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Tartas Ancano: futuro con el espíritu de siempre

Ángel Carro, padre e hijo, con el producto estrella de la firma. J.VÁZQUEZ
Ángel Carro, padre e hijo, con el producto estrella de la firma. J.VÁZQUEZ

Ángel Carro deja Tartas Ancano a los 78 años en manos de su hijo, Ángel, que apuesta por mantener el legado de su padre e incorporar a la firma la sostenibilidad y la conciencia social

LA DECISIÓN más complicada para un futbolista, dicen, llega cuando es momento de colgar las botas. Las carreras deportivas son fugaces, la eterna juventud se reduce a fracciones de segundo a los treintaypico cuando el cuerpo no responde y, un buen día -solo horas después de pensar que el pantalón corto es para siempre-, el jugador sabe que los minutos que le quedan sobre el césped tienen fecha de caducidad. Ángel Carro no va a colgar las botas, pero sí las batas. Una prenda que se ha puesto casi cada día a lo largo del último siglo para que Tartas Ancano sea, desde Portomarín, un referente absoluto de la gastronomía gallega y traspase fronteras al mismo ritmo que el Camino de Santiago, compañero indisoluble en una aventura que, como toda gran historia, llega con una secuela dispuesta a continuar la saga.

Carro suma 78 primaveras y millones de tartas a sus espaldas, y antes de finales de año dejará paso a su hijo Ángel al frente de Ancano. Una firma consolidada que nació del espíritu de supervivencia de un matrimonio y que vislumbra el futuro con una mirada sostenible, verde y concienciada.

"Se algo funciona non ten sentido cambialo. Imos seguir na mesma traxectoria, evidentemente atentos aos cambios que se producen na sociedade e intentando abrir algo máis o mercado. Pero o que si que me gustaría é intentar que a sociedade na que vivimos sexa un poquiño mellor, axudar a que así sexa. Por eso teño en mente algúns proxectos como colaborar con entidades de ámbito social, Tamén queremos adquirir un compromiso co medio ambiente, polo que iremos eliminando o plástico dos nosos envases e trataremos de incorporar as enerxías renovables na produción eléctrica", explica Ángel Carro hijo.

El cuidado del futuro supone una manera de conservar un pasado motivo de orgullo para una familia de amplia tradición pastelera.

La construcción del embalse de Belesar y la inundación del antiguo Portomarín obligó a los padres de Ángel (abuelos del nuevo gerente de Ancano) a trasladarse a la capital lucense, donde instalaron la emblemática pastelería Carro en la Praza do Campo. Pero Ángel y su mujer, Lolita, decidieron regresar al nuevo Portomarín, que ya recibía la salida del sol desde lo alto del Monte do Cristo.

El matrimonio sobrevivía a duras penas haciendo pasteles que se vendían de domingo en domingo, y un buen día, un distribuidor de Barcelona les cambió la vida para siempre. "Entusiasmouse polas tortas de améndoa e empezáronse a vender. Entón rompemos os pratos da pastelería e empezamos a dedicarnos ás tortas", explica.

Aquel fue el nacimiento de la Tarta de Portomarín, si bien la explosión definitiva llegó años más tarde con una nueva receta de tarta de almendra, que adoptó el nombre de una de las vértebras más importantes de la localidad: el Camino de Santiago.

"Non formamos parte da Indicación Xeográfica Protexida Tarta de Santiago porque seguen unhas normas moi estritas en canto aos ingredientes e as cantidades para elaborar a receita. Nós facemos as tartas coa nosa fórmula, como cremos que está máis rica. A margarina, por exemplo, ofrece unha textura menos seca cá receita propia da indicación xeográfica", asegura el futuro gerente, que el pasado mes de septiembre renunció a su carrera como docente para centrarse exclusivamente a Ancano.

Una vida de trabajo juntos a la que le quedan aún momentos para compartir antes de que el fundador de Ancano reciba un merecido descanso. "Nunca nestes anos de traballo collín vacacións. Pode parecer raro, pero é así. Dediqueime toda a vida a traballar e estou orgulloso de todo o conseguido".

Y los paladares de toda España también.

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