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Un centro de menores fuera de control

Zona posterior del centro Santo Anxo de Rábade. XESÚS PONTE
Zona posterior del centro Santo Anxo de Rábade. XESÚS PONTE
Educadores, profesores y vigilantes del Santo Anxo de Rábade temen que ocurra "unha desgraza" ante los constantes incidentes

El centro de menores Santo Anxo de Rábade es una continua fuente de conflictos. Las noticias sobre agresiones de los internos al personal que les cuida se suceden, como las fugas. La alarmante situación llevó a representantes de los educadores a reunirse la pasada semana con responsables de la jefatura territorial de Política Social, en presencia del director del centro, para pedir que se ponga coto a este descontrol.

También los profesores del instituto vinculado al Santo Anxo se muestran desbordados, al igual que el personal de seguridad, y así se lo trasladaron en varias ocasiones a la Administración. Algunos ven "un exceso de permisividade" por parte del equipo directivo, lo que alienta "un desmadre constante" y les hace temer que "calquera día haxa unha desgraza".

Si antes surgía un incidente aislado cada cierto tiempo, a partir de 2015 aumentó su frecuencia, que se agravó en los últimos tres años. Los violentos episodios vividos hace diez días reflejan la tensa cotidianeidad que se vive en la institución. Una vigilante agredida y pateada en el suelo, las paredes del centro blanqueadas con espuma de extintores y los alimentos tirados en la despensa evidenciaban que los once menores que residen en el Santo Anxo campan a sus anchas. Hubo siete fugados, que pasaron la noche de fiesta en el inmueble que antaño sirvió de casa al anterior director. Días después, una educadora se lesionó al caer empujada por un interno. Un vigilante sufrió un mordisco en una mano.

Un educador sostiene que "a deixadez" se convierte en un "maltrato institucional" hacia los tutelados

Los daños materiales son habituales. En los últimos años se cambiaron dos veces las ventanas y los jóvenes llegaron a derribar tabiques. Varias cámaras instaladas recientemente en espacios comunes ya están rotas. Las pintadas, algunas muy groseras, ensucian las paredes. En una de las últimas rebeliones, las sábanas colgaban de las paredes exteriores. "Parecía un cárcere colombiano", según un policía autonómico.

Ese es el dantesco panorama de un centro de régimen abierto, donde la conflictividad tendría que ser mínima, pero que se ha convertido en un cajón de desastre, donde conviven perfiles de jóvenes que nada tienen que ver. Están mezclados menores en régimen de protección con otros casos de reformatorio o con necesidades terapéuticas.

Los informes de las inspecciones duermen en los cajones, pero todo el mundo sabe, desde la plantilla a las instancias judiciales, que el centro es un polvorín. Nada cambió ni con la visita de la Valedora do Pobo el año pasado.

Las cosas no mejoran, pese a que en la actualidad solo hay once internos de los 32 que puede acoger el Santo Anxo, donde trabajan medio centenar de profesionales entre educadores, vigilantes de seguridad, personal administrativo y de servicios y profesores.

Los informes de las inspecciones no cambian las cosas, ni tampoco la visita de la Valedora do Pobo el año pasado

"Chegamos a un límite que un non a un chaval pode dexenerar nun motín", asegura un educador. Tampoco ayuda el hecho de que 18 de los 21 educadores sean sustitutos por cortos periodos de tiempo frente a tres fijos. La tensión hace mella en el personal. Surgen casos de largas bajas por depresión "porque no traballo diario non ves luz ao final do túnel". Los jóvenes no respetan las reglas. "Fan o que queren e non se toman medidas para frear esta deriva", insiste el educador.

"As nosas posiblidades de actuar son moi limitadas. Estamos para levar paus cando toca. Non usan máscaras e escúpennos", explica un vigilante. Existe el temor de que alguno de estos episodios de violencia provoque un accidente grave. "Ninguén controla os coitelos que utilizan no comedor e fabrican punzóns de cristal", agrega el entrevistado.

En caso de mal comportamiento, los jóvenes pueden estar encerrados seis horas, "pero rara vez cumplen ese horario e tampouco se lle prolonga se seguen cunha actitude agresiva no illamento", indica uno de los consultados.


Instituto | "Chegan a clase en condicións deplorables" 
Los profesores del instituto Jesús Rábade, vinculado al Santo Anxo, sienten impotencia "ante a falta de ferramentas para cumprir coa nosa obriga de darlles unha formación". Los niños no van a clase o lo hacen en condiciones deplorables. Dentro del aula bromean con adiciones. La asistencia es otro problema. Unos están fugados, otros se quedan en cama.

"Alguén debería preocuparse de que veñan con regularidade e centrados", dice el docente. Si tienen sueño se ponen a dormir. Una pareja se sentó en el fondo del aula a besarse. Castigarles tres días por una infracción grave no es la solución si la alternativa es quedar en el centro sin hacer nada. 

Coordinación 
Un profesor aboga por una mayor coordinación entre el instituto y el internado. "Hace unos días castigamos a un joven. En el centro no le dieron importancia y le dejaron en el recreo. Después se fue al supermercado y la lió", dice.

MALTRATO INSTITUCIONAL. Un educador crítica que la Administración trate de ocultar su incompetencia con la disculpa de que Fiscalía de Menores pone trabas. "Ese conto non nos vale. O fiscal só instrúe se hai un caso delictivo. Todos somos responsables destes mozos, aos que temos que protexer. Esta deixadez convértese nun caso de maltrato institucional", apostilla.

La Guardia Civil y la Policía Autonómica acuden en auxilio del personal si la violencia sube de tono o buscan a menores fugados, "pero o problema témolo que atallar nós coas nosas ferramentas".

El confinamiento por la pandemia sirvió de pretexto oficial para justificar episodios acaecidos en los últimos meses, pero en otros centros de Galicia no se produjeron altercados similares.

"Tes que reñirlles para que fagan a cama ou calquer cousa elemental", apunta este educador. Acuden a clase si les apetece o vagan por la amplia finca del recinto. Pese a esta laxitud, estos días se colocaron tomas de televisión en sus habitaciones. El uso de móviles excede el horario prefijado y facilita contactos no recomendables con el exterior. "Os poucos que veñen doutros centros ven que esto é Jauja", remarca el educador que habló con este diario. Una Jauja que mete a estos menores en un bucle sin salida.


Jesús Robles: "Mi receta era el trabajo en equipo" 
La Consellería de Política Social estimó que "non era o momento" para que el director del Santo Anxo opinase sobre la evolución del centro ante la solicitud de este periódico. Su predecesor, Jesús Robles, que dirigió la entidad desde 1980 hasta el 2015, sí habló de su etapa y de la importancia de buscar la integración de los alumnos "a través del trabajo en equipo de la plantilla y la especialización. Un buen número de internos de mi época trabajan en Rábade y Lugo".

Promovió iniciativas ambientales, como el cuidado y plantación de una finca ahora abandonada, donde se creó un centro de aves, o la recuperación de la Lagoa do Rei. "Entonces había menores no acompañados magrebíes y subsaharianos. Estos últimos ayudaban a hacer grupo", recuerda. Eran frecuentes las excursiones por el Camiño de Santiago y a lugares de interés.

A Robles le dolió su cese "por las acusaciones falsas sobre posibles irregularidades, archivadas por la fiscalía. Fui víctima del capricho de un político", sostiene.

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