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Ricardo Arias Rodríguez

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Ricardo Arias, el héroe de la Telefónica en Somosierra

El de Becerreá lleva a cabo la instalación de un cable en una zona machacada por la artillería republicana

El Progreso 15/11/21

NUESTRO PERSONAJE, Ricardo Arias Rodríguez (Becerreá, 1911), nace en el lugar de O Castelo, dentro de la parroquia de San Pedro de Cadoalla y allí vive los primeros años en compañía de su madre. Fallecida esta, viene a Lugo al servicio de un conocido y distinguido caballero, del que se oculta la identidad por simple discreción, pues nada malo se le achaca, sino todo lo contrario, ya que su ejemplo _ dice la prensa _, “habrá contribuido en gran parte a afirmar el sano espíritu de nuestro héroe”.

Bien, ya sabemos que se trata de un héroe, o ese es el tratamiento que se le da. En 1935 ingresa como trabajador de la Compañía Telefónica Nacional de España, creada once años antes. La guerra del 36 interrumpe sus prestaciones a la CTNE y pasa a formar parte de la brigada telefónica del frente madrileño de Somosierra, dentro del llamando bando nacional.

Además de Mola, en el frente de Somosierra confluyen García Escámez, Carlos Miralles y Onésimo Redondo, los dos últimos fallecidos en esos combates. Por parte republicana se encuentran José Riquelme, Cipriano Mera y el oficial Fernando Condés Romero, que fallece en Somosierra y que pasará a la historia de España por haber mandado el piquete que detiene a José Calvo Sotelo la noche en la que es asesinado.

Precisamente será Ricardo Arias quien años más tarde encabece en El Progreso la lista de donativos a favor de erigir un monumento a Calvo Sotelo, aunque no es probable que en ese momento sepa que comparte presencia en Somosierra, aunque en distintas trincheras, con Fernando Condés. 

Se cuenta entonces que los mandos militares deciden como urgente e imprescindible llevar el teléfono a la avanzada de la Serna, un trabajo descrito como muy arriesgado, pues hay que realizarlo en medio de un triple fuego de fusilería, ametralladora y cañones, que no augura nada bueno a quien se ponga en su área de influencia.

Para evitar las órdenes sobre nadie en particular, el mando requiere un voluntario y Ricardo Arias, sin dudar ni un instante, da el paso al frente y lleva a cabo el tendido del cable con éxito y sin sufrir ni una herida.

Naturalmente es muy felicitado y en septiembre de 1936, desde el municipio segoviano de Cerezo de Abajo, contesta a una de ellas diciendo que hace “lo que cualquier español de corazón”. Y de agallas, añadimos.

El capitán de la compañía se queda maravillado con la actitud del lucense y le dice que se presente a él cuando acaba la guerra. Ambos ignoran que ese momento     va a demorarse casi tres años más. 

Se dan un abrazo y Ricardo comenta: “Desde que se murió mi madre nunca nadie me abrazó de tal manera y me pareció que era ella”.

El capitán de Ricardo comunica a sus superiores el comportamiento de su soldado y no es necesario esperar al fin de la contienda para que su relato surta efectos, ya que el 7 de mayo de 1937, Franco escribe al general jefe del Ejército del Norte, para decirle que ha concedido la cruz del Mérito Militar con distintivo rojo al obrero eventual de la Compañía Telefónica, Ricardo Arias.

Al mismo tiempo, Franco se dirige al presidente de la Junta Técnica del Estado para que la CTNE conceda al lucense el destino de plantilla con la categoría inmediata superior a la actual.

Y en efecto, a los pocos días, el director general de la Telefónica le anuncia a Ricardo su ascenso a celador de segunda en propiedad, con un sueldo de 3.000 pesetas.

La rapidez en tomar ese tipo de medidas en plena guerra certifica que la hazaña de Ricardo cala hondo en los mandos. 

Ricardo Arias Rodríguez