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Milenios de súplicas divinas

José Manuel Blanco, en la fuente de las Virtudes. SEBAS SENANDE
José Manuel Blanco, en la fuente de las Virtudes. SEBAS SENANDE

El santuario de la Virxe das Virtudes, en la parroquia corguesa de Pedrafita, reúne varios rituales ahora cristianizados que podían remontarse a tradiciones que nacieron en el Neolítico

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EL MATEMÁTICO alemán August Möbius descubrió la banda que en la actualidad conserva su nombre al mismo tiempo, y de modo totalmente independiente, que el también matemático Johann Benedict Listing. "La casualidá", que diría Broncano. Con las sociedades y su desarrollo pasa algo similar, ya que tribus y clanes sin contacto llegan a avances muy similares en tiempos prácticamente coetáneos. Por eso las costumbres de cada lugar cobran una relevancia única, siendo parecidos e irrepetibles al mismo tiempo. Algo que sucede, sin ir más lejos, en el santuario de la Virxe das Virtudes, en la parroquia corguesa de Pedrafita.

El templo está ubicado en un lugar clave que le ha permitido nutrirse de diversas tradiciones, desarrollando una personalidad propia que ha estudiado a la perfección el doctor en historia José Manuel Blanco Prado.

Blanco recuerda que la actual tradición cristiana bebe de rituales paganos que se desarrollaban en el lugar desde hace muchos siglos. "A vía romana XIX que comunicaba o que hoxe son Astorga e Braga pasaba por alí. No contorno do santuario un veciño de Adai atopou un altar adicado a Mercurio, deus romano do comercio, polo que non resulta estraño pensar na existencia neste lugar dun templo dedicado a este deus", recoge el propio historiador en un estudio publicado en su día en la revista Corga.

La cristianización fue reciclando el significado del lugar, al que se le fueron sumando una serie de costumbres propias de la tradición cristiana. "Aos ritos, digamos, asociados á lirturxia oficialista, como poden ser as misas ou a procesión, hai que engadir os ritos populares como o de poñer o santo, as procesións individuais ou o que eu denomino o ritual do contacto coa imaxe estática", explica Blanco.

Los devotos a la virgen emplean este tipo de actos para pedir o agradecer a la santa su intercesión, habitualmente relacionada con la curación de algún mal o alguna enfermedad.

Precisamente la sanación es el propósito de uno de los ritos más vistosos que se han celebrado, y que todavía se celebran, en el entorno del templo. Junto a la capilla está la fuente de la Ascensión, donde los creyentes se lavan con un paño que posteriormente colgarán cerca del manantial para curarse de alguna enfermedad. "O ritual consta de dúas partes. Primeiro hai que expulsar a doenza. Para eso a persoa lávase co pano que molla na fonte", explica el investigador. Este paso permite, según la tradición, expulsar la enfermedad del cuerpo y que los síntomas comiencen a remitir. Sin embargo, la enfermedad no desaparecerá hasta que el paño se pudra. "Para eso se colga nun alambre xunto á fonte. E a medida que podrece o pano, cúrase a enfermidade", añade Blanco.

Solo hace falta pasar junto a la fuente de la Ascensión para descubrir que la tradición sigue muy viva. Los alrededores del manantial están totalmente repletos de paños en distinto estado de conservación, muchos de ellos lo suficientemente blancos y pulcros como para adivinar que no llevan demasiado tiempo colocados.

Los estudiosos consideran que el ritual de los paños se remonta no ya a los tiempos de la romanización, sino incluso mucho más atrás en el tiempo. "Podería ser do Neolítico", asegura Blanco. Lo que demuestra que, "la casualidá", cuando es la vida la que está en juego no hay Dios al que el ser humano, aislado o no, no llame por si suena la flauta.

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