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NASA, 50 años a la conquista de las estrellas

Visión de Marte desde el Spirit (Foto: NASA)
Visión de Marte desde el Spirit (Foto: NASA)

“Es un pequeño paso para el hombre, pero un gran salto para la humanidad”. Millones de personas escucharon boquiabiertas las palabras de Neil Armstrong, mientras se convertía en el primer hombre en pisar la Luna. De eso hace ya demasiados años -ocurrió en 1969- y la NASA busca nuevos retos para que la humanidad siga dando saltos. En su 50 aniversario el objetivo se perfila claro, anque lejano. Se llama Marte.

Medio siglo de trabajo
La Administración Nacional de Aeronáutica y del Espacio (NASA) cumple este 29 de julio medio siglo de vida, aunque las celebraciones vienen sucediéndose desde principios de año. Como pincelada original, la emisión al espacio  el pasado 4 de febrero de la canción de The Beatles 'Across the Universe', coincidiendo también con el medio siglo desde que se fundó la mítica banda británica y el 40 cumpleaños de la grabación de la famosa canción. 

Cincuenta años que han dado mucho de sí: cohetes, satélites, transbordadores. La NASA mostró al mundo cómo la ingravidez podía hacer volar al hombre, permitió mejorar las previsiones meteorológicas y fue una de las armas más peligrosas de la Guerra Fría, tanto a nivel de competencia tecnológica entre EEUU y la Unión Soviética, como gracias a esos omnipotentes chivatos que fueron los satélites espías para ambos bandos.

Nació con un escaso presupuesto - tan sólo cuatro laboratorios y 80 empleados -, por iniciativa del presidente Eisenhower como respuesta al lanzamiento del satélite soviético Sputnik. Sin embargo los americanos se dieron cuenta pronto de lo útil que podría ser la NASA como instrumentos estratégico y de propaganda para la Guerra Fría. Y empezó la competencia, con la mirada puesta en la Luna.

En 1961 el presidente Kennedy pidió al Congreso la entonces enorme suma de 1.700 millones de dólares para un proyecto para muchos irrealizable: llevar al hombre a la Luna antes de 1970. No fue un camino de rosas: hicieron falta varios intentos, cientos de experimentos, e incluso tres astronautas perdieron la vida mientras ensyaban los ejercicios de aproximación al satélite. Aún así, el 20 de julio de 1969, los astronautas del Apolo 11 dejaron su huella en la Luna. Con ella, la bandera americana, señal inequívoca de que EEUU mandaba en el espacio.


Una nueva misión
Desde entonces la NASA no ha estado de brazos cruzados ni mucho menos. El telescopio Hubble, la sonda Pioneer 10 y los casos más desafortunados del Columbia y el Challenger – ambos sufrieron accidentes técnicos en los que murieron todos sus tripulantes- han contribuido a aumentar la fama y el prestigio de la Administración espacial americana.
Sin embargo George Bush consideró que no era suficiente, y emulando a Kennedy decidió poner las miras de la NASA a unos cuantos millones de años luz de distancia.

"Construiremos nuevas naves para llevar al hombre más allá en el Universo, para poner un nuevo pie en la Luna y preparar nuevos viajes a mundos más allá del nuestro", dijo Bush en 2004. Nacía Visión para La Exploración Espacial, el nuevo programa de la NASA, que prevé que el hombre pueda vovler  pisar la luna en 2020 para, desde allí, crear una plataforma que haga realidad los viajes tripulados a Marte.

La idea ya no es la del viaje de ida y vuelta, sino la de crear en en la Luna bases permanentes en las que los astronautas puedan trabajar durante meses. También las motivaciones han cambiado: con el enemigo soviético fuera del campo de batalla, ahora prima la investigación científica, la búsqueda de nuevos materiales y recursos energéticos y, sobre todo, lograr la tan deseada pasarela hacia el planeta rojo.

El proyecto ya está en marcha. En 2004  los robots Spirit y Opportunity exploraron la superficie geológica de Marte, siendo los dos “amartizajes” más valiosos hasta el momento desde el punto de vista de la información científica recogida. Además la NASA sigue inmersa en la construcción de la Estación Espacial Internacional (ISS), junto con Rusia, Japón , Canadá y la Agencia Espacial Europea (ESA), un laboratorio en órbita que mantiene permanentemente a dos cosmonautas investigando a bordo.

Escollos
Pero una vez más a la NASA le asaltan las dificultades como los bandoleros al caminante. La falta de seguridad de los controvertidos transbordadores ha hecho que los americanos tengan que volver a utilizar las cápsulas, donde se han topado de nuevo con Rusia, que nunca abandonó este sistema y a quien probablemente tengan que pedírselas en préstamo mientras las americanas no estén listas.

El factor tiempo es otro inconveniente. Ir a la Luna es un paseo de 3 días. Recorrer los 679 millones de kilómetros que nos separan de Marte, 7 meses, un mínimo de año y medio por misión.

De todas formas el principal problema está donde siempre. Un nuevo viaje a la Luna costaría al menos 65.000 millones de euros, cuando el presupuesto  de la NASA este año ha sido de poco más de 17.000 millones de dólares. Aún así la NASA se resiste a convertirse en una agencia de viajes y, pese a la avalancha de turistas espaciales que está enriqueciendo a la industria privada, sigue negándose a organizar este tipo de travesías no-científicas.

Los pronósticos más optimistas hablan de que la llegada a Marte podría producirse alrededor de 2040, antes de que la Agencia espacial americana cumpla 100 años. Quién sabe. Quizá en su vejez la NASA pueda calentar sus huesos sobre arena roja. Habrá dado “el gran salto”.

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