Los precios bajos y las conexiones ayudan a hacer más atractivo el rural

Casa abandonada. AEP

 La segunda oportunidad de la que gozan algunos pueblos llega por mejoras muy recientes

El tirón que puede tener para algunas familias la zona rural después de vivir en ciudades grandes o medias se ve favorecido por situaciones que siempre se han dado, como el cansancio de la vida urbana, pero también por posibilidades muy nuevas, que apenas son una realidad desde hace unos años, como el teletrabajo o el comercio electrónico.

Una verdadera repoblación —como la que promueve Escocia, que ha logrado aumentar en un 22% la población rural— se debe a unas políticas públicas bien diseñadas y bien surtidas de fondos. El país se ha gastado casi 95 millones de euros en poner en marcha planes de fomento del emprendimiento en distintos sectores, un parque de vivienda buena y barata y comunicaciones y conectividad adecuadas. Pese a todo, otros factores explican los casos puntuales de pueblos que reviven.

1. La posibilidad del teletrabajo
El hecho de poder trabajar desde cualquier sitio sigue siendo una opción minoritaria. Según el Instituto Nacional de Estadística, solo el 27% de las empresas españolas cuentan con esa opción para parte de su plantilla. Sin embargo, para los que sí pueden hacerlo supone un cambio sustancial ya que dejan de estar ligados al espacio físico de su empresa y a la ciudad en la que está situada.

Contar con esa alternativa permite a algunas personas dar el paso de vivir en la zona rural. Así, el teletrabajo, todavía una excepción en un país con la cultura del presentismo que tiene España, es una de las claves, muy recientes, para comprender cómo algunos pueblos logran revivir con la llegada de nuevos habitantes.

De todas formas, en el caso de la provincia de Lugo, donde hay mala cobertura en algunas zonas, no resulta fácil cerrar la brecha digital.

2. La vivienda más barata
El precio de la vivienda es otro motivo que contribuye al tirón del rural. En un mercado inmobiliario como el español, no es una razón secundaria. Las ciudades son caras, en muchas de ellas su zona centro está muy gentrificada y comprar o alquilar resulta casi imposible. El parque de viviendas disponibles no suele estar adaptado a las necesidades de la demanda. Así, por ejemplo, hay más personas interesadas en alquiler pero pocos pisos para hacerlo y precios muy elevados.

En el rural, especialmente en el de una provincia como Lugo, la oferta de casas a la venta tiene un precio goloso, aunque siempre es necesario tener en cuenta que la mayoría de propiedades van a necesitar de una inversión previa para adaptarlas a las necesidades de los nuevos inquilinos.  

Con todo, una provincia en la que existen aldeas enteras a la venta en Internet por menos de 100.000 euros resulta asequible para muchos. En el caso de las familias, un pueblo permite también no solo acceder a una vivienda más barata sino, además, de mayor tamaño.

3. El hartazgo de la ciudad
El tiempo invertido en desplazamientos, la contaminación, las complicaciones para hacer cualquier gestión, el tráfico, el ruido, los precios de productos básicos..., todas son cuestiones que resultan disuasorias para muchas personas y que, para otras, sin llegar a serlo sí empañan la visión que tienen de la vida en el entorno urbano.

Cuanto más grande y poblada, más se da ese fenómeno, pero incluso las pequeñas, como Lugo, tienen sus detractores. Hay un repertorio de pequeñas rutinas que se convierten en más sencillas en el preciso instante en el que se empieza a vivir en una zona rural. Al mismo tiempo, aparecen otras nuevas que se complican porque el acceso a determinados servicios es más difícil. Sin embargo, para muchos, compensa con creces.

4. Mejores comunicaciones
La mejoría de las comunicaciones es absolutamente clave para entender el fenómeno del tímido repunte en el regreso a la vida en el rural. Aunque en Lugo el transporte público es dolorosamente deficiente, lo cierto es que pocas cosas como las nuevas carreteras y autovías ayudan tanto a convencer a la población urbana de las ventajas de una vida fuera de la ciudad.

Resulta difícil de imaginar que familias enteras se trasladasen a pueblos poco habitados o que se pusiesen en marcha nuevas empresas en la zona rural si esta no contase con unas conexiones decentes para entrar o salir de ellas. Pese a todo, sí que hay ejemplos de personas que deciden instalarse en puntos más aislados o que, sin serlo ahora, sí lo eran cuando llegaron, como puede ser la comuna de Negueira de Muñiz.

5. Comercio electrónico
El comercio electrónico puede ser otra de las claves para el traslado de la población urbana a la zona rural. También para acercar las pequeñas ciudades a las grandes, permitiendo a sus habitantes tener un acceso relativamente fácil a productos que antes les resultaba más difícil conseguir.

El comercio por internet ha hecho más fácil la vida de familias con niños con intolerancias alimentarias, por ejemplo, antes de que los supermercados se dieran cuenta de que era una clientela que convenía atender.

Al revés, el comercio electrónico, también permite a otros mantener pequeños negocios en lugares con poca gente que, de existir solo las tiendas físicas, no tendrían suficiente demanda como para sobrevivir. Algunos de los nuevos habitantes de las zonas rurales se lanzan al emprendimiento con empresas ligadas al territorio o a la artesanía, que encuentran en la red su mejor escaparate.

6. Unidades educativas de menor tamaño
El tamaño de las clases en los colegios es otro factor con tirón para algunas de las familias que protagonizan esos casos de pueblos que reviven y que tienen hijos en edad escolar. Un centro en el que las unidades educativas no están en su máximo, que permite a los profesores dedicar más tiempo a cada niño, es algo que muchos padres aprecian.