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Vacas locas, la epidemia que hace veinte años atemorizó a la provincia

Retirada de una vaca en Carballedo, donde se detectó el primer caso.
Retirada de una vaca en Carballedo, donde se detectó el primer caso.
El primer caso en España se detectó en una granja de Carballedo. En Lugo se registraron 114 de los 719 positivos de todo el país ► El Laboratorio de Sanidade Animal lucense, con equipos punteros, centralizó los análisis en Galicia e hizo el 40% de los nacionales

La alarma saltó el 22 de noviembre de hace ahora veinte años, cuando el entonces ministro de Agricultura, Miguel Arias Cañete, confirmó el primer caso de encefalopatía espongiforme bovina (EEB) que apareció en España. El contagio se detectó en Enxerto, un lugar de la parroquia da Aguada, en Carballedo. Veterinarios y agentes de la Guardia Civil se desplegaron en la pequeña explotación de O Patexo, apodo del vecino José Vázquez Bugueiro. Una res de su granja, de nombre Parrula, se convirtió en la primera vaca loca española.

Pronto siguió el goteo de casos, hasta contabilizarse un total de 315 en Galicia, la comunidad más castigada. España sumó 719 casos, pero Lugo fue la provincia española con más positivos, 114, "por la simple razón de que tenemos la mayor cabaña ganadera de vacuno", según explica el decano de la Facultad de Veterinaria, Gonzalo Fernández Rodríguez.

Esta epidemia provocó una alerta sanitaria que tuvo su punto culminante entre 2001 y 2003, para estabilizarse a partir del año siguiente. El último caso registrado en Galicia data de junio de 2014. Desde hace cuatro años, España es uno de los países donde el riesgo de EEB es prácticamente nulo.

Gonzalo Fernández, decano de Veterinaria. A. PALLÓN

La encefalopatía espongiforme, una vez transmitida a los humanos, causa el síndrome Creutzfeldt Jakob, una enfermedad neurodegenerativa irreversible, provocada por una proteína infecciosa llamada prión. "Se comprobó que esta dolencia del ganado bovino se debía al uso de materias primas de origen animal en la fabricación de piensos", agrega Fernández.

Las primeras evidencias científicas de que la EEB podía transmitirse a los humanos al comer carne infectada datan de 1995, pero los síntomas pueden tardar diez años en manifestarse. "Una vez prohibida la utilización de piensos animales era una cuestión de tiempo que disminuyese su prevalencia", asegura este catedrático de Sanidad Animal.

ALARMA. El mal de las vacas locas había originado decenas de muertes en Inglaterra. La amenaza de una epidemia tenía en jaque a las autoridades europeas, que se enfrentaban a la mayor crisis agroalimentaria del último medio siglo en Europa. De forma paralela se produjeron constantes movilizaciones de los ganaderos por su malestar ante el sacrificio colectivo de reses en los focos de contagio, además también demandaban ayudas ante la caída de precios. Paradójicamente, "o mal afectou máis ás frisonas -vacas de leite- que ás de carne, e non aos xatos por seren animais novos", explica Vicente López Ares, de Finca Arosa.

Parrula enfermó el 25 de octubre de 2000 y se enviaron sus restos al Centro Nacional de Referencia de Zaragoza, que dirigía Juan José Badiola, uno de los pocos investigadores del prión causante de la enfermedad, quien se convirtió en el asesor del Gobierno.

Era una dolencia nueva y se desconocía su comportamiento. Esa inquietud se reflejó en los medios y en la sociedad. Todos recuerdan las desafortunadas declaraciones de la ministra de Sanidad, Celia Villalobos, quien aconsejó que no se echasen "huesos de vaca al caldo de cocido" al confundir la médula ósea, que al no ser un tejido nervioso no tenía el riesgo de infección, con la médula espinal.

Pese a la incidencia de la EEB en Galicia no se contabilizaron contagios en humanos, aunque el Xeral de Lugo sí atendió algún paciente sospechoso de padecer la enfermedad de Creutzfeldt Jakob. En España hubo un total de cinco muertes y en Europa 200, la mayoría en el Reino Unido.

El matadero de Frigoríficos de Lugo (Frilusa), situado en la parroquia chantadesa de San Xoán de Laxe, fue el centro de sacrificio de las reses de explotaciones gallegas sospechosas de padecer la EEB. Durante once años, las instalaciones se dedicaron únicamente a la eliminación de estos ejemplares y a la recogida de muestras de los tejidos que podrían portar el prión para comprobar si padecían la enfermedad. Desde 2012 se reconvirtió en matadero de despiece de ganado vacuno y porcino hasta su cierre en 2017.

