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Otro día para la historia

Aficionados en la grada
Aficionados en la grada
La afición del Breogán volvió a darlo todo para apoyar a su equipo en un partido que deja imágenes de nervios. El hermanamiento final entre seguidores celestes y ourensanos sirve de ejemplo de lo que es un auténtico derbi

Esta final es de las aficiones. Que el día era realmente importante se vio ya en la previa, con colas en las inmediaciones del Pazo dos Deportes y varias personas intentando conseguir una entrada a última hora, algunos reforzados con más suerte que otros.

Dentro, más de seis mil aficionados dispuestos a darlo todo desde el primer minuto y vivir un partido especial con el ascenso a la ACB en el punto de mira. Cada canasta es una emoción, cada pérdida de balón, un suplicio.

«Esto es demasiado, no pensé que lo iba a pasar tan mal», señalaba un aficionado mientras se acercaba a la zona de la cafetería huyendo de la pista. El partido se convierte en un ir y venir de alternativas en el marcador y llegó el momento del descanso. Ahí, salida en espantada general con el cigarrillo como aliado y también varios aficionados que no pudieron entrar al pabellón, apoyados en su móvil o en la radio para saber lo que ocurría. ¿Cómo van?, ¿No duró mucho la primera mitad?, le preguntaban a aficionados que venían de asistir a una primera mitad primorosa, con una ambiente excepcional y con un hermanamiento más que destacado que hace de este derbi algo para recordar e inolvidable.

Dentro, José Areñas seguía a lo suyo, a levantar a la afición en cada momento, en cada acción para conseguir que la comunión entre afición y jugadores sea eterna. Si los árbitros permitiesen jugar con seis, ahí estarían ellos para vestirse y saltar.

Van pasando los minutos y el partido entra en el momento decisivo. Se acelera el corazón, las salidas para fumar o intentar evadirse. «Me voy para fuera, no puedo más», decía un aficionado cuando apenas restaban tres minutos para la conclusión.

Llega el último minuto, un éxtasis de juego para decidir un ascenso o prolongar una serie que va camino de hacer historia sino lo ha conseguido ya. La afición lucense sueña con la reacción de su equipo pero se encuentra con Pedro Rivero. «Otra vez el mismo, no puede ser, no puede ser», dice un aficionado, que a los pocos segundos deja una frase pensado en mañana. «Habrá que pedir al jefe salir un poco antes». Así piensa una afición que quiere la ACB.

Toca final de partido y las dos aficiones dejan el último gran detalle. Los breoganistas apoyan a sus ídolos en un momento en el que lo necesitan realmente y reaccionan con brillantez cuando escuchan a la afición del Ourense gritar ‘Breogán, Breogán’. Un gesto que vale realmente mucho y define un auténtico derbi, una fiesta, una final para que muchos tomen nota. La afición breoganista es el gran valor y Lisardo Gómez ya lo avisó: hay que saber ganar y saber perder. «Ahora toca viajar a Ourense». Así es la despedida.

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