jueves. 21.10.2021 |
El tiempo
jueves. 21.10.2021
El tiempo

Fuerte y humilde a la vez

Elena Candia, durante su intervención en la clausura del congreso. XESÚS PONTE
Elena Candia, durante su intervención en la clausura del congreso. XESÚS PONTE
Elena Candia se consolida como una mujer con madera de líder y una gran capacidad de trabajo que no olvida sus raíces

Fue, sin duda, la mejor frase del discurso que dio este domingo, tras ser revalidada como presidenta del PP lucense y en el que no podía ocultar su emoción. Hablaba de su versatilidad y decía: "Tanto estou apañando patacas como aprobando a Lei de Transformación Agraria de Galicia".

Así es. Elena Candia da a todo. Sin olvidar nunca que es hija de labradores, la ahora líder de los populares lucenses fue conquistando las esferas de poder de un partido donde, hasta hace unas pocas décadas, los cargos importantes eran, con muy pocas excepciones, masculinos.

Lo hizo a la chita callando, poco a poco, pero con carácter y ambición. Así fue cómo Elena Candia salió de su aldea de Mondoñedo y con el título de Derecho bajo el brazo fue escalando puestos en una carrera política que comenzó por lo más bajo: primero, como concejala; luego, como portavoz; más tarde, como alcaldesa; después, como diputada y presidenta provincial y, desde hace un año, como parlamentaria autonómica. Ella lo resume con otra frase contundente, expresada con la misma fuerza con la que se mueve en política: "Ninguén me regalou nada". Y lo dice con orgullo, sin miramientos y con convicción.

A estas alturas, Elena Candia cumplió ya la mayoría de edad en política. Empezó hace dieciocho años, en 2003, y siempre estuvo ahí. "Dediqueille os mellores anos da miña vida", resumió ayer animando a los militantes a echar números sobre su edad tras avanzar que nació en 1978. Y las cuentas salen: desde los 25 hasta los 43 que tiene ahora. Efectivamente, lo mejor de su vida.

Pese a ello, no se arrepiente. La política le trajo —dice— muchos amigos y "algún enemigo", pero le dio una lección, que ella misma contó ayer a los suyos: "Para xestionar os amigos en política fan falta dúas cousas: ser xenerosa e non ser rencorosa". Y en eso dice estar.

Reconoció estar agradecida y emocionada. No es de extrañar. Se había ganado la confianza, por segunda vez, de su partido y así se lo decía a Feijóo, a los pocos minutos de llegar a Outeiro de Rei: "Estou enormemente agradecida polo caudal de confianza recibido". Y lo repitió después: "Sempre sentín o voso afecto e sempre me sentín arroupada".

Lo dice con humildad, como "unha rapaza de aldea", parafraseando a Neira Vilas. "Intento ser humilde e boa persoa", insistió, y se definió como "mindoniense, lucense, galega e española e ese é o concepto que temos no PP". A Elena Candia la forjaron sus orígenes pero también su carácter que, en su parte positiva, le imprime esa madera de líder de un partido que, no hace mucho, navegaba entre distintas corrientes. Ella supo enderezarlo y ahora dice no aceptar tutelas.

Lo malo es que ese exceso de carácter la traiciona en sus relaciones personales. Ella misma también lo confesó ayer: "Un compañeiro díxome que fun a única muller que lle fixen dicir un taco. Teño moito carácter. Son moi paixonal, estou ou non estou, pero no que me implico son constante", revela, con determinación. Como debe ser.

Fuerte y humilde a la vez