 

La Xunta, presidida por Manuel Fraga, creó un equipo para el diagnóstico y tratamiento de la enfermedad en el hospital Meixoeiro de Vigo como centro de referencia para Galicia.

ANÁLISIS. El Laboratorio de Sanidade y Producción Animal de Lugo centralizó los análisis de los tejidos de animales y entre los años 2000 y 2004 efectuó alrededor de un 40% de los test priónicos hechos en España. Para ello contaba con unas instalaciones punteras en Europa. "Los análisis del vacuno de carne debían hacerse con rapidez para dar un servicio inmediato. Los animales que iban a los mataderos no podían sacrificarse sino daban negativo", manifiesta Gonzalo Fernández.

La labor de detección era muy intensa, tanto a través de los análisis de laboratorio, como con la recogida de muestras en el Centro Integral de Eliminación de Riscos das Encefalopatías Esponxiformes Transmisibles de Galicia, ubicado en el matadero de Frilusa de Chantada.

La crisis de las vacas locas supuso "el fin del canibalismo, del consumo de piensos procedentes de animales de la misma especie", precisa Fernández. Pero, sobre todo, generó un cambio de gran magnitud en la seguridad alimentaria "con la aplicación de una trazabilidad total de la granja a la mesa", matiza Gonzalo Fernández. Hubo una homogenización del los controles de los productos cárnicos a través de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria y de sus homónimas estatales.

El precio de la carne cayó en torno al 40%

El presidente de Icos, Javier Taboada, ya dirigía la cooperativa en el 2000, cuando surgió la crisis de las vacas locas. Entonces se llamaba Chataca, siglas de Chantada, Taboada y Carballedo. "O impacto foi moi grande", recuerda Taboada, especialmente por la caída de precios, "que foi dun 40%. Durante unha etapa case non houbera nin mercados", dice. Chataca no fue la cooperativa más afectada. Casi todos sus ganaderos socios se dedicaban a la comercialización de leche y solo unos pocos a la de carne de vacuno. "Aínda así, houbo que sacrificar algunhas reses", precisa.

Psicosis
Javier Taboada relata que el gran problema "foi o medo, a psicose na sociedade, porque era un problema de saúde, pero con base científica e explicando ben a situación saíuse adiante", relata. El papel de Icos era, sobre todo, tranquilizar a los socios. "O penso que se empregaba na cooperativa era sen fariñas animais e faciamos un gran control", apunta.

"Chegaban á granxa e por unha vaca enferma mataban todas"

 José Luis Toirán y VIcente López Ares.EP

El sarriano José Luis Toirán recuerda el gran revuelo, "con Garda Civil e televisións", cuando se llevaron sus animales en febrero de 2001

El sarriano José Luis Toirán cree que las actuaciones adoptadas al inicio de la crisis de las vacas locas "eran esaxeradas. Chegaban á granxa por unha vaca enferma e mataban todas as reses". En su explotación, situada en el barrio de Rubín, se localizó el noveno caso de vaca loca de España en febrero de 2001. "A min sacrificáronme máis de 80 animais, algo que despois se demostrou que era innecesario", explica.

"Foi un golpe moral e unha gran perda, aínda que recibín unha indemnización tardía", comenta. Compró frisonas en Alemania y la explotación volvió a producir a finales de año, pero a Toirán le cuesta hablar de esa traumática experiencia. "Os gandeiros eramos os culpables de todo. Pagabamos os pratos rotos, cando non tiñamos culpa de nada. As vacas podían vir enfermas e nós non fabricabamos os pensos".

Al igual que José Vázquez Bugueiro, O Patexo, o al barreirense José Álvarez, quienes declinaron hacer declaraciones para no recordar esos malos momentos, José Luis Toirán precisa que ese golpe "nunca se olvida". Eso sin contar el gran revuelo mediático que se montó. "Veu a Garda Civil, cámaras de televisión, veterinarios. Tiña ganas de escapar", apostilla. "Despois de todo o que pasei, se cadra deixaba de ser gandeiro e me dedicaba á política, pero hai que valer", comenta con ironía.

