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Ladridos lucenses por Europa

Perros de Outeiro adoptados por dueños de varios países de Europa. Vodka, de color claro. EP
Perros de Outeiro adoptados por dueños de varios países de Europa. Vodka, de color claro. EP

Buena parte de los perros abandonados en Outeiro de Rei que rescata la protectora Garatuxa encuentran hogar en el extranjero

UN VIAJE de más de 2.000 kilómetros es ínfimo si en el destino te espera una vida mejor. Cerca de 24 horas de trayecto son insignificantes si al otro lado puedes disfrutar de una segunda oportunidad. Años de penurias, soledad e injusto sufrimiento se dejan de lado si una nueva familia aguarda ansiosa por entregarte todo su cariño.

Perro de Outeiro adoptado por una pareja desde Europa. EPLa cifras son escalofriantes. Cada cinco minutos se abandona un perro o gato en España. Una triste realidad que en Outeiro de Rei conocen muy bien. En apenas dos años la protectora Garatuxa recogió más de 120 canes en pésimo estado de salud, famélicos, con extremidades rotas o de avanzada edad arrojados a las calles sin piedad. Los más jóvenes pronto hallan nuevo hogar, pero los que presentan peores condiciones -la mayoría- tienen dificultades para encontrar adoptantes. Afortunadamente, buena parte (casi el 40%) reciben una segunda oportunidad en el extranjero. Así, perros lucenses parten mensualmente a países como Bélgica, Holanda, Francia o Alemania. Desde Garatuxa lo tienen claro: "Si no fuese por las adopciones internacionales tendríamos un serio problema a la hora de atender todos los animales", precisa su directora, Marta Méndez.

Vodka y Shadow son los últimos turistas peludos que encontraron hace apenas unos días nueva casa en Europa. Una familia belga y otra francesa se interesaron por ellos y los acogieron con los brazos abiertos. "Cuando llegó estaba muy asustada, pero cada día se adapta mejor. Estamos encantados de tenerla junto a nuestro perro Ron. Se llevan muy bien", relatan Bárbara Varela y Patrick Wilcox, el matrimonio belga que adoptó a Vodka. Esta perra, de color canela y gran tamaño, apareció vagando en una carretera cerca de la cárcel de Bonxe muy asustada y famélica. Tras ser rescatada por miembros de Garatuxa estuvo varios meses aguardando a que alguien se fijase en ella y ahora disfruta de una vida repleta de cariño en Bélgica.

La de Vodka es solo una de las decenas de historias con final feliz que han aflorado en Garatuxa. El proceso de adopción es riguroso y la conexión entre protectora y adoptantes se lleva a cabo gracias a una colaboradora, Fina Suárez. El amor por los animales de esta coruñesa y sus contactos internacionales la llevaron a intentar dar salida a los canes que no hallaban hogar en Outeiro de Rei. "Colaboraba con otra asociación lucense y conocí a Marta por casualidad. A raíz de ahí establecimos fuertes lazos para dar una nueva vida a todos los perros. Ellos se lo merecen", explica esta mujer, que realiza su trabajo de forma altruista.

"El proceso es sencillo. Cuando aparece un perro lo comparto en mis redes sociales y los interesados contactan conmigo. Les hago una entrevista y les pido fotos para saber a dónde irá el animal", precisa. Los perros se envían adiestrados, castrados, con microchip y vacunas, proceso que realiza la protectora. Una vez se cierra el acuerdo, los adoptantes firman un contrato y los canes parten hacia Europa para encontrarse con sus familias. "El transportista establece un punto de entrega para varios adoptantes. Se han dado casos de gente que ha recorrido más de 300 kilómetros para ir a por su perro. El amor de los europeos por los animales es admirable. Les da igual la edad o el tamaño, solo valoran el cariño infinito que les darán", precisa la mujer, quien tras la adopción hace un seguimiento. "Me reúno con las familias, me envían fotos y nunca les pierdo la pista para asegurarme de que no vuelven a sufrir un calvario", explica. Gracias a este sistema hasta las hijas de Julio Iglesias se interesaron el pasado verano por Grey, otro perro abandonado en Outeiro de Rei que ahora vive feliz en su nuevo hogar.

Actualmente unos 15 animales esperan en Garatuxa a que alguien les dé una segunda oportunidad. Méndez y Suárez dicen que aunque cada vez hay más adopciones nacionales e implicación vecinal, aún queda mucho que cambiar: "Los extranjeros tienen otra cultura, para ellos los perros son uno más de la familia y se quedan asustados de los casos de maltrato de nuestro país".

Su reflexión hace recordar unas palabras de Gandhi: "La grandeza de una nación puede ser juzgada por el modo en que trata a sus animales".

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