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El confinamiento pasa factura a los animales salvajes y en cautividad

Esther Valderrábano, en Marcelle. EP
Esther Valderrábano, en Marcelle. EP
Las ciudades desiertas se han convertido en un oasis momentáneo para diversas especies ► El parque zoológico de Marcelle cuida de unos animales que extrañan la ausencia del hombre

El confinamiento transforma las ciudades en un oasis efímero para los animales. Los cisnes tomaron los canales del Senna en París. Los ciervos campan a sus anchas por muchas poblaciones británicas. Más próximos, los lobos caminan por los senderos rurales de la provincia y más de una familia de jabalíes ya se ha domiciliado en el centro de Lugo.

El confinamiento forzoso de la ciudadanía en sus domicilios favoreció que los animales salvajes abandonaran sus hábitats naturales para vagar por avenidas y calles. Las especies esquivaron su miedo ancestral al contacto con el hombre. Aunque muchos expertos advierten de esta peligrosa migración masiva animal a las ciudades cuando esta situación provocada por el Covid-19 llegue a su fin.

El peligro radica en que estas especies en libertad se acostumbren a un entorno que volverá a ser un peligro para ellos en breve.

Por otra parte, la situación de estrés a la que se ven sometidas las especies animales criadas o que viven en cautividad también representa un problema para sus salud, como reconoce Esther Valderrábano, cuidadora de Marcelle Natural, el parque zoológico ubicado en San Martín de Guillar, que cerró sus instalaciones al público desde el pasado 14 de abril.

La cuarentena provocada por el Covid-19 coincidió con la llegada de la primavera, la época marcada en el calendario animal para traer al mundo a su retoños

“Los animales notan la no presencia del ser humano. Los echan de menos porque están acostumbrados a interactuar con ellos a diario y a que les alimenten”, advierte esta experta en cuidado animal que afirma que “los primates son los que mejor llevan esta situación, no tienen grandes traumas”, manifiesta

53 ESPECIES ANIMALES. Marcelle alberga a 260 ejemplares animales de 53 especies distintas. Es un centro especializado en la recuperación animal y por lo tanto evitan lo más posible la saturación de sus instalaciones para que las condiciones físicas y psicológicas de estas criaturas se vean alteradas en la menor medida posible. “La mayoría de nuestras especies llegan procedentes de rescates. Muchos de estos animales pasaron por situaciones límite y estas instalaciones representan un descanso para ellos”.

La cuarentena provocada por el Covid-19 coincidió con la llegada de la primavera, la época marcada en el calendario animal para traer al mundo a su retoños. “Ahora es la época de los nacimientos. En Marcelle contamos estos días con los nacimientos de wallabies, capivaras y ocas”, asegura Valderrábano, quien, al igual que sus compañeros en el cuidado de las especies que acoge el parque, sigue un estricto protocolo sanitario pese a permanecer cerrado. “Para el parque es un momento complicado porque vivimos de los visitantes, pero recibimos donaciones de pienso estos días, la mayoría de particulares”, concluye.

El confinamiento pasa factura a los animales salvajes y en cautividad
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