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La caza del zorro enfrenta dos mundos antagónicos

Un zorro. PIXABAY
Un zorro. PIXABAY
La lucha vuelve a los montes gallegos como cada apertura de veda anual, con ecologistas y cazadores que se encaran en las batidas

Mientras unos limpian y engrasan sus escopetas los otros compran bocinas. La cita es en el monte, a primera hora de la mañana, como cada principio de año, coincidiendo con las pocas semanas de apertura de la veda del zorro. El año pasado, los ecologistas tocaron techo con protestas generalizadas y la presencia del televisivo Frank de la Jungla y sus cámaras. Este enero, la cosa está más calmada, pero con el sentimiento generalizado de que los pro naturaleza son cada vez más numerosos. No en vano, su partido, el Pacma, el más votado sin representación parlamentaria, tendría al menos dos diputados si hubiese circunscripción única. 

En el otro extremo están los cazadores. Normalmente gente del rural, que transmite esa afición ancestral de padres a hijos. Salen armados los fines de semana, pero estos de enero y febrero con la particularidad de que la caza del zorro es especial. Cinco horas, en batidas de diez compañeros, en una zona acotada y con rivales, como si fuese la Champions de los cañones. Los más acertados reciben premios, con lo cual al ya de por sí adrenalínico día de caza se suma la competición con los rivales, que se sella al final con entrega de premios y comilona. 

El ecologismo se organiza por otro lado. Gente más joven y más urbanita, se planta estos días enfrente del otro bando con el sonido de sus bubucelas como única arma para espantar al zorro y privarle de una muerte segura. Detrás de cada tirador hay un ecologista ruidoso, lo que lleva la tensión a los montes, tanto que algún año hubo incluso enfrentamientos que llegaron a las manos. 

La principal novedad esta campaña es que, vista la tensión del año pasado, los cazadores decidieron ser más discretos y no anunciar sus batidas a bombo y platillo. Tampoco señalizarlas para no dar pistas a los de las bocinas. Como en todo, esto tiene su oxímoron: los ecologistas acusan a sus antagonistas de llevar el peligro al monte con su nueva práctica de no anunciar su presencia. Decenas de personas salen al monte los fines de semanas solo a disfrutar de la naturaleza y tienen derecho a saber donde se pegan tiros, dicen. 

Los argumentos legales y cinegéticos chocan con una corriente pronaturaleza cada vez más numerosa y generalizada

ANTECEDENTES. El pasado fin de semana acabó bastante mal para el bando de los cartuchos en el municipio pontevedrés de Moraña, donde solo se abatieron siete animales, "tres deles femias", según explicaron fuentes de Libera, la asociación más activa de defensa de este depredador. Fuentes de la Federación Galega de Caza, celebraron que no se produjesen incidencias graves, ya que el comportamiento fue "de respeto" por ambas partes, siempre manteniendo la distancias y sin entrometerse en la acción directa de la caza, relató. 

En Dodro también hubo batida. La situación fue mejor para los cazadores, que abatieron un total de 21 piezas. Curiosamente, allí la presión de los animalistas y ecologistas apenas existió, lo que hace pensar que en Moraña el ruido sí influyó en el resultado. Según Libera, en Dodro se limitaron a ser meros observadores del discurrir de la competición, tratando de detectar irregularidades o acciones ilegales, tanto en la propia caza como en el trato a los perros. Y avanzaron que interpondrán diversas denuncias administrativas por incumplir la Ley de Caza de Galicia y la Ley de Emergencias, al entender que se puso en grave riesgo vital a la ciudadanía, precisamente por no anunciar su presencia. 

EL DEBATE ¿Tiene sentido celebrar hoy en día este tipo de campeonatos? Los cazadores se amparan en su legalidad y en que debido a la despoblación de la zona rural es necesario un control cinégetico ante el crecimiento de esta especie depredadora. Los zorros son transmisores de rabia o sarna, que puede llegar a la cabaña ganadera, por eso las batidas acaban con un veterinario analizando las piezas para saber cómo era su estado de salud. No obstante, dentro del propio colectivo hay algunas voces discordantes que no ven bien que se premie a quien "mata en menos tiempo". 

Donde unos ven control medioambiental, que además cuenta con el apoyo de la Xunta, otros ven el exterminio de una especie. Los animalistas dicen que se abaten cada año 12.000 zorros, lo que no concuerda con los datos de la Xunta, que cifra en alrededor de 300 solo en las batidas específicas. 

La veda estará abierta hasta el 9 de febrero y de aquí a esa fecha las fricciones pueden reaparecer en cualquier momento, sin ir más lejos este sábado en Sarria.

Los argumentos 
Ecologistas: 
▶ No hay argumentos científicos o de control poblacional para justificar la caza de zorro. 
▶ En temporada de caza el 99% de la población gallega no puede disfrutar con seguridad del monte. 
▶ Ven escandaloso que la Xunta patrocine esta actividad y que subvencione a los cazadores. 
▶ Cada año caen en la naturaleza 6.000 toneladas de metal pesado (plomo) como consecuencia de la caza. 

Cazadores: 
▶ Es una actividad legal y reglada. En las batidas de zorro hay más restricciones que cualquier otro día de caza. 
▶ El abandono del rural hace que poblaciones de algunos animales se disparasen, como el caso del zorro, por lo que es necesario un control. 
▶ Los zorros causaron entre 2010 y 2017 unos 500 accidentes de circulación.

La caza del zorro enfrenta dos mundos antagónicos
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