Raúl García de Loza

García de Loza, el árbitro abonado a la polémica

El colegiado lucense también fue concejal con el PP en A Coruña y en Santiago

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El Progreso 08/02/2022
 
CUANDO A RAÚL García de Loza (Lugo, 1947) se le pregunta cuál fue el momento más complicado que vive en sus años de árbitro, no lo duda. Después de un Real Jaén-Betis de Segunda División.

“Sinceramente tuve pánico cuando los exaltados aficionados derribaron la puerta del vestuario que era de hierro. Gracias a la templanza de uno de los agentes de seguridad, que desenfunda su pistola, la arma y apunta a uno de los aficionados para decirle que si se movía no tendría más remedio que disparar”.

A continuación los antidisturbios emplean proyectiles de goma y botes de humo para dispersar a los aficionados, de modo que la bronca fue para no olvidar.

Raúl y sus auxiliares pasan más de dos horas custodiados en el vestuario y solo entonces se atreven a sacarlos del Estadio de la Victoria en un coche policial, mientras otros agentes conducen el suyo, sin limpiaparabrisas, con el capó hundido, las puertas forzadas y los faros destrozados, hasta 18 kilómetros más allá. Allí el árbitro recobra su automóvil y se aleja a toda velocidad.

Su pecado había sido pitar un penalti contra el Jaén a dos minutos del final, aunque la falta, emitida por televisión, era clarísima. Para el Betis significó empatar a dos goles.

García de Loza se tuvo siempre por un árbitro inflexible con el reglamento. Aunque a veces reconoce algún error. Todo ello hace de él un colegiado conflictivo, con fama de arrogante y actitudes chulescas. De todo hubo, pero no todo era malo.

Cuando la familia se traslada a la capital coruñesa, comienza a jugar al fútbol en el Maravillas, donde conoce a un colegiado que le anima a vestirse de negro. Se hace juez de línea y acaba como árbitro internacional, siendo el primer gallego en conseguirlo. Debuta con un Girondins-Anderlecht.

Sin embargo su mayor satisfacción profesional sucede años antes, cuando asciende de Segunda a pitar en Primera, donde permanece 14 temporadas.

Tampoco tuvo inconveniente en admitir sus errores, y de hecho fue sancionado, no por equivocarse, sino por declarar a la prensa que había metido la pata en una decisión de un clásico. El mensaje era claro, sostenella y no enmendalla.

Lo difícil del arbitraje, reconoce Raúl, es lo de Jaén. Pitar un penalti contra los locales en el último minuto, “Si ahora lo decide el VAR, todo es mucho más fácil”.

El dinero no compensaba las angustias, o al menos eso dice él: “Una vez, después de otro Real Madrid-Barça, al llegar a A Coruña tuvimos que poner dinero de nuestro bolsillo”.

Entre sus actuaciones más comentadas figura el gol legal que concede a Dani, del Athetic de Bilbao, cuando su compañero Sarabia está en evidente fuera de juego (19-XII-1982). Jamás reconoce este error.

Otra sanción del Comité Arbitral la recibe en 1994 por un Athletic-Rayo Vallecano, en el que anula un gol legal a Julen Guerrero, y famoso fue también un mensaje que dirige al Real Madrid anunciándose que ganará la Liga, antes de arbitrarle él un partido. Y la gana. Claro que también dirige  el encuentro contra el Tenerife en el que la pierde. El fútbol es así.

Retirado de los campos, es concejal del PP en A Coruña desde 1999 al 2003, y en 2014, el alcalde de Santiago, el trabadense Ángel Currás Fernández, le pide, aunque no sea electo, que se convierta en concejal de Deportes, después de que nueve ediles suyos tengan que dejar sus cargos por corrupción y prevaricación.

“Soy patrimonio gallego y español”, dice Raúl en aquella ocasión. “Voy a tratar, por todos los medios, de no cobrar nada”. 

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