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Con seis pies en el Camino

Edmond Orsoni, con su burro Simón. SEBAS SENANDE
Edmond Orsoni, con su burro Simón. SEBAS SENANDE

Edmond Orsoni es un francés de 77años que en la última década ha recorrido distintas rutas jacobeas, acompañado de su fiel asno Simon. Ahora hace ya cuatro meses que partieron de su casa de la ciudad de Arlés, rumbo a Santiago por la ruta primitiva. 

Érase una vez un hombre y un burro caminando... Este bien podría ser este el comienzo de un cuento infantil –o de un chiste malo– pero no es más que la presentación de la pareja que forman el francés Edmond Orsoni y su fiel compañero, el asno Simon. Juntos han recorrido miles de kilómetros de distintas rutas jacobeas. Este año, el itinerario escogido por estos dos amigos ha sido el del Camino Primitivo.

El albergue de A Nave de Ferreira, en Palas de Rei, es su lugar de descanso después de haber completado la etapa que empezaron en Lugo y allí narra cómo han sido estos cuatro meses de peregrinaje que han transcurrido desde que partieran de Arlés (Francia) el 20 de abril. Con una mezcla de francés y castellano, Orsoni explica entre risas la sorpresa que manifiestan el resto de peregrinos cuando se topan con este extraño tándem. "Todos me hacen preguntas sobre el burro, siempre las mismas", bromea, aunque reconoce que, por lo general, las reacciones son positivas y "la gente es buena".

Entre los asuntos que causan mayor curiosidad se encuentra el porqué decidió emprender el Camino con este animal . "¿Y por qué no?", resuelve él rápidamente. Comenta que ha tenido caballos en casa desde siempre, pero con Simon –de 12 años, que equivalen a unos 36 años en un humano– experimentó un vínculo especial desde el primer minuto. "Nosotros nos conocemos perfectamente. Uno sabe cómo se siente el otro en todo momento", dice.

Con 77 años de edad, una prótesis en una rodilla, otra en la cadera y un clavo en el hombro, Orsoni asegura de cada paso que da en el Camino. Lo importante para él no es llegar a Santiago, sino encontrarse a sí mismo, conocer a gente y "oler el paisaje". La suya es una combinación de motivación religiosa e intelectual, señala.

En esta ocasión, el viaje comenzó en Arlés, cerca de la ciudad de Avignon. Siguió por Toulouse e Irún, y continuó por la Vía de Bayona hasta Burgos. Desde allí, la peculiar pareja se dirigió a León para aventurarse por el Camino de San Salvador rumbo a Oviedo. En la ciudad asturiana iniciaron por fin la ruta del Camino Primitivo que los conducirá hasta la capital gallega. Orsoni estima llegar a Compostela en tres días y, luego, descansar otros dos o tres en un albergue. Es consciente de que el asno, igual que las personas, también necesita reposo.

Edmond Orsoni y Simón Suman ocho años de viaje en conjunto. El burro no va atado nunca, ni siquiera cuando acampan

El respiro, sin embargo, no durará mucho tiempo. Pronto iniciarán el trayecto de regreso, esta vez por el Camino Francés y con meta en Pau, la localidad pirenaica donde el burro pasa los meses de invierno.

Orsoni no tiene claro todavía cuál será el próximo recorrido, pero afirma que mantendrá este modo de vida mientras pueda. "Andar es bueno para la salud", justifica divertido.

CUIDADOS. "Un burro no es una moto, claro", declara en referencia a las dificultades que entraña viajar con un asno. Hay que tener muy en cuenta su salud y cuidarlo si se lesiona. Nunca ata al animal cuando caminan, ni siquiera cuando acampan. Por su parte, Simon nunca se aleja más de cincuenta o cien metros por iniciativa propia.

El francés recuerda que cuando conoció a su fiel compañero, éste era muy testarudo y "difícil". Ahora, en cambio, es muy fácil tratar con él. Es obediente, aunque asegura que a eso también ayudan las zanahorias que le ofrece a modo de golosina.

Precisamente, la alimentación de Simon es algo a lo que Orsoni presta mucha atención. Según expone, un burro necesita comer durante 15 o 16 horas al día, porque "la hierba no es muy nutritiva; es insuficiente". Por eso, el francés, a mayores, le dá de comer una ración diaria de avena, cebada o maíz.

LOS CAMINOS. Edmond Orsoni no se resigna a permanecer encerrado en su casa, allá al otro lado de los Pirineos. Con este viaje, ya encadena ocho años de andadura con Simon. Su primera ruta fue la del Camino Francés, aunque también recuerda con cariño el trayecto del año pasado por la Vía de la Plata, desde Cádiz hasta Santiago, pasando por Sevilla y Salamanca.

Después de recorrer tantos kilómetros, se permite el lujo de comparar los itinerarios entre sí. Lamenta, por ejemplo, el cierre de muchos albergues de peregrinos en la Vía de la Plata. Así, los caminantes se ven obligados a coger un taxi que los acerque hasta el siguiente sitio donde hospedarse, o bien caminar muchos kilómetros extra para alcanzarlo.

Por el contrario, observa que en el Primitivo sí hay una gran variedad de albergues a pesar de que "se ve menos gente que en el Camino Francés". Sobre este último, no concuerda con las estadísticas que indican una mayor afluencia de peregrinos. Sostiene que en años anteriores, alrededor de 2010 o 2011, se veían muchas más personas envueltas en el recorrido, pero que ahora la masificación es en los últimos cien kilómetros.

De momento, Edmond aún no sabe cuál será el Camino que elegirá el próximo año, "tendré 78 años", dice. Pero lo que está claro es que, si decide volver, lo hará junto a su inseparable Simon.

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