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El hilo rojo entre Palas y Ushuaia

Jesús Varela y Consuelo Varela. FAMILIA VARELA
Jesús Varela y Consuelo Varela. FAMILIA VARELA
Jesús Varela arribó a Buenos Aires en 1913, mientras su hermana, Consuelo, se quedaba en Vilar de Donas. Solo se cruzaron una carta antes de perderse el rastro, pero hace apenas un mes sus descendientes se encontraron después de años buscándose

EL 1 DE DICIEMBRE de 1913, Jesús Varela pisa por primera vez el suelo argentino, recién arribado al puerto de Buenos Aires el barco Rossetti, en el que había embarcado en A Coruña junto a sus dos hermanos. Él es uno de los cientos de miles de gallegos a los que el hambre fuerza a emigrar, a los que el continente americano arrastra con la promesa de una vida mejor. Atrás queda su aldea de A Vila, en la parroquia palense de Vilar de Donas, sus padres y su hermana, Consuelo.

Más de un siglo después, el 23 de agosto de 2000, Inés Rosado enciende el ordenador en su casa de Ushuaia, y una vez más bucea en los archivos de Family Search, una web dedicada al rastreo de familiares desaparecidos a causa de las migraciones, guerras o exilios en todo el mundo, que detecta las coincidencias en los árboles genealógicos de las personas que se están buscando. Doce años de investigación preceden ese momento, desde que en el 2008 el gobierno socialista español crease el marco legal para que los hijos y nietos de emigrantes pudiesen acceder a la nacionalidad española. Inés quiso acceder a ella, pero de la vida de su abuelo antes de llegar aquel 1913 a la Ría de la Plata solo sabía tres cosas: que era de algún sitio de la provincia de Lugo, que había nacido el 13 de febrero de 1895 y que sus padres se llamaban Ponciano Varela y Benita Fernández.

Boda de Isabel Vareal, hija de Jesús Varela. FAMILIA VARELA

Con apenas esos datos, le fue imposible documentar su procedencia y acceder a su partida de nacimiento. Esa falta obstaculizó cualquier trámite antes de que el arraigo fuese restringido más tarde por parte del gobierno popular. Sin embargo, ella ya no podía dejar de buscar. Los doce años de archivos y bases de datos le permitieron sumar alguna información más a su árbol genealógico, y aumentar así las posibles coincidencias con quien, con suerte, también la estuviese buscando a ella en ese portal de internet.

Así fue. Inés Rosado hace referencia a una leyenda oriental para explicarlo, la que cuenta que un hilo rojo une a las personas destinadas a encontrarse. Ese día, ella sintió que el hilo se tensaba, que al otro lado había alguien, por fin. Le envió un mensaje: "tu árbol genealógico coincide con el mío". Del otro lado estaba Sandra Salgado, en Barakaldo, bisnieta de Consuelo Varela, la hermana de Jesús. Cuando en el año 2015 empezó a elaborar su árbol genealógico, al llegar a su bisabuela se encontró con un tremendo vacío. Sus hermanos, Jesús, Luis y Ángel, habían emigrado a América en 1913. Ella, como tantas mujeres en aquel tiempo, quedó al cuidado de sus padres. Su madre muere al poco tiempo y el padre lo hará en 1935. Consuelo cumple 36 años con sus hermanos en la emigración, con sus padres fallecidos y con una Guerra Civil y una larga posguerra por delante. Casada, no deja de ser una de esas "viudas de vivos e mortos/ que ninguen consolará" a las que se refería Rosalía de Castro en Follas Novas.

Consuelo Varela rodeada de sus hijas. FAMILIA VARELAPREGUNTAS SIN RESPUESTA. Cambian las personas también en la memoria que de ellas tenemos. Consuelo murió a los 96 años, y Sandra tuvo la suerte de compartir con ella el final de su vida. Las memorias de la guerra siempre estuvieron presentes en su casa, pero no fue hasta la edad adulta que divisó la magnitud del trauma. "Imagínate la vida de esa persona, que a sus 36 años había perdido a sus padres y hermanos". ¿Cuánto silencio había cargado esa mujer?, ¿cuánta incertidumbre?, ¿cuántas veces se habría preguntado qué habría sido de sus hermanos?

Las preguntas no acaban con las personas que las pronuncian. "¿Cómo no van a querer saber ellas lo que pasó hace una generación, si nosotros buscamos lo que pasó hace millones de años?", comentaba en el laureado documental Nostalgia de la Luz uno de los astrónomos del mayor observatorio del mundo en Atacama, haciendo referencia a esas madres que siguen buscando el rastro de sus hijos allí desaparecidos en la dictadura de Pinochet, mientras en el mismo lugar los científicos buscan el origen del universo.

Las preguntas siguen abiertas, y responderlas es "una reparación, algo mucho más profundo que investigar fechas y números", indica Sandra, que empezó a tirar también de ese hilo rojo que la llevó a Family Search, donde colgó sus datos y en la que a finales de agosto recibió ese mensaje de Inés: "tu árbol genealógico coincide con el mío", al que días después respondió con una frase corta e inmensa al mismo tiempo: "¡Somos familia!" 

UNA ÚNICA CARTA. En la vida de Jesús y de Consuelo solo hubo una carta que atravesó el océano Atlántico, una carta que él escribió al llegar o, más bien, pidió a alguien que le escribiese, pues cuenta Inés que hasta el 1935 su abuelo firmaba cualquier documento con su huella dactilar. Como la mayoría de emigrantes gallegos en esa época, no sabía leer ni escribir. En A Vila su familia también tuvo que pedir ayuda para leer la misiva, para saber que el hijo y hermano había llegado bien a Buenos Aires, y para escribir una respuesta. Un siglo más tarde, todo lo que Consuelo y Jesús no pudieron contarse deja una larga estela de mensajes en el grupo de Whatsapp de sus descendientes.

