"Era como una cárcel, trabajaba todo el mes seguido y solo libraba un día"

Cinco extrabajadoras de la empresa de ayuda al hogar investigada por una supuesta explotación laboral afirman que carecían de papeles y cobraban 800 euros como internas
Una de las agentes que intervino en la operación, con dinero incautado. GUARDIA CIVIL
photo_camera Una de las agentes que intervino en la operación, con dinero incautado. GUARDIA CIVIL

La supuesta explotación laboral de una empresa de Castroverde, que está siendo investigada judicialmente, revela la difícil situación por la que pasan muchas mujeres inmigrantes sin permiso de trabajo, que llegan a España en busca de un sueldo con el que ganarse la vida y enviar algún ahorro a sus familias en sus países.

Las cinco protagonistas de esta historia trabajaron prestando ayuda a domicilio para la empresa investigada. Algunas encontraron en la asociación Aliad asistencia jurídica y social gratuita. Todas ellas reconocen -bajo un nombre falso para proteger su identidad- que no tenían contrato ni papeles, que el sueldo de internas era de 800 euros y que no siempre disfrutaban de descanso semanal. A las cinco, les fue fácil conseguir trabajo en la empresa pese a su situación irregular. Y, aunque el salario no era alto en relación a las horas que trabajaban, todas aceptan que era lo único a lo que podían acceder para poder llevarse algo a la boca.

 

CASAS. Carolina llegó a Lugo tras vender su coche en Colombia para pagar el viaje. Salió de su país con un empleo a la vista en Asistencia Castroverde que le dio seguridad para tomar esta decisión. Pero no fue fácil y acabó denunciando a la empresa. "Vine y estuve en un piso con otras chicas. A los quince días, me propusieron por whatsapp un trabajo como interna en una casa donde estuve en unas condiciones desastrosas dado que el trato con la señora era humillante. Por ejemplo, no permitían que me duchase, no le gustaba que usase el papel higiénico y tenía que tener siempre abierta la puerta de mi habitación. Por este trabajo, me pagaban 800 euros y tenía solo dos horas libres al día pero ningún día libre el resto del mes", explica.

Tras dejar este trabajo, la empresa le buscó otra casa. "Ahí sí que libraba los fines de semana, pero estaba sin contrato igual y trabajaba las veinticuatro horas porque el abuelo al que cuidaba se levantaba de noche al baño y había que observarlo porque se cayó alguna vez. El hijo traía muy poca comida a casa y adelgacé mucho. La empresa me proponía cambiar pero no me atreví por miedo a ir a otra casa peor", manifiesta.

"Cuando dejé la empresa, estuve más de tres meses sin trabajar y no tenía ni para pagar la renta de la habitación"

Esta mujer se quedó sin trabajo cuando la empresa cerró y su situación todavía se hizo más complicada. "Me pasé más de tres meses sin trabajar y no tenía ni para pagar el alquiler de la habitación. Como no tienes documentación, te ofrecen trabajos de interna por 500 euros con descansos cada quince días. En una ocasión, vi un anuncio para Ourense, de lunes a viernes, y acepté. Vino un hombre buscarme a Lugo y, a mitad de camino, paró el coche y me propuso que me convirtiese en su mujer. Me pareció mortificante, horrible. ¡Hasta tuve miedo a que me secuestrase! Finalmente, me dio 10 euros para regresar a casa en bus", cuenta esta inmigrante.

Carolina había trabajado cuidando ancianos en su país, Colombia, pero en mejores condiciones. Afirma que ella fue una de las extrabajadoras que denunció a la empresa, principalmente "porque ellos cobraban 1.500 euros a las familias por los servicios y yo percibía solo 800", dice esta mujer.

"Recibía 800 euros en un sobre. A veces, lo recogía en una gasolinera de Castroverde y otras, en un bar de Lugo"

SOBRES. Camila también trabajó para la firma de Castroverde durante un año y ocho meses. Estuvo cubriendo turnos de vacaciones en atención en el Hula y también como interna. "Dentro de lo que cabe, estuve bien. ¡Una sabía lo que había!", asegura.

Esta trabajadora cobraba también 800 euros, que recibía en un sobre. "Lo recogía en la gasolinera de Castroverde y en un bar en Lugo", afirma y añade que, aunque le prometieron descansar sábado y domingo cada semana, "raramente te lo daban".

Ahora ya, con los papeles en regla, mira esa etapa de su vida con resignación. "Sin papeles, es difícil conseguir trabajo y no se puede tampoco denunciar porque estás en situación ilegal en el país", manifiesta esta inmigrante.

"Vienes a España a trabajar y a aguantar. No tenía papeles y tenía que conseguir algo para poder comer"

Marta Isabel estuvo año y medio en la mencionada empresa cobrando el mismo sueldo como interna. "Trabajaba todo el mes seguido y solo libraba un día. Al final, era como estar en una cárcel pero, claro, vienes a España a trabajar y a aguantar. No tenía papeles y tenía que conseguir algo para poder comer", señala.

Carmen estuvo cuatro meses. Resume su experiencia en la empresa de esta manera: "El horario era un poco largo y el pago, bajo". Afirma que no tenía contrato y libraba un día a la semana "pero eso variaba". Como a otras mujeres, se le pasó por la cabeza dejarlo pero "no había más trabajos" y aguantó lo que pudo.

Luisa estuvo quince días. Lo primero que dice es que está "muy agradecida" de esta empresa. "No me explotaron, ni me obligaron a ir", insiste. Sin embargo, reconoce que el sueldo no era proporcional a lo que se cobraba por el servicio. "La empresa sacaba más dinero por cada una de nosotras y, a cambio, nos pagaba poco".

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