Un dólar que cobra fuerza ante el euro

DOLAR

Como diría Mark Twain, las noticias de la muerte del dólar han sido grandemente exageradas a lo largo de décadas. Pero ya no es siquiera la defunción, sino un debilitamiento orgánico, el que tampoco se manifiesta. La moneda estadounidense ya tiene más de un siglo de dominio mundial y goza de ruda salud. Y una demostración adicional de ello es la fortaleza que ha mostrado en meses recientes frente a la moneda común de varias naciones europeas.

La impresionante evolución tecnológica de décadas recientes no ha alterado el dominio de la divisa estadounidense, como tampoco su estatus como el principal refugio en las turbulencias financieras. El surgimiento de las llamadas criptomonedas (que más bien son activos financieros extremadamente volátiles) no ha reducido el atractivo del dólar, como por algún tiempo se temió (o deseó). Sí, han florecido plataformas que permiten a cualquier persona invertir o hasta especular con divisas, con software de “trading” como el metatrader 4 en AvaTrade (el más popular en el mundo). Lo que provocó fue un aumento en el tamaño del mercado.

Aunque el intercambio por divisas ha explotado, el dólar mantiene su impresionante imperio. El Banco de Pagos Internacionales, con sede en Basilea (Suiza), hace una detallada encuesta cada tres años sobre el mercado global de divisas. En 2016 el valor de los intercambios totales fue de 5.1 billones (el trillón estadounidense, con 12 ceros) por día (sí, promedio diario); para 2019 había ascendido a 6.6 billones (la correspondiente a 2022 será publicada en unos meses). De cada “par” de monedas que se intercambió, en 8.8 de 10 intercambios, el dólar fue una de esas monedas, la proporción más elevada desde 2001. El euro está en un segundo lugar, pero lejano, con 3.2 de 10 intercambios (el yen japonés en tercero y la libra esterlina en cuarto).

EUROS

Y en el último año el dólar lleva una senda de apreciación notable frente al euro, aparte de muchas otras monedas. Las paridades muestran la evolución de realidades y expectativas. En el largo plazo, su fortaleza o debilidad lo determina el nivel de la productividad y la inflación, siempre con relación a otros países. Pero en el corto plazo son muchísimas variables las que pueden afectar un tipo de cambio.

Pero puede decirse que la fuerte apreciación de la divisa estadounidense frente a la europea ya lleva un “largo plazo”. A finales de mayo de 2021, un dólar compraba alrededor de 82 céntimos de euro, mientras que a fines de junio 2022 la paridad correspondiente es de 95 céntimos, un nivel cercano al máximo registrado a principios de 2017. El ascenso ha sido una tendencia constante, prácticamente ininterrumpida. Tanto que ya en semanas recientes se empieza a hablar de una “guerra de divisas”.

Lo peculiar de esta “guerra” (aunque el término sin duda tiene su dramatismo periodístico) es que fue desatada por la inflación que ahora afecta a tantos países. Puede argumentarse que tanto la Reserva Federal como el Banco Central Europeo se durmieron en sus laureles inflacionarios, tras muchos años de inflaciones extremadamente bajas, nunca esperando que el fenómeno inflacionario fuese a ser tan abrupto y violento.

Debido al incremento en precios en tantos países, avanzados y emergentes por igual, lo que están buscando los bancos centrales es “fortalecer” sus monedas, para así frenar la inflación que se transmite o “importa” literalmente vía importaciones. Las monedas débiles gustan muchas veces a los políticos porque fomentan exportaciones y producción, pero no es el caso presente. La prioridad ha cambiado por completo porque ahora prima reducir el ritmo inflacionario con la mayor rapidez posible.

El banco central ubicado en Washington está reaccionando con mayor fuerza que el domiciliado en Frankfurt. El diferencial en tipos de interés se está abriendo todavía más, haciendo más atractivo colocar el dinero en dólares. Como tantos banqueros centrales, Jerome Powell ha movido su posición de la complacencia a la alarma. Es también el caso de Christine Lagarde, pero esta última no está siendo tan agresiva en materia monetaria.

Aparte está, por supuesto, el impacto de la guerra Rusia-Ucrania, que por razones obvias está siendo mucho más pronunciado en Alemania o Italia que en Estados Unidos. Finalmente, la flexibilidad de la economía estadounidense, sobre todo en materia laboral, es marcadamente superior comparada con naciones como España o Italia. El rompecabezas europeo tiene de todo en contraste con la homogeneidad de Estados Unidos. Recordando al Nobel de Economía, Robert Mundell, mientras que el segundo sí es un Área Monetaria Óptima, la Zona del Euro no lo es, en parte por las rigidices laborales que frenan contrataciones y despidos.

¿Hasta dónde puede llegar la paridad? Lo que ya está cerca en el horizonte es el 1:1, una barrera psicológica importante. No hay obstáculo alguno para que se sobrepase y el dólar siga su ascenso contra el euro