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La carretera de la vergüenza

Mientras que las obras de la autovía A-56 siguen sin arrancar, la N-540 es la conexión natural para comunicar las dos capitales del interior gallego. Se trata de un sinuoso trazado de 

La N-540 es el camino natural que deben tomar los vecinos de Lugo y Ourense que quieran desplazarse entre ambas ciudades. Un complicado trazado de 79 kilómetros plagado de puntos conflictivos, que se inicia en el enlace con la N-VI en Lugo y termina en la N-525, en el cruce de Cambeo en el municipio ourensano de Coles. Desde ese punto, es necesario realizar otros diez kilómetros más por esta última carretera para llegar a la ciudad de As Burgas, un trazado en mejor estado, aunque con intenso tráfico, que hace que cubrir los apenas 90 kilómetros de distancia entre ambas ciudades en menos de una hora y cuarto sea una misión prácticamente imposible.

Los lustros de nula inversión en mantenimiento, el total abandono al que la tiene sumida el Ministerio de Fomento y la falta de concreción sobre los plazos de la futura autovía A-56, hacen de la N-540 una carretera peligrosa y anticuada que, hoy en día, se asemeja más a una vía de servicio de vehículos agropecuarios que lo que se supone debe ser una conexión entre dos capitales de provincia.

Los usuarios de la N-540 se enfrentan así a diario a una carretera que como principales males endémicos presenta un asfalto deplorable, una señalización confusa y un excesivo tráfico de vehículos agrícolas.

Carretera N-540

Ante este panorama, lo de menos es el tiempo que puede llevar cubrir el trayecto entre Lugo y Ourense, porque lo más normal es que ningún conductor salga indemne de llevarse más de un susto por un bache, enfrentarse a más de una situación de riesgo por la irrupción de un tractor en la vía o acabar con alguna sanción por superar el límite de velocidad, en uno de esos tramos en los que se produce acumulación de señales.

En el tramo que va del kilómetro 4 al 8, el que va desde la rotonda de Esperante a la de Monte de Meda -ambas para incorporarse a la A-54- el conductor ya se encuentra con un fiel adelanto de lo que se va a encontrar durante los siguientes kilómetros: pintura de las marcas viales borrada en muchos puntos, numerosos baches, asfalto desgastado y mal parcheado, cambios continuos de los límites de velocidad y arcenes impracticables.

Para llegar al kilómetro 20, donde la N-540 se bifurca con la N-547, es necesario cruzar antes la travesía de Guntín, uno de los tramos más deficientes, debido a un asfalto literalmente destrozado, con pasos de cebra borrados y que resultan prácticamente imperceptibles para cualquier conductor.

N-540

Hacia Ventas de Narón y después de superar una serie de cerradas curvas a la salida de Guntín, un doble carril de subida facilita las maniobras de adelantamiento. Pero en este punto también se produce una de las incógnitas que más se repiten en este tipo de tramos hasta llegar a Ourense. En muchas ocasiones, estos dobles carriles tienen tramos limitados a 80 por hora, mientras que una señal previa indica que no se puede utilizar el carril rápido a una velocidad inferior a los 70. Pero es que la confusión de los conductores adquiere proporciones aún mayores cuando, en ciertos casos, esa velocidad máxima genérica se reduce a 70 o incluso 50, con el consiguiente despiste.

BANDAS RUGOSAS. Otro de esos contrastes inexplicables de la N-540 se produce pasado el punto kilométrico 35, en el que después de kilómetros de continuos baches, en una cerrada curva a derechas limitada a 70, aparecen en la zona de frenada unas inútiles bandas rugosas, cuyo estado es tan deficiente, que al atravesarlas parece que incluso las suspensiones se pueden tomar un respiro de todo el esfuerzo realizado en los tramos previos. Una situación similar se la encuentran los conductores que realizan el recorrido inverso, que se encuentran otras bandas rugosas en un sinuoso y bacheado tramo antes de Guntín.

La señalización tampoco mejora al atravesar algunos de los núcleos situados antes del desvío hacia Taboada. En una zona limitada a 100, las señales obligan a bajar rápidamente a 50, sin tiempo casi a que el conductor pueda reaccionar, obligándolo a estar muy atento al espejo retrovisor, por el peligro de que ante un frenazo tan brusco, el vehículo que circule detrás no tenga margen de maniobra para evitar el alcance.

La variante de Taboada y la circunvalación de Chantada acumulan los tramos con peor asfalto de todo el recorrido. A su paso, lo habitual es que los vehículos vayan levantando piedras de gravilla que salen despedidas hacia el que circula inmediatamente detrás, con el consiguiente riesgo de rotura del parabrisas, aparte de otros desperfectos en la chapa.

Otro ejemplo del abandono en el que está sumida la vía es una señal que hay en el kilómetro 39,5 que alerta de la presencia de un radar fijo, que hace años fue desinstalado por ser víctima de continuos actos vandálicos. Desde ese punto y hasta el desvío al polígono industrial de Chantada, el asfalto se muestra aún más destrozado, con baches y profundas grietas que, si para cualquier vehículo de cuatro ruedas ya supone un grave problema, para una motocicleta puede suponer una caída, que, de producirse, se verá agravada por el hecho de que en los más de 60 kilómetros que hay entre Lugo y A Barrela, en el municipio de Carballedo, no hay ningún guardarraíl con sistema de protección para motociclistas (SPM).

Este nefasto estado de la N-540 mejora sensiblemente cuando se llega a la provincia de Ourense, donde los guardarraíles sí tienen SPM y el asfalto goza de mejores condiciones. Aún así, la N-540 no se libra de travesías peligrosas como la de Pitón o A Peña, limitadas a 60 y 50 kilómetros, respectivamente, antes de llegar al conflictivo cruce de Cambeo, donde esta carretera finalizar para enlazar con la N-525.

La solución menos mala, ir por Monforte
Ante los problemas que padece la N-540, la mayoría de los conductores que habitualmente cubren el trayecto entre Lugo y Ourense prefieren hacerlo por Monforte, sobre todo, desde que esta vía rápida se abrió al tráfico.

Esta vía permite recorrer 50 kilómetros a una velocidad máxima limitada a 100 kilómetros por hora, aunque la densidad del tráfico hace que no siempre sea posible mantener ese ritmo. Aún así, el trazado se revela como mucho más cómodo.

Una vez en Monforte, el acceso a la ciudad de As Burgas se hace a través de la N-120, una carretera también más cómoda y con límites de velocidad más claros que los de la N-540, salvo por el tramo que atraviesa los municipios de Pantón y Nogueira de Ramuín, que está catalogado como el más peligroso de toda la red de carreteras del Ministerio de Fomento, según un informe estadístico elaborado por el Real Automóvil Club de España (Race).

Aún así, el trayecto por Monforte es hoy en día el que supone un mayor ahorro para los conductores tanto en tiempo como en combustible.

A-54. Otra alternativa para ir a Ourense es realizar los primeros kilómetros entre Lugo y Guntín, utilizando la autovía A-54 a Santiago. Esta opción ofrece una mayor comodidad en los primeros kilómetros, aunque en la práctica no supone un ahorro notorio de tiempo. Lo curioso en este caso, es que esta moderna autovía, de impoluto asfalto y trazado, está limitada a 100 por hora desde Calde hasta la salida de Guntín. Es decir, tiene el mismo límite de velocidad que muchos tramos de la N-540, a pesar de su firme desconchado, sinuoso trazado y continuos cruces e incorporaciones.

 

La carretera de la vergüenza
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