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Manuel Silvosa Picos

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Silvosa, cinco medallas en la División Azul 
 
De regreso en Lugo, el de Castro de Rei fue jefe de la Policía Local durante tres décadas

El Progreso 24/06/2021

SU FICHA POLÍTICA no tiene fisuras. Camisa vieja de Falange y jefe local en Castro de Rei. Voluntario en la guerra civil y en la División Azul. Delegado provincial de Información e Investigación de Falange y jefe de la Policía Local de Lugo hasta su jubilación en 1974. Hablamos de Manuel Silvosa Picos (Castro de Rei, 1910).

Sus memorias del frente ruso _ previamente aparecidas en el boletín Blau Division (2019) _, forman parte del libro 5 guripas del 262, editado el año pasado en Alicante por Vicente Sanjuán, y que debería haberse presentado en Lugo aquel mes de marzo en el que se desata oficialmente la pandemia. Al acto acudiría su hijo Francisco, muy conocido en la ciudad tras largos años de docencia. 

Manuel es hijo de Francisco Silvosa González, propietario de la línea de transporte de Castro a Lugo y alcalde de aquel ayuntamiento.

El 14 de marzo de 1934 se afilia a Falange Española, lo que certifica su condición de camisa vieja. Un año después escucha a José Antonio en Vilagarcía de Arousa, precisamente cuando el líder de Falange centra su discurso en alertar sobre el auge del comunismo, “lo que llevará a España a un caos cien veces peor que el provocado el pasado octubre por los revolucionarios socialistas”.

El mensaje joseantoniano hace mella en Silvosa. El 18 de julio de 1936 huye de su casa paterna en el convencimiento de que vendrán a por él, tanto por su militancia falangista, como por su pertenencia al Sindicato Agrario Católico. Y así es.

En Lugo se incorpora a las fuerzas de la Guardia Civil que manda el capitán José López de Haro Rey, y junto con otros veinte civiles se dirigen hacia San Clodio y Quiroga.
Luego va a estar presente en numerosos puntos del frente en Lugo, Asturias y León, hasta que es herido de gravedad en Peña Ubiña el 24 de mayo de 1937, cuando su asistente, el soldado José Castro, arriesga su vida para salvarlo.

La acción le acarrea una cojera permanente de la que se recupera en Castro y en el hospital de Lugo, donde conoce a la maestra nacional Elvira Costa González, hija de Francisco Costa López, depositario del Ayuntamiento de Chantada, con la que inicia un noviazgo que termina en boda cuando regrese de Rusia, porque en efecto se alista en el primer contingente de la DA, el 1 de abril de 1941. Hoy se cumplen los 80 años de su proclamación.

Lo que ocurre en Rusia es el contenido esencial del citado libro. Al final de su estancia, Silvosa se ha hecho merecedor de la Cruz de Mérito con Espadas de 2ª clase, y las medallas de Invierno y de los Voluntarios Españoles, por parte alemana, y de las cruces Roja al Mérito Militar y de Guerra, por la española.

Los años siguientes mantendrá vivo el recuerdo de la DA a través de la Hermandad, de la que es dirigente junto con Francisco de las Heras Pelayo, José Sánchez Rodríguez,  José Luis Blanco Estella, Venancio Paz González y Guillermo Cobas García, entre otros.

En Lugo tiene ocasión de saludar al capitán Teodoro Palacios, el relator de la DA en su novela Embajador en el infierno, que regresa a España en el Semíramis con el resto de los presos.

Hombre recto y con fama de duro, cuenta en su biografía con anécdotas que lo dulcifican, como cuando son detenidos cuatro gamberretes y son llevados a su presencia. Dispuesto a soltarles la filípica, aparece un personaje de peso en el Ayuntamiento y libera a tres de ellos, “porque los conozco”. Silvosa, con cierto cabreo, se planta ante el cuarto y le dice: “Si a ti no te conoce nadie, ahora te conozco yo. Puedes irte”.

Manuel Silvosa Picos
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