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"En Lugo me vestía para la fiesta: un día fui de nazi por la Praza Maior"

Alberto Comesaña y Cristina del Valle. EP
Alberto Comesaña y Cristina del Valle. EP
Amistades Peligrosas es un dúo de enfados, reencuentros y perdones. Su carrera depende de estados de ánimo, pero han llegado a treinta años. Vuelven con el sencillo 'Alto el fuego' y con una gira. Alberto Comesaña reconoce que entre las etapas importantes de su vida está Lugo

Han vuelto a hacerlo. Alberto Comesaña y Cristina del Valle se han reconciliado y vuelven a actuar juntos. El momento les ha coincidido con los 30 años pasados desde que debutaron en 1991 con Relatos de una intriga. Ambos fueron a ver un concierto de unos amigos, Mastodontes. Eran amigos en común. Ellos los reunieron. Volvieron a ponerse uno frente al otro. Se explicaron. Cristina propuso recomponer el dúo por la efemérides.

Cuenta la reconciliación en Alto el fuego.
Es una música de hace unos años a la que había puesto tres letras distintas. Una porno muy bestia, otra muy cursi y otra de la pandemia, pero no me apetecía. Le di una vuelta y se la presenté a Cristina pensando que no le iba a gustar. Pero me equivocaba.

Sufre de insomnio. ¿Escribe de noche?
Compongo de día. Antes estaba toda la noche con una idea. No compongo mucho. Es algo circunstancial. El mercado ha cambiado mucho. La música vive del directo, ya no se gana dinero con los discos, ni con los derechos de autor. Yo no lo gano ya como presentador. Vivimos de la nostalgia, del Estoy por ti y de Lo estás haciendo muy bien. Desde 2005 sacar temas es tirarlos a la basura. Me encantaría que Alto el fuego fuese un hit, pero la mecánica del márketing ha cambiado mucho desde los 80 o los 90. Hay herramientas con las que no logro hacerme, como las redes sociales. Cristina las conoce. A mí me ocupan demasiado tiempo.

¿A qué dedica usted ese tiempo?
A cuidar de mi jardín, a pasear a mi perro, a caminar,... Quiero hacer los ocho caminos de Santiago. He hecho dos. Primero hice el básico, de Samos a Compostela. A mi suegro le gustaba mucho Samos y tengo un cuñado que hizo un retiro espiritual en el monasterio. El segundo que hice fue en bicicleta desde Boadilla del Monte, donde vivo, y tardé 11 días.

Tiene su 'cuarto de emigrante' en casa. Un lugar para la morriña. ¿Su interés por el Camino nace de esa nostalgia por Galicia?
La Xunta ya me había encargado un programa especial y un disco sobre el Xacobeo en 1997, Jacobsland. Me empapé de la historia del Camino. El alcalde de Melide, Miguel Pampín, me nombró caballero del Camino de Santiago con el compromiso de hacer la ruta. Lo hice y me enganchó desde el punto de vista de la meditación, del ejercicio espiritual y religioso. La siguiente será el Camino Primitivo, el que pasa por Lugo.

Vivió en Lugo entre 1978 y 1983.
Fui a estudiar perito agrícola. Empecé en la música en el pub Stilton, en un callejón detrás de la plaza de abastos. Grababa vídeos de Mecano, Alaska o Radio Futura y los ponía en un proyector. Compraba discos en el Ocarina, en la Praza do Campo. Los viernes por la tarde me volvía loco. Me vestía para la fiesta.

Camino de Santiago
"Hice el Camino desde Samos porque a mi suegro le gustaba mucho y un cuñado hizo un retiro en el monasterio"

Lo recuerdan vestido de jinete por la calle de los vinos.
Para ellos iba de jinete; para mí, de nuevo romántico, con la estética de Spandau Ballet o Visage. Fui uno de los que empezaron con la movida en Lugo. Fue en donde hicimos Semen Up. Un día me vestí de nazi y un amigo mío hacía la representación de judío al que azotaba. Íbamos por la Praza Maior. Tuvimos un enfrentamiento con unos militantes del BNG que estaban en una terraza. Algunos no entendían la broma. Lugo fue mi primera vez fuera de casa. Estuve en siete u ocho casas. Al principio en la residencia Eijo Garay, pero solo tres meses porque conocí a unos compañeros. Viví en un piso al lado de la Escuela. Después me fui a una casa en la Praza do Campo, que fue la que más me gustó porque estaba integrado en la ciudad. Pasé por un piso en Bolaño Ribadeneyra y por otro en Celso Emilio Ferreiro.

Fue impulsor de la movida en Lugo, pero también había un local de jazz en Vigo, Satchmo, que se reorientó hacia la Movida. Usted bailaba solo en la pista.
Bailar nunca me ha dado vergüenza. No sigo el ritmo de la gente. No decía: Hay que ir a tal sitio porque ahora van todos para allí. Iba una hora antes a los sitios. Así podía pedir al DJ la música que quería y el camarero me atendía mucho mejor. Cerraba los ojos, y me ponía a bailar. El sitio que me gustaba en Vigo era El Kremlin. Con esto de la Movida había muchos sitios que se frecuentaban que eran feos e incómodos. No era asiduo del Satchmo, pero sí recuerdo haber visto allí a Golpes Bajos en su primero o segundo concierto, cuando empezaban Germán Coppini y Teo Cardalda.

¿Cómo era Coppini?
Lo conocí un día de casualidad en Vigo, cuando acababa de volver de Lugo. Era introvertido, arisco, con mucha vida interior, atormentado. Era complicado de tratar. Muy culto e irónico. Nos hicimos muy amigos porque coincidíamos en la estética y en los gustos musicales. Seguí una carrera paralela a la suya, del grupo Semen Up al dúo Amistades Peligrosas.

Su muerte propició la vuelta de Amistades en 2013.
Era Nochebuena. Me afectó mucho. Envíe un mensaje a Cristina del Valle para decirle que la vida es muy corta, que en cualquier momento nos puede pasar algo y que no quería vivir enfadados.

¿Pasaban demasiadas horas juntos?
La convivencia no es fácil. Los dos somos de carácter fuerte. Cuando teníamos el grupo ya discutíamos y estábamos días sin hablarnos. Al tener una relación y trabajar juntos era más complicado. Era difícil estar juntos en el trabajo y después, en casa.

El 25 de junio empezarán en Madrid su gira.
Van saliendo galas, las salas están abriéndose poco a poco. Mi idea no es dar unos conciertos y despedirnos. Espero estar actuando los años 2021, 2022 y 2023 por España y Latinoamérica. No hemos actuado juntos en Latinoamérica. Nos daba pereza ir en el invierno de aquí, que es el verano de allí.

¿Por qué los grupos de los 80 siguen teniendo buena recepción en Latinoamérica?
Porque son más de artistas que de canciones.

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