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Zoqueiros, un camino de lucha y renovación

Alberto Geada. JOSÉ M. ALVEZ
Alberto Geada. JOSÉ M. ALVEZ
Las zocas son un calzado primitivo que constituyen uno de los símbolos más identificativos de la provincia lucense, siendo ésta una de las profesiones más antiguas de Galicia y de Europa 

EL OFICIO de zoqueiro puede parecer casi una profesión en peligro de extinción desde finales de los años 70 en Galicia. Nada más lejos de la realidad, las zocas pasaron de ser el humilde sustento de muchos lucenses, para convertirse en una auténtica obra de arte y en un artículo de lujo en la actualidad. Alberto Geada es una muestra de ello. Este zoqueiro de 40 años de Alfoz es el último en activo de la provincia. Sus piezas son exhibidas en museos, pasarelas y espectáculos de todo el mundo. Este tradicional oficio vivió una auténtica revolución en las últimas décadas.

Este calzado de origen primitivo se realizaba en muchos casos en las propias casas interesadas, casi como un espectáculo en vivo. Los zoqueiros se desplazaban hasta las viviendas y las zocas eran utilizadas por todos los miembros de las familias. "Los zoqueiros siempre venían a mi casa hasta que mi hermano le pidió a mi padre las herramientas y le prometió que aprendería a zoquear", explica el zoqueiro de 85 años de Muimenta Paco Morán, que trabajó desde los 15 años en la profesión junto a sus hermanos. El cospeitense, que compaginó su faceta de artesano con una panadería, solía vender también sus piezas a un tratante.

A día de hoy, este calzado forma parte de una línea de divulgación y protección patrimonial. Además, el mercado se extiende a varios países de Europa. "El próximo año me gustaría arrancar con una de las exposiciones más importantes de Europa con la colección y el trabajo que estoy sacando", sostiene Alberto Geada, que no deja de buscar nuevos proyectos.

También pretende llevar a cabo para el próximo año una inciativa "muy ambiciosa", que consiste en crear al personaje de "el zoqueiro peregrino" con la ayuda de un patrocinador para divulgar y conservar esta pieza tradicional para el Xacobeo 2021. "Yo recompensaría a los interesados llevándolos a ferias y eventos importantes. La imagen que tengo en la cabeza es la de un peregrino en zocas, ese personaje que va a diferentes ferias y eventos", dice Alberto, que llevó sus obras hasta la pasarela Cibeles. "Me gustaría así llegar a sitios a donde no puedo llegar porque no tengo ayudas para este tipo de actividades", sostiene, ya que la colaboración de una firma en un proyecto cultural es "clave" para el zoqueiro.

Este trabajo dejó de ser rutinario para convertirse en toda una aventura que cambia día a día. "Nunca hago lo mismo. Me levanto a las nueve y organizo el día. Desde preparar la madera, hasta buscar nuevos clientes o visitar tiendas", declara el alfocés, que considera el oficio como «una lucha de supervivencia diaria». "Aunque el Covid-19 ha sido un golpe duro, también te impulsa a buscar nuevos proyectos", asegura.

CAMBIO EN EL MERCADO.Tradicionalmente, las zocas ofrecían una gran salida laboral para cientos de lucenses. "Comencé en el oficio por necesidad después de la guerra civil española", recuerda Paco Morán. Del mismo modo, la clientela experimentó un gran cambio con el paso de los años. Paco recuerda que él y sus hermanos iban por las casas de los pueblos cuando las familias gastaban el calzado. Sin embargo, las zocas tienen una utilidad más artística y expositiva en la actualidad. "Es un mundo muy amplio y no hay un único perfil de usuario", declara Alberto, que considera que él estaba predestinado a dedicarse a este ámbito. "Mi padre siempre trabajó en esto y yo le cogí el relevo. En ese sentido, me sentí muy apoyado", dice.

El Museo das Zocas de Muimenta, inaugurado el año pasado con la colaboración de la Diputación y la asociación Xotramu, contempla 40 pares de zocas diferentes de ocho zoqueiros de la comarca, entre los que se encuentran parte de la producción del cospeités Paco Morán. El museo contó con un presupuesto de 8.000 euros de la Diputación para el acondicionamiento del espacio y la recuperación de piezas. Aquí se hayan algunas de las zocas mejor conservadas de la comarca. A día de hoy es el único museo lucense dedicado en exclusiva a este arte tradicional, ya que el Museo das Zocas de Alfoz, presidido por Alberto Geada desde 2015, cerró sus puertas el año pasado. Entre otros tipos, este espacio contemplaba la típica zoca gallega, la madreña asturiana, la albarca de Cantabria, los zuecos navarros o los zuecos del Pirineo. El zoqueiro alfocés se queja además de que los artesanos «no reciben» las subvención íntegra de la administración que destina un total de 700.000 euros.

90 AÑOS DE ZOCAS. Norberto Piñeiro, natural de Vilalba y último zoqueiro de la comarca, aprendió el oficio a los 16 años y con 20 ya vendía sus propias creaciones por las casas. "Las casas ponían la madera y yo aportaba la herramienta. Cuando estaban lejos hasta me quedaba a dormir allí", explica el vilalbés de 94 años. Este zoqueiro se jubiló a los 82 años, pero continuó haciendo piezas posteriormente. "Aún guardo las herramientas con las que trabajaba", sostiene Norberto, que tiene ahora su material en venta.

Al igual que Paco, Norberto comenzó en el oficio por necesidad, aunque reconoce que enseguida le cogió el gusto a la profesión. "Le dije a mi padre que yo iba a ser un buen zoqueiro, que si no era bueno no merecía la pena", dice convencido. El nonagenario colaboraba también en su casa con las labores agrícolas, pero tiempo más tarde montaría su propio taller. "Cuando me casé, preparé mi lugar de trabajo en casa y después las vendía", declara Norberto. "Los zoqueiros que había por la zona cuando yo era pequeño eran pocos y malos", argumenta.

La provincia de Lugo es la tierra de las zocas por excelencia debido a su clima húmedo, y es que los zocos son más típicos en las zonas más cálidas de la geografía gallega, tales como Pontevedra y Ourense. Las zocas más antiguas datan del siglo XIII en Ámsterdam y Rotterdam, por lo que existen distintas variedades en función de las necesidades del territorio, que se encuentran en varios países europeos.

Los zoqueiros no son cosa del pasado gracias a una profunda renovación en el trabajo y en el perfil de cliente que se interesa por estas piezas únicas.La forma de relacionarse con el material no varía, pero los tiempos sí. Las zocas son un símbolo de distinción en el mundo de la moda y en múltiples espectáculos en los que se conjuga tradición y modernidad.

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