explica que "hacer una película como Dhogs no baja de 500.000 euros", una estimación que, más allá de plantear como un logro su actual película, "asusta" y le hace "reflexionar" de cara a perfilar sus próximos proyecto. En la actualidad trabaja en el desarrollo de esa segunda película, con título provisional de Starmucks, un thriller que dará continuidad a su primer largometraje, y en un biopic y tragicomedia de un joven actor en crisis. A la espera de sus nuevos proyectos, Dhogs ya se puede ver en carteleras de Ferrol, A Coruña, Viveiro, Santiago y Lugo.

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