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José Ovejero: "No soy el tipo de escritor que le hubiese gustado a mi madre"

José Ovejero (ISABEL WAGEMANN/PÁGINAS DE ESPUMA)
José Ovejero (ISABEL WAGEMANN/PÁGINAS DE ESPUMA)

Cumplió su vocación de ser escritor y, hasta hace seis años, la de ser extranjero. José Ovejero (Madrid, 1958) hablará sobre la primera este viernes con los lectores a las 18.30 horas en la librería Lectocosmos de Lugo y a las 21.00 horas en O Vello Cárcere. Su nuevo libro, Mundo extraño, es un volumen de cuentos de un apátrida que aprendió a leer con Ulises

ANTES DE empezar la entrevista, José Ovejero se disculpa por los ataques de tos futuros, por el traqueteo ferroviario de sus pulmones que interrumpirá su discurso. "Estoy con gripe, como todo el mundo". Es lo único que hace "como todo el mundo". Espera estar curado para mañana, cuando acudirá desde Madrid a Lugo para presentar los cuentos de Mundo extraño (Páginas de Espuma) y a apoyar el nacimiento de la revista cultural Hechos Mínimos.

Su charla será sobre "el proceso creativo". Es uno de esos títulos continente en el que caben todos los temas o una sutil improvisación.
No soy de improvisar. Cuando hablo en público prefiero ir preparado. Escribo lo que voy a contar, aunque no leo en el acto.

Improvisar en público provoca un vértigo excitante.
Durante dos años fui actor. Preparé un monólogo con los cuentos de mi libro Qué raros son los hombres. Un mayor riesgo que subir a un escenario es imposible. Si preparo las intervenciones lograré tener una comunicación más profunda con los lectores.

Quería irme, pero no sabía por qué ni para qué. Con 25 años me fui a Alemania, donde hice de amo de casa

Estuve preparando esta entrevista; pero solamente me encontré al autor, no a la persona.
Nunca hablo de mí. Hablo de literatura. Se me encuentra en mis libros, por detrás. Al final el escritor no tiene importancia. Suelo derivar las entrevistas hacia la literatura.

Su biografía dice: "Vivió en Bonn y Bruselas". Sin más explicaciones.
Desde muy joven quería irme de España. Mi vocación es la de ser escritor, pero también la de ser extranjero.

Sus protagonistas miran la realidad desde la distancia. Usted también buscó distanciarse.
Quería irme, aunque no sabía por qué ni para qué. Con 25 años me fui a Alemania, donde hice de amo de casa porque trabajaba mi mujer. Mientras tanto, hice un curso de traductor, que me sirvió para ser funcionario de la Unión Europea. En 2001 dimití de mi puesto porque era monótono. Yo era escritor. Tenía un buen sueldo, que me había permitido ahorrar. No sabía cómo iba a salir la aventura, pero ahora me dedico a escribir.

Es autor de China para hipocondríacos. Supongo que pasó un tiempo en el país asiático.
Unos meses.

¿Por qué eligió China?
Porque estaba lejos, porque no entendía nada; porque no conocía el idioma ni la cultura. 

Su vocación era la literatura, pero estudió Historia y no Filología.
Si hay algo que tenía claro era que quería ser escritor, pero no me interesaba estudiar algo relacionado con la literatura. Mi intuición era que ser escritor no era solamente mirar lo literario. Hoy en día no estudiaría Historia, haría unos estudios aplicados, como Economía.

¿Economía? ¡Qué horror!
Quiero entender cómo funciona lo que no entiendo. Tras la política hay unas estructuras...

...eso es marxismo.
Es marxismo. Hay estructuras de poder tras las ideologías. El Ibex 35 es un modo de resumir la realidad, responde a una realidad.

Mi madre siempre tuvo un deseo de transformación. No se conformó con la pobreza ni con ser de su clase

En sus novelas no aparece esa visión económica.
Aparecen las consecuencias. No es fácil para la literatura indagar en el tema económico, pero sí en las consecuencias. Hay un trasfondo social. Se habla de la España de la crisis, que empezó siendo una crisis y ahora es un sistema.

¿La economía afecta a las relaciones entre sus personajes?
Los transforma. Uno es lo que es su contexto. En mi novela La invención del amor hablo de la crisis, en la que lo mejor que puede pasarte es que no pase nada. Eso afecta a la convivencia.

También lo refleja en Venta segura, un cuento de Mundo extraño.
Sí, en ese cuento hay un joven que va a vender un seguro a una pareja de ancianos y él sabe que es una estafa, pero piensa que, si no lo hace él, lo hará otro. Fue como la estafa de las preferentes, con los bancos robando a tanta gente... Somos una sociedad competitiva que se desliga de la moral.

Sus padres fueron poco a la escuela, pero tenían La odisea y Las 1.001 noches.
Mis padres son de origen humilde. Mi padre fue albañil desde niño. Mi madre fue empleada de zapatería desde los 14 años hasta los 19, cuando lo dejó para casarse. Ella siempre tuvo una inquietud cultural y en casa había una de las esas colecciones de las grandes obras de la literatura. Estaban esos títulos que me acaba de citar y otros como La isla del tesoro. Eso es lo que leía de pequeño.

Ese niño ya quería ser escritor.
En mi casa no había ambiente cultural. Me crié en el extremo de un barrio obrero, en Vallecas. Ninguno de mis primos fue a la universidad. Mi madre siempre tuvo un deseo de transformación, no se conformó con la pobreza ni con estar obligada a ser de su clase social y cultural. Ella quiso ser escritora. Yo lo conseguí por ella y se siente orgullosa, pero la frustró que no me convertí en el tipo de escritor que quería que fuese. Le hubiese gustado que fuese un escritor más romántico y más positivo, y no tan oscuro y tremendo. Le digo qué libros míos puede leer y cuáles no porque la van a a horrorizar.

"Apoyar a Venezuela se condena moralmente, pero vender armas a Arabia Saudí es economía"
En el ensayo La ética de la crueldad, Ovejero trata del modo en que nos desentendemos de la violencia ejercida sobre otros.

¿Es un modo cobarde de protegernos?
Es más cómodo de cargarnos nuestro impulso ético que aceptarlo. Hay partes de la vida que intentamos excluir como si no fuesen nuestras. Si un político pide apoyo para un régimen como el de Venezuela por razones ideológicas es condenable moralmente; pero si vendemos armas a Arabia Saudita, es economía. Son puestos de trabajo. Usamos la ética para juzgar ciertas cosas y para otras, la escondemos.

El amor se entremezcla con la crueldad en sus relatos. ¿Partía del amor idealizado de las viejas novelas que había leído en su casa?
En mis libros hay un rechazo al amor romántico. Se entiende la desilusión como algo negativo cuando es lo contrario. Si eliminamos el engaño del amor nos enfrentamos a la realidad. Es más interesante, más complejo, más rico; hay más descubrimiento que decepción.

Analiza el amor como si fuese macroeconomía.
Cuando empiezo a escribir tengo una idea vaga del resultado. No voy con tiralíneas y regla. Trazo ideas que van apareciendo y después racionalizo.

José Ovejero: "No soy el tipo de escritor que le hubiese gustado a...
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