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Ana de Matos: "Como no sé hablar en chino, sonrío,y eso ya cambia todo"

Ana de Matos, este martes en Lugo. XESÚS PONTE
Ana de Matos, este martes en Lugo. XESÚS PONTE

La artista desarrolla desde 2006 'The Living Water', un proyecto sobre la globalización que muestra parcialmente en el Museo Provincial

Ana de Matos viaja desde Lugo a todo el mundo, desde Madrid a todo el mundo y desde Barcelona a todo el mundo. Coge vuelos desde los aeropuertos más cercanos a las casas que habita con el fin de viajar, principalmente, por Asia y Centroamérica.

Ana de Matos (Lugo, 1963) comenzó en 2006 The Living Water, un proyecto sobre la globalización que desarrolla, fundamentalmente, en Asia y Centroamérica. "Siempre en lugares que no sean de turismo porque el turismo llega, fotografía y se va", y De Matos quiere entender a las personas y los paisajes que visita.

The Living Water consiste en comprender la globalización porque la creadora propone que esa realidad "debería de servir para que toda la comunidad se beneficiara y no solo hubiera un enriquecimiento material en un solo sentido. Además debería ser útil para mejorar la comprensión y potenciar tanto nuestros trabajos, así como mejorar y engrandecer nuestra existencia".

Emprendió el análisis de la creciente conexión del mundo hace diez años, cuando empezó a fotografiar "las fábricas de China en las que hacen la ropa de las grandes pasarelas de París o Moscú". Junto "a unas fábricas muy bonitas", había otras situadas en "descampados, con las trabajadoras viviendo en habitaciones desangeladas" sobre los centros de producción. De Matos matiza que "tienen un montón de hilos" que manejar "y, si se rompe uno de ellos, tienen que repararlo sobre la marcha. Comen allí mismo, no pueden parar". Pese a esa denuncia, reconoce que "desde 2006 mejoraron las condiciones".

Ana de Matos estuvo fotografiando esas empresas con permisos limitados a determinadas acciones y a ámbitos concretos, pero usó esas autorizaciones con laxitud para sacarles partido.

Como dedicaba "muchas horas en la calle" a documentarse para sus proyectos, los chinos acababaron por integrarla étnicamente. "Pensaban que era una de ellos porque China es tan grande que se hacían a la idea de yo era de alguna región lejana. Se dirigían a mí en chino, un idioma que no sé hablar; pero, como hay tantos dialectos, se convencían de que no les entendía por eso", explica. Ese convencimiento tranquiliza, pero no genera la confianza necesaria. "Sonrío y eso ya cambia todo", remarca con una sonrisa.

KOLAM. La artista se encontró con un modelo a escala de su proyecto de usar el arte como información y acercamiento colectivo en los "kolam" hindús. Señala que "las mujeres salen a las puertas de sus casas antes del amanecer, limpian el umbral –que suele ser de tierra– y hacen unos dibujos geométricos con polvos de arroz en los que indican la situación en la que está la familia ese día". Los mensajes son tanto estados de ánimo como "una primera menstruación". Esas obras sirven "tanto para dar la bienvenida a los que llegan como para desear un buen día a los que salen, y eso ya cambia el día".

PANAMÁ. Otro de los espacios en los que creó material para The Living Water fue en Panamá, un país que recorrió amparada por su certeza de que "la gente es buena por naturaleza". Lejos de temer ser una víctima por viajar sola, esa convicción la anima a buscar ayuda. "En una ciudad panameña tenía que cruzar una avenida que era muy ancha y tenía mucho tráfico. Paré un coche y el conductor me llevó al otro lado", recuerda.

Más peligrosa que esa travesía fue atravesar la selva del país centroamericano para llegar a las islas de San Blas. "Volábamos en una avioneta del tamaño de un taxi. Si caíamos en la selva, no tardaríamos en morir porque abajo estaban las serpientes más venenosas del mundo", afirma.

Cinco fotografías y grabados de The Living Water –que agrupó bajo el nombre Washerwomen in the River –forman parte de la exposición colectiva Eu...Ti... Ela... Nosoutras. Nosoutrxs en rede, abierta en el Museo Provincial de Lugo.

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