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Un Camino custodiado por guardianes llegados de cinco puntos distintos

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Tres gendarmes y un guardia civil, en Portomarín, con dos peregrinos de Toulon (Francia) que recorren el Camino desde Sarria. EP
Gendarmes, carabineri, GNR portugueses y agentes alemanes patrullan el Camino Francés junto a la Guardia Civil, ante la sorpresa y extrañeza de los peregrinos 

Mathilde Roblin, Ramuntxo Pochelu y Thomas Reis dijeron este viernes adiós a un mes diferente en su servicio, en el que su lugar de trabajo no fue el país galo, sino el Camino Francés a su paso por la provincia de Lugo. Estos agentes, junto a carabinieri italianos, GNR portugueses y agentes alemanes, colaboran con la Guardia Civil en julio y agosto en la vigilancia de la ruta.

Es la primera ocasión en la que estos tres gendarmes trabajan en el Camino Francés, una experiencia "muy buena" que esperan repetir en 2022. Mathilde Roblin está destinada cerca de la Bretaña, Ramuntxo Pochelu en Limours (a 40 kilómetros de París) y Thomas Reis en un pequeño pueblo próximo a Burdeos. Durante julio estuvieron colaborando con la Benemérita en la Oficina Móvil de Atención al Peregrino (Omap), que comenzó a funcionar en junio.

Excepcionalmente, también vigilaron la ruta con vehículos de apoyo o patrullas de seguridad ciudadana, siempre enfocados en el Camino, explica el oficial adjunto de la Guardia Civil de Lugo con sede en Monterroso, el teniente Carlos Díaz.

La presencia de los agentes extranjeros en la ruta sorprende a los peregrinos. "Mucha gente está extrañada de vernos con la Guardia Civil, nos preguntan por qué estamos aquí o qué hacemos", afirman.

Alguno incluso les preguntó si estaban rodando una película, apunta Carlos Díaz entre risas. "Les choca ver a los distintos cuerpos, en zonas muy turísticas ya se ven, como en las islas o el Levante, pero en el interior es más extraño", añade.

Los gendarmes se encontraron con numerosos caminantes franceses, que se muestran "muy contentos" de verlos en la ruta jacobea e incluso les piden sacarse fotografías con ellos.

La mayor parte de los servicios consistieron en auxilios o facilitar información. También sellaron credenciales -en Portomarín llegaron a tener "colas"- o recogieron denuncias de extravíos de documentación.

Este caso se les dio, por ejemplo, en Triacastela, donde se encontraron con un joven compatriota que había perdido su documentación en Navarra y aprovechó ver a los gendarmes para denunciar la pérdida. "Le sacamos el papel necesario para poder volver a Francia y estaba muy contento", relatan.

Recuerdan también el caso de un hombre que "a 100 metros" de la Oficina Móvil cayó golpeándose en la cabeza y en una rodilla. Tras ser alertados por otros caminantes, "fuimos corriendo" y se dio la casualidad de que era francés. "Se extrañó al vernos aquí, fuimos a un bar por hielo, se lo puso y acabamos haciéndonos una foto todos juntos, el señor estaba feliz", cuentan los agentes. Era una persona que no se había percatado de que había policías de su país, "pero el hecho de hablar en su propio idioma ya lo tranquilizó muchísimo más", indica Díaz.

Apenas se encuentran con hurtos u otras infracciones en el Camino, el cual es "muy seguro", señala el guardia civil, quien recomienda a los peregrinos descargarse la aplicación AlertCops que tiene una ventana especial sobre la ruta jacobea.

Desde la Oficina Móvil no solo ayudan a los caminantes, sino también a hosteleros u otras personas que trabajan en el itinerario para informarlos, por ejemplo, sobre las restricciones por el coronavirus.

El teniente considera muy positiva esta colaboración entre cuerpos, que permite "interactuar, confraternizar y compartir opiniones". "Si no haces estos trabajos los ves un poco en la lejanía, piensas que al ser países diferentes trabajan de forma distinta, pero ves que somos mucho más parecidos de lo que la gente piensa".

Además, les permite "retroalimentarse" y conocer otras visiones. Estas patrullas conjuntas en el Camino no son las primeras colaboraciones de la Benemérita y los gendarmes, pues desde hace años lo hacen, por ejemplo, en los centros de formación.

El guardia civil destaca la "calidad humana" y los "impresionantes profesionales" que son los agentes extranjeros. Este mes, en la ruta, fue una experiencia "genial, con gente muy simpática, unos guardias civiles tremendos, estuvieron con nosotros todos los días, incluso cuando no trabajaban", señalan los gendarmes, quienes se alojaron en Portomarín, convirtiéndose en unos vecinos más de la localidad.

Tiempo libre: Recorrer el Camino o conocer la Ribeira Sacra 
Los gendarmes y los agentes de Italia, Portugal y Alemania aprovecharon sus días libres para conocer Galicia de la mano de sus compañeros de la Guardia Civil. Santiago, A Coruña, Baiona, Las Catedrales o la Ribeira Sacra fueron algunos de los lugares, siendo esta última la que más les gustó.

Por ejemplo, a los GNR portugueses, uno de los cuales tiene una viña, le sorprendió especialmente la forma de trabajarlas en la Ribeira Sacra. El gendarme Ramuntxo Pochelu aprovechó también para recorrer dos etapas del Camino, entre Sarria y Palas de Rei. El francés quiere completarlo desde su país porque es "una experiencia que hay que vivirla".

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