Seguir la pista de los migrantes requiere también de otro viaje por parte de las familias, un viaje que se surca en archivos y registros. Por la base de datos del Centro de Estudios Migratorios Latinoamericanos (Cemla) saben que Jesús Varela viajó en aquel Rossetti, uno de los barcos que hacían el viaje entre Galicia y Argentina. De sus hermanos, sin embargo, no está registrada la llegada. Inés y Sandra barajan varias opciones. Puede que bajasen en otro punto del continente, tal vez Brasil o Uruguay. Puede que muriesen en el barco. "Ellos pensaban, por el boca a boca, que iban a un paraíso, pero en esos barcos había hambre, precariedad y enfermedades", comenta Sandra. Aún no tienen respuestas a la pregunta de qué hacían con los cuerpos de aquellos que morían en el viaje. Aún quieren saberlo.

Inés Rosado: "En la plataforma Family Search descubrí que mi árbol genealóico coincidía con el de Sandra"

VIAJE AUSTRAL. En la vida de Jesús Varela también hay muchas lagunas. No se sabe cómo, aunque tuvo que ser en barco "porque en aquel entonces no había comunicación por tierra", se dirigió a Río Grande cuando esta apenas nacía como ciudad, allí, en el extremo de lo que el artista uruguayo Joaquín Torres García denominaba el Norte del Sur.

A pocos kilómetros, en la Estancia Viamonte, conoce a la que será su mujer, Enriqueta Gastelumendi, vasca por parte de padre y, por parte de madre, una de las últimas descendientes directas del pueblo selknam tras el genocidio perpetrado contra estos pobladores originarios de Tierra de Fuego desde mediados del XIX hasta comienzos del XX.

Juntos emprenden un viaje a pie que los llevará hasta la Estancia Moat, hoy en día el sitio más austral del mundo al que se puede acceder en automóvil. Ese joven oriundo de Palas de Rei fue, por tanto, uno de los primeros pobladores europeos de Tierra de Fuego, aunque su viaje no se parezca al de los primeros colonizadores, ni al de los misioneros anglicanos.

Cerca de ese lugar en el que se dedicó a la cría de ovejas y vacunos, existe una laguna que lleva su nombre, la Laguna Varela, cercana al lago Fagnano. Una laguna, sí, y una de esas coincidencias con las que la historia parece parpadear con asombro. Su fotografía es una de las que están, por supuesto, en el grupo de Whatsapp de la familia Varela.

Inés Rosado: "Conocernos fue como dar un punto de encuentro a esas personas que se separaron para buscar una vida mejor"

SEGUNDA OLEADA. Mientras tanto, en A Vila, Consuelo se casa con Antonio Besteiro, de Marza. Deciden establecerse en la casa de ella, pero para poder administrarla necesita certificar que sus hermanos están muertos, así que acude al juzgado para declararlos como desaparecidos. Pasado un tiempo sin que nadie los reclamase, la vivienda pasa a ser de su propiedad gracias a ese doloroso trámite. Allí viven con sus siete hijos "el octavo moriría a los pocos días de nacer", a los que los años de la posguerra también empujan a buscar otros horizontes. El País Vasco o Barcelona son algunos de los destinos de los Besteiro Varela en esa segunda oleada migratoria que se llevó a otro medio millón de gallegos del país.

En los años 70, Consuelo y Antonio también abandonan A Vila para pasar los últimos años de su vida al cuidado de sus hijos, en el País Vasco. Es así como Sandra comparte los primeros once años de su vida con los últimos de su bisabuela, esa mujer "que nunca exteriorizó esa tristeza y ese silencio que tanto le pesaban, esa carga tan fuerte que vivió", según percibió su bisnieta.

EL HILO. Jesús Varela murió en el año 1959 a los 64 años a causa de una caída en puerto de Ushuaia, donde trabajaba como sereno. Con los ahorros de tantos años de trabajo, su mujer y él compraron en la capital de Tierra de Fuego una casa en la que nació su novena hija. Tras su muerte, su mujer, Enriqueta, desarrolló de manera más intensa su vocación como artista de la madera. Una escuela, una calle, un paseo, una biblioteca y la casa de la cultura de la ciudad austral llevan su nombre, aunque popularmente también se la conoce como la ‘India Varela’.

Un extenso hilo rojo une Palas de Rei con Ushuaia, Ushuaia con Barakaldo, Argentina con Barcelona. Se enreda en ‘lengas’ y ‘carballos’, casi se pierde en la Antártida, casi se rompe en el Nervión, pero finalmente se tensa. La tía de Sandra, la política vasca Dulcina Pereiro, llama a este medio para contar lo sucedido, para dar cuenta de esta historia, tan extraordinaria como la de cientos de miles de familias gallegas separadas por la emigración.

"Ojalá sirva de ejemplo para otras personas que quieran emprender esta búsqueda", dice Sandra. "Fue como darles un punto de encuentro a esos hermanos, que se separaron para buscar un futuro mejor en momentos tan duros", explica Inés. Ambas emocionadas, de un lado y otro del Atlántico, seguirán investigando, sabiendo que al hacerlo el nudo se deshace, que están tirando de mucho más que de un hilo.

El hilo rojo entre Palas y Ushuaia
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