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Manuel I. Canoura Arnau

Inocencio Canoura, santo en la revolución de Asturias

El religioso de Foz era sacerdote pasionista y acude a Turón cuando estalla el levantamiento

El Progreso 04/10/2020

ESTA SEMANA SE cumplen los 86 años de su asesinato durante la breve pero devastadora Revolución de Asturias, cuando Manuel I. Canoura Arnau (Foz, 1887) ya es santo católico con el nombre de San Inocencio de la Inmaculada Concepción y dispone de una biografía publicada por Miguel González Rodríguez. También las páginas de los Pasionistas y de la Unidade Pastoral de Foz (arciprestazgo de Mondoñedo) recogen amplia información suya.

Había nacido el 10 de marzo en Santa Cilla do Valadouro, hijo de los agricultores Ramón Canoura y Eudosia Arnau, y hermano de Josefa, María Benita y José. 

Buen cristiano desde su infancia, ingresa a los 15 años en la congregación Pasionista de Deusto-Bilbao y es ordenado sacerdote en Oviedo el año 1913, para enseñar   filosofía, teología y letras a los estudiantes pasionistas en Corella y Daimiel. 

La segunda república trae consigo la supresión de las órdenes religiosas y el ataque a iglesias y conventos. La victoria de la derecha republicana empeora el panorama, porque la izquierda no la admite y entre el 5 y el 20 de octubre de 1934, esa rabia se canaliza en la mal llamada revolución de Asturias, una quincena que deja 1.300 muertos y el doble de heridos, con especial incidencia entre los colectivos religiosos.

En septiembre de ese año, el padre Inocencio regresa a la comunidad de Mieres, que cuenta con 12 religiosos y 17 estudiantes. La situación está fuera de control y desde la calle les llegan las amenazas.

El día anterior a que estalle la revuelta, Inocencio Canoura se desplaza a Turón para confesar en el colegio de los hermanos de las Escuelas Cristianas de La Salle como preparación del primer viernes de mes. Se hace tarde y decide pernoctar allí. 

Cuando celebra la misa ya el 5, irrumpe un grupo de rebeldes y arrestan al padre Inocencio y a los otros 8 religiosos de la comunidad para apresarlos en el Centro Socialista, donde ya hay otros 14 detenidos.

Todos son conscientes de la suerte que les aguarda y se preparan a morir desde la convicción de sus creencias confesándose entre ellos.

El primer día no comen nada hasta que una mujer logra llevarles un poco de alimento. Dice que les ve dispuestos al martirio. Además de rezar, el de Foz escribe a su familia, pero le arrebatarán sus cartas.

En torno a la una de la madrugada del día 9 son llevados al cementerio donde se ha preparado una fosa común. Son colocados en fila delante de la fosa y se procede a fusilarlos. Posteriormente reciben un tiro de gracia con pistolas.

Los cadáveres de quienes son conocidos como los mártires de Turón son exhumados en febrero de 1935, cuando la Congregación de La Salle consigue el permiso para enviar a sus ocho miembros a la casa matriz de Bujedo (Burgos). En el trámite también se incluye la licencia para trasladar al padre Inocencio a La Belonga, el cementerio de Mieres.  

Allí existe una placa que recuerda su muerte, pero no se sabe dónde se encuentran realmente sus restos.  

Días más tarde también son fusilados el director de Hulleras de Turón, Rafael del Riego; Cándido del Agua, jefe de los guardias jurados de la empresa; y César Gómez, corresponsal para la zona del diario Región, del que fui corresponsal en Madrid entre 1972 y 1979.

Canoura será proclamado beato por el papa Juan Pablo II el 29 de abril de 1990, y canonizado por el mismo Pontífice el 21 de noviembre de 1999.

Entre los santos lucenses, además de él, se encuentran san Cápito, san Froilán y san José María Díaz Sanjurjo.

Manuel I. Canoura Arnau
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