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La vida de película del Rambo gallego: un fugitivo con un asesinato y varias fugas a sus espaldas

Sánchez Chacón, en 2001 y 2002.ARCHIVO
Sánchez Chacón, en 2001 y 2002.ARCHIVO
Sánchez Chacón, condenado por asesinato, quiebra su buena conducta y no vuelve a Monterroso tras un permiso

Alfredo Sánchez Chacón, conocido como el Rambo gallego por su capacidad para vivir en la clandestinidad superando las situaciones más adversas, no regresó a la prisión de Monterroso tras el permiso penitenciario de tres días que disfrutó en marzo. Tenía que volver el día 15, por lo que lleva más de dos semanas en búsqueda y captura.

Sánchez Chacón, de 63 años, gozaba de salidas puntuales tras cumplir con creces las tres cuartas partes de sus penas, que suman más de 25 años. Fue condenado en 2002 a 17 años de cárcel por dispararle a sangre fría con un Colt del 38 a Manuel García Varela en un pub de Cuntis, en agosto de 1996, un año antes de ser apresado en Xove. A esta sentencia se sumaban otras por tentativa de homicidio y las acusaciones por 23 robos, hurtos y agresiones. Junto a su dilatado historial delictivo era famoso por sus huidas. Desde 1989 a 1997 permaneció escondido en el monte y eludió varios cercos.

El juzgado de vigilancia penitenciaria le denegó las solicitudes de permiso a Sánchez Chacón por su historial y desestimó sus recursos. Sí se los concedieron a partir de 2020, cuando ya tenía cumplidas con creces más de las tres cuartas partes de sus condenas, que terminaban en agosto de 2025.

Su fuga provocó cierta sorpresa, tras varias salidas sin incidencias, ya que tenía opciones de obtener la libertad condicional. Sin embargo, la huida está en consonancia con sus antecedentes, pese a las consecuencias le acarreará quebrantar la condena.

Sánchez Chacón mantenía un buen comportamiento en el centro penitenciario monterrosino, donde estuvo en la última década, procedente de Asturias. Cumplía estrictamente con las labores de limpieza encomendadas. "Era trabajador y educado. Nunca dio ningún problema", aseguran quienes le trataron. Tenía un carácter reservado y huraño. "Vivía aislado y siempre iba a lo suyo, pero nunca se vio envuelto en ninguna reyerta. Respetaba a los demás y los otros lo respetaban a él", indican estas mismas fuentes.

Rambo se conservaba en buena forma. Hacía deporte en el patio y se echaba cubos de agua fría por encima, incluso en invierno.

En los últimos tiempos, Sánchez Chacón estaba especialmente obsesionado con la pandemia del covid y portaba un vaporizador con lejía para limpiar las superficies donde se encontraba.

Este exintegrante de los COES aprendió en el Ejército técnicas de supervivencia que le ayudaron a resistir refugiado en montes de Galicia durante ocho largos años en los que fue uno los fugitivos más buscados.

Dos años después de su detención en Xove, Sánchez Chacón protagonizó otra fuga de película con otro conocido delincuente, apodado Canceliñas. Abandonaron la cárcel de Vigo tras trenzar varias sábanas, saltar por la ventana y salir por la puerta principal del penal.

LOS CLUBES DE ALTERNE, SU PERDICIÓN. La leyenda de Rambo tuvo su punto débil en los clubes de alterne, el único resquicio de una vida ermitaña en el monte. Su primera gran fuga, desde 1989 a 1997, terminó en un prostíbulo de Xove. Lo mismo le sucedió tras escapar de la cárcel de Vigo para acabar detenido en un club de Ribadavia.

En Xove ► Una tienda en el monte y cerca del tendido eléctrico para evitar a los helicópteros
El Rambo gallego protagonizó ocho años plagados de fechorías antes de caer en las redes de la Guardia Civil. Un dispositivo formado por quince agentes le apresó en la madrugada del 17 de marzo de 1997 en el antiguo club Xowis, de Xove. Un agente entró en el local para comprobar si se encontraba allí una persona con los rasgos parecidos a Sánchez Chacón, tras recibir un aviso. Después procedió a su detención apoyado por dos compañeros. Vestía un chándal, no iba armado y carecía de documentación.

Rambo sobrevivió en el monte esos ocho años en los que se fraguó una especie de leyenda. Solo dejaba su campamento en un eucaliptal del monte xovense de Pedralba, donde estuvo tres meses, para acudir a tiendas de alimentación rurales y a bares de alterne. Camufló su tienda de campaña en una zona cercana a cables del tendido eléctrico para dificultar el rastreo con helicópteros. Su fuente de subsistencia era el asalto a casas rurales, lo que creó alarma en la comarca. La Guardia Civil le atribuyó diez robos en A Mariña.

Su identificación no fue fácil. Su última imagen databa de 1987, cuando fue arrestado en Palas de Rei. Desde entonces se le vio con el pelo rapado, pero en el momento de su detención tenía melena canosa y barba. Rambo eludió un cerco en enero de 1993, cuando fue visto en Lourenzá, pero consiguió escapar al monte.

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