Baches que sonrojan y enervan

Un tramo de la N-540, justo a la entrada de Guntín, se convirtió en un auténtico socavón

Los vehículos se ven obligados a circular lentamente por los profundos socavones que hay en dirección Lugo y hacia Guntín. SEBAS SENANDE
photo_camera Los vehículos se ven obligados a circular lentamente por los profundos socavones que hay en dirección Lugo y hacia Guntín. SEBAS SENANDE

Coche viene. Frenazo. Plas, plas, plas. Continúa. Pero ¡sorpresa! Curva, otro frenazo y plas, plas, plas, ahora con un estruendo metálico que no augura nada bueno. Con suerte, las cuatro ruedas y la luna intactas. Circular por la N- 540 es un calvario y en algunos tramos, además, una lotería. Entre los kilómetros 16 y 18, a las puertas de Guntín, se suceden los que no hace mucho eran baches y que con el tiempo se han convertido en socavones, uno tras otro. Viene otro coche. Este frena. ¿Pero va a parar en plena Nacional? Ah, no, sabe lo que hay.

El declive de ese impracticable trecho, que tanto lo es cuando se va como cuando se viene, se remonta a meses atrás. En el otoño de 2023 no había semana sin accidente, y más cuando llovía, así que acabó convirtiéndose en un punto negro, acumulando heridos por las continuas salidas de vía.

En casi todos los accidentes, la misma maniobra: los conductores que se dirigían hacia la capital lucense comenzaban a acelerar a la salida del núcleo de Guntín para encarar el tramo de curvas -limitado originalmente a 90-, pero cuando llegaban al carril lento perdían el control de sus vehículos, atravesaban los otros dos carriles y acababan precipitándose por un terraplén. La causa estaba entonces en el firme.

Algunos coches no consiguen esquivar los baches. GUILHERME DA SILVA
Algunos coches no consiguen esquivar los baches. GUILHERME DA SILVA

Recientemente el Ministerio de Transportes confirmó que las obras de rehabilitación en toda la vía, desde Lugo hasta Vilamarín, empezarán este primer semestre y que a ellas se dedicarán 11 millones de euros, pero ya antes se limitó la vía a 60 kilómetros por hora mediante señales de obra -ahora está a 40- y a finales de noviembre se realizaron algunos trabajos por los que el trecho perdió una capa de rodadura, obligando a circular más despacio y reduciendo los deslizamientos que acababan en siniestro. Ahora apenas hay salidas de vía, pero sí colisiones por alcance -algunas múltiples-, reventones de ruedas e impactos en el cristal a diario.

Los que conocen la vía frenan hasta el punto de pasar a 20, como mucho, sorteando hoyos de hasta casi diez centímetros de profundidad -hacia Lugo hay tres tortuosos tramos y hacia Guntín, dos- y aprovechando donde pueden el arcén o el carril central, en el que apenas hay grandes baches. Algunos incluso ponen las cuatro intermitentes. Los demás, pasan como pueden. Se acuerdan tarde de frenar, atraviesan los socavones, salpican el agua de aquellos, a priori, inocentes charcos en todas direcciones, zigzaguean y el traqueteo del vehículo, junto a la sensación de estar como en una coctelera, lo recordarán cuando vuelvan a circular por la N-540.

Comentarios