Junto a la difícil situación de quienes vieron sacrificadas sus cabezas, los ganaderos se sentían maltratados por los políticos. Vicente López Ares, socio de Finca Arosa, fue uno de los que más peleó con las administraciones. Le obligaron a sacrificar "unha novilla coxa, porque os veterinarios, cando a levei ao matadeiro, dixeron que era sospeitosa. Resulta que ter un problema nunha pata era como sufrir a EEB. As probas deron negativo".

Los labradores bloqueaban las fincas, mientras que se llevaban los rebaños cuando se encontraba alguna enferma, "aínda que despois déronse conta de que o mal non se transmitía dunhas a outras e pararon", añade López Ares.

Pero si por algo fue conocido este ganadero, cuya sociedad cuenta con una explotación en Vilalba y otra en Mesía, fue por su enfrentamiento legal con la administración. "A crise das vacas tolas converteuse nun negocio para algúns veterinarios, que non querían facer outra cousa que abrir actas, e para as empresas encargadas do transporte", dice. Cuando murieron dos ejemplares en su explotación de Mesía, por causas ajenas a la encefalopatía espongiforme bovina, le pedían unos 270 euros por retirar cada uno. "Negámonos e enterramos os animais na nosa finca, como estaba facendo a Administración nunha canteira do noso municipio, cando non se tiraban por barrancos", afirma.

El enterramiento de vacas se había generalizado ante la saturación de la planta de Sugasa, en Ourense, cuya capacidad quedó superada. En esa finca de López Ares en Mesía se hizo el ministro Arias Cañete "unha foto que deu a volta ao mundo". Aunque él y sus socios fueron denunciados, el juez archivó la causa al no existir base legal. "Os enterramentos non estaban prohibidos. Foi despois cando sacaron a lei", explica. El juez de Ordes también sobreseyó la denuncia contra la Xunta por el enterramiento de 300 reses en una cantera de Mesía, que motivó la dimisión del conselleiro de Agricultura, Castor Gago.

"Esa crisis marcó un gran avance en seguridad alimentaria"

El director del Centro de Encefalopatías y Enfermedades Transmisibles de Zaragoza, Juan José Badiola, fue el veterinario que más directa e intensamente estuvo implicado en la crisis de las vacas locas en España. Su laboratorio se convirtió en el primer centro de referencia nacional para el análisis de reses.

¿Intervinieron con rapidez las autoridades en aquella crisis?

Los primeros fallecimientos en el Reino Unido causaron una gran preocupación. La encefalopatía espongiforme bovina causaba una neuralgia mortal en los humanos. Tanto la Unión Europea como España, en particular, reaccionaron con decisión ante la preocupación de que este mal se propagase entre la población. Afortunadamente, apenas tuvo incidencia en los humanos. En España hubo cinco muertes, aunque es cierto que pudo haber más que se confundiesen con otras enfermedades neurálgicas, ya que para confirmar que se trataba del mal de Creutzfeldt-Jakob era necesario hacer una autopsia.

¿Fue necesario adoptar medidas drásticas ante este problema?

Estábamos obligados a actuar con contundencia. Pusimos un sistema de control de granjas con el fin de detectar animales enfermos y hacíamos constantes análisis a reses con síntomas para comprobarlo. Se sacrificaron todos aquellos que tenían la enfermedad y también todos los ejemplares de la explotación cuando había un positivo. Esta última fue una medida radical, con la que yo no estaba de acuerdo, pero se adoptó debido a la urgencia del momento y después se demostró que no era necesaria. También se retiraron de la cadena alimentaria los materiales específicos de riesgo (MER) que podían producir la enfermedad. Se trata del cerebro, la médula espinal o tejidos peligrosos, como las amígdalas y los ojos de las reses.

¿De qué modo contribuyó la lucha contra esta enfermedad a la mejora de la seguridad alimentaria?

La crisis de las vacas locas marcó un gran avance, un antes y un después en este ámbito. Obligó a la Unión Europea a intervenir desde el primer momento con el fin de buscar los animales que pudieran ser causantes de contaminación y, sobre todo, se aplicaron nuevas prácticas en el control de alimentos, basadas en la trazabilidad. La UE actuó desde un primer momento y aprobó una directiva sobre la prohibición de la comercialización de piensos de origen animal. Esta crisis contribuyó también a valorizar el papel del veterinario como garante de la seguridad alimentaria.

¿Puede decirse que la EEB está erradicada?

En Europa, que en aquel momento fue el epicentro de esta patología, ya no tiene prevalencia, pero todavía se detectan algunos animales enfermos en ciertos países americanos.

Vacas locas, la epidemia que hace veinte años atemorizó a la provincia
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