Víctor Corral Castro

Víctor Corral, un mundo de piedra y madera

El escultor de Baamonde regresa a Galicia para no separarse de su obra

Victor_Corral_CROMO

El Progreso 07/02/2022
 
SE REFUGIA EN su museo de Baamonde, pero su mayor disfrute es ver su soledad interrumpida por una visita inesperada a la que poder contarle todo lo que ha reunido allí.

En él estuvimos en 2014 para incluirlo como una de las curiosidades del libro ´Lugo único´, por la capilla dendrita que Víctor Corral Castro (Begonte, 1937) esculpe a principios de los sesenta con el fin de evitar que las obras de ampliación de la N-VI se lleven por delante un castaño de cinco siglos, que de ese modo pasa a ser un oratorio único en el mundo a la Virxe do Rosario, patrona de su lugar de nacencia, Baamonde.

A los diez años sale con las vacas al monte y consigo lleva una navaja para trabajar los ramallos y hasta los cuernos de las vacas. También utiliza las varillas de los paraguas para crear las formas que bullen en su cabeza. “Non deixaba un enteiro na casa!”, recuerda con esa  cara de pillo bonachón que le acompañó toda la vida. 

Después hace unas miniaturas en madera de buxo, que son muy valoradas. Las mejores del mundo, llega de decir él. A veces se le escapa una vaca “e hai malleira”.

El servicio militar lo lleva a Coruña, donde recibe clases del escultor José Juan González y cuando lo finaliza, marcha a Barcelona, donde estudia en la Escuela de la Lonja, hoy Escola d'Arts i Oficis de Barcelona, aunque ni de un lugar ni del otro reconoce haber aprendido nada.

En la capital catalana instala un pequeño taller en un portal del que cuenta cien anécdotas.

Muchos turistas le piden piezas que debe bajar de los estantes. Las miran y no las compran. “Hasta que me cansé y compré un gran rollo de papel. Entonces, cuando me decían: “Bájame aquella, que queremos verla...”, se la bajaba y se la envolvía rápidamente. Luego, se la metía debajo del brazo y les decía el precio.” 

Allí conoce a Telvi Fernández Gómez, de la que se enamora al verle los ojos por la mirilla de una puerta. Se casan en 1967 y tienen dos hijas, Eva y Belén, y dos nietas, Noemí y Miriam. En el 2017 tienen ocasión de celebrar sus Bodas de Oro.

Después de Barcelona expone en Ginebra, Vilalba, Lugo, A Coruña, Madrid, Santiago, Vigo. Tiene obra en Europa y América, pero la tierra le llama y decide que donde mejor están, sus esculturas y él, es en Baamonde.

Allí talla la capilla dendrita en el castaño de ocho metros de diámetro y quince de altura, con el escudo local, una marta que asoma distraída, un pájaro carpintero y una mano de Dios que lo preside, realizada en tres horas colgado de una cuerda.

Las manos adquieren en él una significación especial. Las esculpe desde sus inicios y se gana el  título de “o chairego que hablaba coas mans”. “Cuando muera _ dijo en una entrevista _, todo eso será un museo para el pueblo, para mi pueblo. Quiero que mis obras queden en el mismo lugar en que nacieron, porque creo que cada artista debe dejar huella donde nace”.

Allí está la dama desnuda del lago, la pareja besándose en el interior de una torre, un carnero, una liebre, el Cristo redentor, o esos niños que miran todo con asombro.

Años antes de la muerte deja de esculpir. Las manos ya no son lo que eran y además, lo importante es ser buena persona, hagas lo que hagas.

De los Corral Castro le sobreviven cinco hermanos: Fina, Manolita, Toñín, Loli y Gelín. Atrás quedó Xoán, el poeta argalleiro que mantuvo el Restaurante Galicia como un referente del buen comer. 

En su museo todavía se lee: “Bienvenido a esta casa, humilde cabaña, donde presume la araña y el artista trabaja”. 

Más en Álbum de los lucenses